‘María y los demás’: El trabajo invisible

A quien esto firma le ha sorprendido la calificación de esta película como comedia, si bien que añadiéndole el calificativo de dramática. Porque, desde una mirada violeta como la suya, los pocos momentos festivos o más ligeros son siempre, o casi siempre, a costa de la protagonista. Nunca con ella. Nunca se da el humor en pie de igualdad.

Un personaje, la María del título, que sufre de una falta de reconocimiento absoluta y lacerante en todos los ámbitos de su vida. De una incomprensión radical de un entorno masculino ferozmente egoísta – padre enfermo de cáncer y dos hermanos, uno viviendo en Inglaterra aunque de visita – que dan por sentado que es a ella, la única hija y sin pareja, a quien le toca hipotecar su vida velando por la salud del padre y viviendo con él.

Pero también del “amigo” separado y con dos hijas, que únicamente la quiere para copular. Pero también de su propio jefe, que no la valora como debiera. Una ausencia de afecto llamativa y dolorosa, en la que lo más amable que recibe son migajas de atención, o ironía condescendiente, por parte incluso de sus cuñadas y hasta de sus propias amigas.

En la que sus sentimientos no son ni tomados en serio, ni tenidos en cuenta. Especialmente, de nuevo, en el caso de los hombres de la familia para los que ella está a su servicio y que la subestiman descaradamente, además.Y esto se hace extensivo a la nueva novia del progenitor.

Pero, claro, estas bombas de relojería  las lanza Nely Reguera, cosecha del 78, con una sutileza y una contención dignas de encomio. Con unas sabiduría y complejidad impropias en una debutante. Con una lucidez, tan delicada como dolorosa, reflejando la crisis de una joven volcada en los demás, que ni siquiera la aprecian… y olvidada de sí misma.

90 minutos de metraje. El guión lo escriben la propia directora, Valentina Viso, Eduard Solá, Roger Sogues y Diego Ameixeiras. La fotografía, de Aitor Echeverría, y la música, de Nico Casal, sirven muy bien al relato. Como lo hace también un impecable reparto, en el que destaca una prodigiosa Bárbara Lennie nuevamente nominada al Goya a la Mejor Actriz, después de hacerse con él por ‘Magical Girl’, de Carlos Vermut.

Y hablando de Goyas, este relevante retrato, tan preciso, tan lamentablemente cotidiano y tan universal, está también nominado al Mejor Director Novel. Pero en este año, intensamente masculino, es dudoso que lo consiga. E injusto. Prémienla ustedes como merece yendo a verla. No lo lamentarán.

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