‘Belleza oculta’: Tiempo, amor y muerte

El subtitulado de esta crítica alude a los tres conceptos abstractos, que nos conectan universalmente, según el mensaje del protagonista de ‘Belleza Oculta’ , un ejecutivo publicitario de éxito, al personal de su empresa.

Tres años y una tragedia personal después, de ese hombre lleno de vitalidad, entusiasmo y energía no queda nada. Dos compañeros y una compañera de trabajo – uno, además, su socio – idean un arriesgado plan para demostrar su incapacidad y, de paso, salvar la agencia, que se va a pique, junto con sus empleos. Pero lo inesperado se hará presente.

Producción estadounidense de 94 minutos de metraje. La dirige David Frankel, cosecha del 59, que tiene en su filmografía ‘El diablo viste de Prada’. La escribe Allan Loeb y firma su partitura el conocido Theodore Shapiro. Su fotografía está a cargo de Maryse Alberti.

Dentro de la pretenciosa y manipuladora trama de este relato, el realizador y su guionista podrían haber elegido la honestidad al afrontar un delito de deslealtad amistosa y profesional por parte de los tres colegas citados, con el humor y la causticidad de los que hizo gala en la citada ‘El diablo… . Porque, por mucho que lo enmascaren, de eso se trata.

O profundizar en los daños devastadores, a nivel vital, laboral y emocional, del duelo por una pérdida tan sensible. O incluso arriesgar descaradamente por la vertiente fantástica, como una suerte de metáfora del lado oscuro de estas fiestas llamadas entrañables…

Pero no. Muy al contrario, ha perpetrado un indigesto mejunje con todos esos elementos tratados de la peor, más artera y más ramplona manera posible. De la forma más intoxicadora, chantajista, lacrimógena y calculadora posible, con la vista puesta en la taquilla no demasiado exigente en estas fechas…

Y ha implicado en esta deshonesta operación a un reparto de lujo que hace lo que puede, que es más bien poco…, con los, por llamarlos de alguna manera, personajes que le han caído en suerte. Así Edward Norton, Michael Peña, Keira Knightley, Kate Winslet y un sobreactuado Will Smith. Tan solo la elegancia e ironía de Helen Mirren se salvan de la quema generalizada.

Escrito queda. No apta para diabétic@s. En fin…

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