‘Ida’: Hacer justicia

En la fecha del estreno de esta fascinante coproducción polaco-italo-danesa, hace ya casi mes y medio, quien esto suscribe no la reseñó por circunstancias ajenas a su voluntad,  que no vienen al caso. Ahora, cuando mañana, en nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’, será una de las tres películas a debatir, cree llegado el momento de registrar su impresión crítica de esta, hay que insistir, más que notable obra.

Premio de la Crítica en Toronto, varios en Gijón, Mejor Película en los Certámenes de Varsovia y Londres, es la cuarta en la filmografía de su realizador y guionista, Pawel Pawlikowski, Polonia, cosecha del 57. Con 80 minutos de metraje, la historia sigue a una joven novicia a punto de tomar los hábitos y que recibe noticias del exterior que la hacen ponerse en camino para descubrir secretos inesperados de sus raíces, de sus orígenes y de la destrucción de su familia en los tiempos oscuros de la ocupación nazi en su país.

Una chica que no conoce nada del mundo exterior, que no sabe más que del microcosmos del claustro,  de sus oraciones, de sus hábitos piadosos, de sus reglas, de sus compañeras, de sus superioras y de sus silencios. Una chica que no sabe que es hermosa, que ignora las dulzuras del placer y del deseo. Una chica absolutamente ingenua e inocente, preservada también de las tinieblas del hecho de vivir, e inmersa en sus certezas religiosas y existenciales.

Y es a esta chica, una maravillosa Agata Trzebuchowska, a quien le es dado conocer el lado más sombrío de la Historia en  el descubrimiento de su verdadera historia, a través de la única pariente viva que le queda, y que la requiere, otra espléndida Agata Kulesza. Dos mujeres, una devastada por la pena, la vergüenza y la culpa, aún siendo otra víctima más. Y otra, tan virgen en todos los sentidos, como fuerte y decidida a saber y a experimentar cueste lo que cueste.

El realizador las pone cara a cara con la horrible verdad, con la vida, con el pasado y con una comunidad cómplice de hechos terribles. Pero también con la sensualidad y con el amor, con una decisión a tomar y con un camino a seguir. Y lo hace con una puesta en escena admirable. Elegante, serena, clásica, con planos amplios y elevados, en los que ninguno sobra, por encima de los personajes. Con una profundidad de campo, tan densa y estilizada a la vez. Con silencios que todo lo dicen y diálogos que los secundan. Con un aroma expresionista, casi documental, pero con una intensidad dramática notable.

Tiene una prodigiosa fotografía en blanco y negro de Lukasz Zal y Ryszard Lenczewski, un guión redondo y una intensidad tan poderosa que corta el aliento, siendo, al tiempo, tan lejana a cualquier efectismo. Emocionante y devastadora reflexión sobre la fe, los horrores de la guerra y las opciones tanto individuales como colectivas, con todas sus consecuencias, entre otras tantas sugerencias como la habitan, es una joya singular de visión absolutamente obligada para l@s amantes del mejor cine.

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2 Respuestas a “‘Ida’: Hacer justicia

  1. Luis Casal Pereyra

    Excelente en mi opinión.Me recordó todo el tiempo esas películas que veíamos con 17 ó 18 años en el “cine club vida” ,algunas de las cuales no te enterabas de nada;me supo a vino viejo,un gran reserva.
    Abrazos Carmen

  2. Pues sí, Luis. Y ya la debatiremos mañana. Os espero y otro abrazo para ti.

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