‘Yo, Daniel Blake’: Humillad@s y ofendid@s

Al británico Ken Loach, cosecha del 36, no es necesario presentarlo. Por sus obras, por esa filmografía comprometida y honesta, a despecho de modas y corrientes, es tan conocido como respetado. Su posicionamiento con la ciudadanía más débil y machacada por un sistema impío es una de las señas de identidad que le configuran como autor.

‘Yo, Daniel Blake’ está en esa misma línea pero, si cabe, más amarga y desesperanzada aún, pues no hay lírica, ni épica, posible contra un status quo que atropella, sirviéndose de una burocracia deshumanizada y al servicio del poder, los legítimos derechos de l@s desheredad@s de la fortuna. Sirviéndose de unas ordenanzas y unas leyes, de una burocracia injusta e implacable que les maltratan sin piedad. Que desestiman sus justas apelaciones y reclamaciones, ignorando las circunstancias particulares y el factor humano.

La historia sigue al carpintero viudo que da nombre al título, de baja por un serio problema cardíaco, al que la administración conservadora le niega el subsidio, pese a los informes médicos, y le obliga a buscar un trabajo que no hay para justificar el cobro del paro. Deberá hacerlo on line, pese a no tener ordenador y a su desconocimiento informático y registrar cada uno de sus pasos, deberá… En estas, conoce y se solidariza con una joven madre soltera, con una niña y un niño, que atraviesa el mismo viacrucis. Juntos, afrontarán un camino durísimo y erizado de dificultades.

El realizador describe la lucha de estas dos bellas personas humilladas y ofendidas, en un terreno tan personal como político. Describe sus carencias de lo más elemental; su mutua y emocionante solidaridad; sus itinerarios por una ciudad en la que se les ha negado el sitio; sus aspiraciones a un futuro digno y mejor. Y lo hace con una sencillez tan demoledora como compleja y con una dureza conmovedora hasta las lágrimas. Con un aldabonazo en la sensibilidad y en la conciencia.

100 minutos de metraje. El guión lo firma su habitual y excelente Paul Laverty. La fotografía y la música, que sirven tan bien al dramatismo del relato, se deben respectivamente a Robbie Ryan y a George Fenton. Dave Johns y Hayley Squires, junto a los menores y al resto del reparto bordan sus papeles. Palma de Oro en Cannes y Premio del Público en San Sebastián. La comentaremos el miércoles que viene, 2 de noviembre, en nuestra tertulia de cine.

Hermosa, emotiva y desesperada crónica del capitalismo más salvaje, que culpa a las víctimas, nuestr@s semejantes, nuestr@s herman@s, de la miseria a la que les condena. Bajo ningún concepto pueden perdérsela.

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