Archivo diario: abril 18, 2018

‘Custodia compartida’: Justicia patriarcal

Cuatro mujeres y un hombre – la magistrada, dos abogadas y una ex pareja – en el despacho de la primera, mientras se sobreimpresionan los títulos de crédito. Se trata de una reunión preliminar para decidir sobre la reclamación, interpuesta por el ex cónyuge, para conseguir la custodia compartida de su hijo menor de 11 años.

Ni éste – se leen sus lacerantes testimonios, ni su hermana, a punto de cumplir los 18  – quieren saber nada de un padre violento y maltratador. Pero nada valen sus pronunciamientos cuando la letrada del hombre siembra dudas , en un ambiente de tensión contenida, y el agresor, presentándose como padre amantísimo y marginado, logra su objetivo.

Así es el punto de partida de esta producción francesa, fechada en 2017, que filma y escribe, en su debut cinematográfico, Xavier Legrand, cosecha del 79, con una excelente fotografía de Nathalie Durand y un reparto en estado de gracia en el que destacamos a Léa Drucker, Denis Menochet y a un prodigioso Thomas Gioria.

Una película que Sevilla Cinéfila tuvo ocasión de ver el pasado lunes, 16,  en un preestreno simultáneo en cinco ciudades españolas y con el realizador desde Madrid, vía streaming. En los cines Nervión, lamentablemente doblada.

Una película que plantea – honesta y brutalmente, sin subrayados, ni dramatismos innecesarios – el calvario de una mujer y sus hijos cuando, por imperativo legal, vuelve a sus vidas – en el momento en el que comenzaban  tímidamente a recuperarlas – el villano que las devastó.

Y lo hace, tan perversa como abusivamente, utilizando a un niño, generoso y lleno de coraje al que, valiéndose del chantaje y la violencia, aliados al miedo que le inspira, poder sonsacarle los datos necesarios para irrumpir en una intimidad en la que no es bienvenido, para acosar a su ex mujer, para perturbar la celebración de la mayoría de edad de su hija, para…

La mirada del chico, su miedo, su fuerza, su impotencia, su determinación y su vulnerabilidad, tan conmovedoras, sumido en una relación de poder tan absolutamente desproporcionada, es el hilo conductor a través del que se nos narra esta historia. Pero no el único. También con, y a través de, él su madre, sobre todo, su hermana, sus abuelos y su tía, son daños colaterales de una furia desmedida.

Una historia filmada inteligentemente en clave de thriller de terror – ya que de terror se trata – con fundidos en negro, sin música y con una violencia, que refleja algunas de las dinámicas posibles del ciclo del maltrato. In crescendo, hasta el demoledor pathos final.

Inquietante, desasosegante, pertinente, valiosa, necesaria, cruel, feroz, de una tensión insoportable y tan aterradora como el horror que describe, su posicionamiento – y su compromiso – son incuestionables a favor de las víctimas. Mejor Director y Mejor Ópera Prima en Venecia, Premio del Público al Mejor Film Europeo en San Sebastián o Premio Otra Mirada de TVE, son algunos de los muy merecidos reconocimientos que la preceden. Bajo ningún concepto deberían perdérsela.

 

‘La casa torcida’: Ínfulas

Quien esto firma tenía, de entrada, una predisposición receptiva ante esta película pues su admirada Agatha Christie no ha sido nada mal adaptada al cine. Al menos, sin pretensiones de exhaustividad, en lo que se refiere a títulos como ‘Diez negritos’, de René Clair (1945), ‘Testigo de cargo’, de Billy Wilder (1957), la serie de George Pollock sobre Miss Marple en los años 60 o las dos versiones del ‘Asesinato en el Orient Express’, de Sidney Lumet (1974) y de Kenneth Branagh (2017), entre un largo etcétera.

Dados estos precedentes, aún siendo las comparaciones odiosas, pensaba que  iba a encontrarse, como mínimo, con una propuesta resultona, comercial pero digna y entretenida, elegante y eficiente dados su equipo técnico y artístico. Pero no.

No porque esta producción británica fechada en 2017, de 115 minutos de metraje, dirigida por el francés Gilles Paquet-Brenner, cosecha del 74, escrita por Julian Fellowes, fotografiada por Sebastian Wintero y con una banda sonora que firma Hugo de Chaire, pese a tener una factura impecable, algo obvio, patina lamentablemente tanto en la puesta en escena – ampulosa, hueca y vacía de contenido – como en el tratamiento de la historia.

Una historia atractiva – ambientada en los años 50 de la Guerra Fría, del espionaje y del anticomunismo – centrada en una familia tan torcida y perversa como la fastuosa mansión que habitan en la que el patriarca, de origen griego, es asesinado y su nieta favorita pide ayuda a un joven detective. con el que mantuvo un romance meses atrás, para aclarar los hechos. Porque lo inquietante es que el-la culpable es un@ de ell@s y que habrá más víctimas…

Contando con el hándicap de que ni Poirot, ni Miss Marple, protagonizan el relato, sino un investigador anónimo, el realizador podía haber jugado a fondo la baza del país, el escenario político y la crítica a una clase social, además del retrato de personajes, enriqueciendo la historia sin traicionar su trama. Hace un débil intento, fracasando estrepitosamente.

Llena de pretensiones, ínfulas, diálogos – vista en vose – y subrayados, supuestamente irónicos e inteligentes, resulta, por el contrario, un fiasco en su retrato, involuntariamente caricaturesco de un ambiente y de un paisanaje.

Incluso el reparto, mal dirigido y sobreactuado, acusa este despropósito. Max Irons está imposible y de momento no parece que haya heredado el talento de sus progenitores, Jeremy Irons y Sinead Cusack, a la que tanto se parece, ni mucho menos el del abuelo Cyril. Se salvan la prestancia de Terence Stamp. la fuerza de Glenn Close, la corrección de Julian Sands y, sobre todo, la carismática Honor Kneafsey.

En fin… Ustedes mism@s.