‘La doncella’: Falsas identidades

‘Falsa identidad’ es el título de la novela de la británica Sarah Waters, cosecha del 66,  que el surcoreano Park Chan-wook, cosecha del 63, ha adaptado en esta su última propuesta fílmica.  Y la ha filmado trasladando la acción desde la época victoriana del libro, a los años 30 de la Corea bajo la ocupación japonesa.

Y la ha filmado dividiendo la película en tres partes en los que se desarrollan las versiones de los mismos hechos del trío protagonista. Dos mujeres y un hombre. Lo que nos permite ver la otra cara de cada un@ de ell@s y confrontar sus percepciones.

Lo que nos permite ver el juego de engaños y equívocos con los que se interrelacionan entre sí. Una falsa doncella, un falso conde y una aristócrata muy rica, que carece de poder, subordinada a un tío despótico y despreciable, también él un personaje importante en la trama.

Retrata a dos jóvenes sometidas al poder absoluto de sendos varones quienes, a su vez, se enfrentan entre sí por la posesión de una de ellas. Retrata las abismales desigualdades  de clase, de sexo y también la que condena las opciones afectivas diferentes. Retrata perturbadora, y explícitamente, el erotismo en muchas de sus variantes, pero sabe diferenciar muy bien la sexualidad igualitaria de la opresora.

Retrata el macrocosmos de un país bajo un cruel colonialismo, a través de dos microcosmos radicalmente opuestos en la escala social. Retrata paisajes e interiores de una belleza y refinamiento singulares. Tiene una puesta en escena hermosa, elegante y arrebatadora, en la que la podredumbre moral y lo poético se dan la mano.

145 minutos de metraje. El guión lo escriben el director y Jun Seo-kyung, sobre el libro citado. La maravillosa e hipnótica fotografía es de Chung Chung-hoon y la excelente partitura de Cho Young-wuk. El reparto lo borda, impecable. Premio del Público en Sitges y varias nominaciones de asociaciones de críticos como Mejor Película de habla no inglesa. Es una de las elegidas para debatir en nuestra próxima tertulia del miércoles, 11 de enero.

Un prodigio visual y narrativo. Un regalo de buen cine que nadie, en su sano juicio, debería perderse.

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