‘El verano de May’: Antes de la boda

La cineasta Cherien Dabis  es una mezcla entre palestina y estadounidense, de la cosecha del 76, nacida en Nebraska y criada entre Ohio y Jordania. Su familia estuvo un tiempo bajo sospecha y esa mezcla de culturas ha hecho que se sienta como “árabe en América”. Tales identidades confrontadas las refleja como productora, guionista, realizadora y protagonista en ‘El verano de May’.

Producción norteamericana de  2013. 99 minutos de metraje. Su fotografía la firma Brian Rigney Hubbard y su música, Fred Avril. Narra la historia de May,  una cultivada escritora neoyorquina, con un libro de éxito sobre proverbios orientales – en los que está dividido el filme, a modo de capítulos – y preparando otro, que llega a pasar los días previos a su boda a su Jordania natal, con su madre y hermanas. Aunque también verá a su progenitor, un norteamericano que las abandonó, casado de nuevo con una hindú mucho más joven.

Así descrito el relato, como una vuelta más bien conflictiva a las raíces y ancestros, podría inscribirse en el género de reencuentros familiares tan caro al cine independiente, al que pertenece por derecho propio. No es menos cierto, por otra parte, que incurre en ciertos esquemas trillados. Pero también lo es que está habitada por una combinación explosiva de religiones, nacionalidades, usos y costumbres orientales y occidentales, que la hacen diferente y más que peculiar.

A saber. La madre es nada menos que una ferviente evangelista. El novio, también residente en USA – y al que, estando muy presente, no veremos hasta el final –   es un musulmán ateo y laico. El padre, agnóstico convencido como sus tres hijas. Ninguna de las mujeres va velada, ni con vestimenta autóctona alguna y May hace footing diariamente por las calles llenas de hombres como si estuviera en el mismísimo Central Park. Solo que hay llamativas diferencias en el efecto que causa en ellos…

Y luego están los clásicos secretos por descubrir, que nos aportan alguna que otra sorpresa. Los vaivenes emocionales y sentimentales, referidos tanto al modus vivendi y a las dudas previas a la boda como a los compromisos de un prometido casi tan ausente como el primer hombre de su vida. El estrechar lazos, el sincerarse sin estridencias y aceptar las diferencias sin exclusiones.

Todo este material es manejado con habilidad, humor y lucidez por la directora. Se le podrían reprochar algunos clichés, pero los sortea con inteligencia. También el que pase muy de puntillas, aunque haga alguna referencia, sobre la terrible situación política de la zona y ninguna sobre la de las mujeres, centrándose exclusivamente en las del clan familiar.

El reparto cumple las expectativas, con una mención especial para la estupenda Hiam Abass y la sorpresa de Bill Pullman. Sin ser redonda, una mirada diferente de mujer que merece la pena verse en esta adocenada cartelera veraniega.

 

 

 

 

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