‘Negación’: La carga de la prueba

Coinciden estos días en nuestra cartelera dos películas, dos miradas diferentes, una masculina y otra femenina, sobre los nocivos daños colaterales del horror nazi. Ambas basadas en hechos y en protagonistas reales y, a su vez, muy distintas entre sí.

En la primera, la que nos ocupa, se narra la demanda por difamación de un famoso historiador británico, David Irving, que negaba el Holocausto, contra una colega judía, igualmente conocida y muy prestigiosa, Deborah Lipstadt, por acusarle de ello.

En la segunda, de la que nos ocuparemos en una entrada posterior, se narra el largo exilio, con trágicas consecuencias, de un escritor, intelectual y activista tan ilustre como Stefan Zweig.

‘Negación’ describe un juicio diferente en el que, a la usanza inglesa, la carga de la prueba recaía sobre los demandados, la escritora citada y Penguin, su editorial, y no  sobre el demandante, al no haber presunción de inocencia.

‘Negación’ describe los antecedentes de un equipo defensor tan modélico como heterodoxo. Un equipo con dirección bicéfala, en el que Anthony Julius – que también representó a la princesa Diana – preparaba la estrategia legal, mientras otro la defendía en el estrado.

‘Negación’ da cuenta de como estos profesionales se negaron a enfrentarse a un jurado, por las complejidades de los temas a dirimir, y optaron por un juez. ‘Negación’ muestra como rechazaron con firmeza, pese a la oposición de su clienta y a las presiones de la comunidad semita,  que declarara ningún superviviente.

‘Negación’ muestra la impactante visita, para recabar pruebas del exterminio al paradigmático campo de Auschwitz, las mismas pruebas que los genocidas destruyeron, o lo intentaron, tras su derrota y huída. ‘Negación’ revela el antes, el durante y el después de un proceso apasionante, que tuvo lugar en el año 2000, y de una acusada digna, íntegra y consecuente.

Reino Unido, 2016. 110 minutos de metraje. La dirige Mick Jackson y la escribe David Hare, sobre el libro de la protagonista real. Muy bien fotografiada por Haris Zambarloukos y con una partitura intensa, pero nada efectista, del clásico Howard Shore. Entre su impecable reparto, destaca Rachel Weisz. Pero, sobre todo, el poderoso duelo interpretativo entre dos grandes talentos, los de Timothy Spall y Tom Wilkinson.

Su puesta en escena es tan correcta como convencional, pero la solidez de su guión y lo novedoso de su enfoque, ya descrito, además de la calidad de sus intérpretes, la convierten en una película merecedora de ser vista. Háganlo.

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