‘Asesinato en el Orient Express’: Extrañ@s en un tren

Segundo remake en nuestras carteleras, tras el filmado en ‘Perfectos desconocidos’ por Álex de la Iglesia. En este caso, Kenneth Branagh, cosecha del 60, versiona al literario homónimo de Agatha Christie y al cinematográfico, tan reconocido y galardonado, de Sidney Lumet (1924-2011), fechado en 1974. Además, se reserva el papel principal interpretando a Hércules Poirot, como lo hicieron antes que él ilustres predecesores como Peter Ustinov y Albert Finney.

La historia, una de las más conocidas y celebradas de la autora y dramaturga británica, comienza en Mesopotamia donde el personaje central resuelve brillantemente un caso muy peliagudo. Al volver a casa desde allí, en el fastuoso Orient Express, su descanso se ve alterado por un crimen que se ve impelido a investigar. Un misterioso asesinato cuyo autor-a, al ocurrir durante el trayecto, debe ser necesariamente alguien del pasaje. Todo un reto para su privilegiada materia gris…

El realizador, tan bien dotado de talento visual, sabe imprimir a esta propuesta  un comienzo enérgico y espectacular en el mejor sentido del término. Con una puesta en escena vibrante y llena de glamour,  tanto en los deslumbrantes paisajes como en el mítico vehículo y en sus sofisticad@s viajer@s.  No se limita a una narrativa al uso, dentro de la estética de las grandes superproducciones comerciales, sino que la dota de sus mejores señas de identidad estilísticas. Y eso es muy de agradecer.

Quien esto firma, que la ha disfrutado críticamente, quizás ha echado en falta una mayor profundización en los personajes, un reparto tan coral como atractivo, que aparecen demasiado subordinad@s al protagonismo omnisciente del detective. Eso hace que el ritmo decaiga en su parte central aunque su conclusión la redime y la deja abierta para una próxima aventura.

Producción estadounidense de 116 minutos de metraje. El guión adaptado lo firma Michael Green. Su excepcional fotografía, Haris Zambarloukos y su enérgica banda sonora, Patrick Doyle. L@s intérpretes no defraudan aunque sea en claves estelares y algo manieristas. Ni tampoco el propio Brannagh, que dota a su Poirot de apostura, refinamiento y un sentido de la justicia al borde de la complicidad.

Elegante, digna, fiel al espíritu de la novelista y sus pretensiones de llegar al gran público no insultan la inteligencia. Disfruten viéndola.

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