‘Marte’: El sexto pasajero

Vaya por delante que quien esto suscribe no está a favor de la carrera espacial, ni de la colonización de planetas, ni de la NASA. Que quien esto suscribe, no es especialmente fan, sino todo lo contrario, de toda esta parafernalia militar e imperialista. Esta cinta está claro que sí lo es. Incluso ha sido realizada a mayor honra y gloria de este organismo – que ha supervisado tanto la tecnología  como la veracidad de los paisajes marcianos – y de las gestas siderales de su país. Aunque pertenezca al género – como no podía ser de otra manera – de la ciencia ficción y esté basada en una novela de Andy Weir, ‘The Martian’. Título original de la película, por cierto.

142 minutos de metraje. Su guión es de Drew Goddard, adaptando la obra ya citada. Su impecable y magnífica fotografía se debe a Dariusz Wolski, Su estupenda banda sonora a Harry Gregson-Williams. La dirige, como es ya sabido, Ridley Scott, cosecha del 37, y responsable, entre otras muchas, de las míticas ‘Blade Runner’ y ‘Alien’.

En ella se nos describe la odisea del sexto pasajero de una nave tripulada de misión en Marte. Cuando les sorprende una tormenta, él se golpea, intentan rescatarle, pero pierden su pista, le dan por muerto y vuelven sin él. Sin embargo, Mark Watney, que así se llama, está vivo y, al recuperar la conciencia, deberá asumir su aislamiento en el planeta rojo – y en sus unidades de tiempo llamadas soles – y utilizar todos sus escasos recursos para sobrevivir y conectar con la tierra. Para darles fe de vida y posibilitar su rescate. Su tenacidad a toda prueba, y su formación como botánico, le ayudarán en este proceso.

Estamos ante una cinta muy eficaz, entretenida, inteligente y brillante. Comercial pero extraordinariamente digna. Con una apabullante factura y un ritmo que no decae pese a su extenso metraje y a la gran parte de su acción en la que su personaje central – un magnífico Matt Damon – está solo. Lo resuelve muy bien y, de paso, hace un elogio al conocimiento científico, a la actitud afirmativa ante la adversidad y al sentido del humor.

Es muy divertida, ironiza sobre la música disco, que suena en el hábitat del solitario héroe, incluso a su pesar pues la banda sonora es de un compañero, e incluso sobre determinados residuos biológicos de sus colegas que le sirven como abono en su monocultivo marciano. Tiene la lucidez de no enfatizar el futuro más que a nivel tecnológico y astronaútico y de saber dosificar la emoción, potenciándola en momentos muy especiales. Pero…

Uno. ¿Donde las mujeres? Salvo la excelente Jessica Chastain, comandante de la nave, o las no menos estupendas Kate Mara, Mckenzie Davis o Kristen Wiig, estas últimas en papeles más subordinados, el resto de representantes de los poderes económicos, políticos, científicos y militares, del staff en jaque por el rescate del protagonista, es abrumadoramente masculino y encarnado con talento por intérpretes tan dotados como Chiwetel Ejiofor, Jeff Daniels o Sean Bean, entre un largo etcétera. El futuro, pues, según Ridley Scott, permanece inalterable en cuanto a la jerarquía entre los sexos y a su estatus. Lástima, porque ha tenido una ocasión de oro para cuestionarlo.

Dos. Quien esto suscribe no puede estar más de acuerdo con la afirmación crítica de Pablo Kurt en esa página imprescindible que es Filmaffinity, cuando escribe que “la película fracasa en mostrar de forma verosímil la angustia de la soledad extrema, el espanto ante la certeza de la muerte, en el abandono más absoluto”. Pues sí.

Con todo, por todo, pese a todo, véanla.

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