‘Un monstruo viene a verme’: Juego de lágrimas

Quien esto firma, debe ser de las pocas personas que no lloró durante la proyección de ‘Un monstruo viene a verme’ el pasado fin de semana, a primera hora, en su versión original inglesa. Es más, incluso la dejó más bien fría. Y eso que su estado de ánimo se prestaba muy mucho al efluvio emocional y, de hecho, no le hubiera importado un desahogo catártico de este tipo. Pero no.

Y no es que la película carezca de intensidad, sino todo lo contrario. Conmover hasta las lágrimas es uno de sus objetivos declarados y legítimos. Pero ocurre que, desde la percepción de quien esto firma, este empeño en hacerlo resulta tan calculado que le provoca justamente el efecto contrario.

Luego está el asunto de su vertiente fantástica. Una vertiente que no acaba de encajar bien con la realista, por llamarla de alguna manera. Irreprochable toda su pirotecnia de efectos especiales, chapeau al equipo, pero sus pretensiones exceden a sus logros y sus presuntos mensajes metafóricos, pseudofilosóficos y hasta de autoayuda New Age se revelan demasiado obvios y, a la postre, banales. Como el significado de la propia pesadilla del joven protagonista. Otro tema no menos importante es la más que improbable resolución del asunto del bullyng.

Quizás si hubiera optado por un drama más intimista, entre el gótico y el fantástico vale, pero sin retorcerlo de esa manera tan explícita… o lo que es lo mismo, más contenido y sutil, habría – desde el punto de vista personal e intransferible de quien esto firma – resultado más redonda, más honesta y, al cabo, más profundamente emotiva.

Valores no le faltan, en sus 108 minutos de metraje, aparte de su impecable y deslumbrante factura. Su apuesta por la ficción como lenitivo de la desdicha, la enfermedad y la muerte. Su creatividad e imaginación, frente a los convencionalismos. Su bellísima fotografía, debida a Oscar Faura y una banda sonora ad hoc de Fernando Velázquez. El guión de Patrick Ness sobre su propia novela y un impecable y atractivo reparto en el que, pese a Sigourney Weaver, Liam Neeson y Felicity Jones, destaca el asombroso Lewis McDougall.

Tercera de una trilogía sobre las relaciones materno-filiales, madre e hijo(s) varones y la muerte, iniciada con ‘El orfanato’ y continuada con ‘Lo imposible’. A gente muy sabia de la crítica especializada les ha gustado mucho y, en cualquier caso, hay que verla.

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2 Respuestas a “‘Un monstruo viene a verme’: Juego de lágrimas

  1. Fantástica crítica. Esa búsqueda artificial de la lágrima fácil y la poca profundidad en el desarrollo de personajes, hace que se quede en una peli correcta sin más.

    Yo tampoco lloré en la sala. Ni un atisbo de pellizco en el estómago.

  2. Mil gracias. Pues eso. Nada más que añadir a tu lúcido comentario. Aquí tienes un espacio para comentar, coincidir o discrepar. Saludos.

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