Archivo diario: abril 8, 2018

No solo cine. Sevilla Antitaurina: Ni morir, ni matar…

A propósito de alguien que glosaba el “valor” y el “mérito” inherentes a quienes perpetran la tortura y el asesinato en serie de herbívoros inocentes, un-a animalista comentó : “Pero es que el toro no quiere ni morir, ni matar” . Porque no quieren ni morir, ni matar, pero van sin saberlo al más atroz sacrificio en cámara lenta, y además no tienen voz, unas 2000 personas han salido a las calles sevillanas esta tarde para clamar por ellos.

Porque “nuestra misión es la abolición”. Porque “cobarde es quien agrede y valiente quien defiende”. Porque “aquí estamos, nosotr @ s no matamos”. Porque defendemos que “el maltrato animal, al Código Penal”. Porque “vergüenza nos da la Fiesta Nacional”.

Porque “toros sí, toreros no”. Porque “esa Plaza la vamos a cerrar”. Porque “la que se avecina, Sevilla Antitaurina”. Porque “no estamos en el siglo I, sino en el XXI”. Porque “el traje de luces arcadas nos produce”, Porque “con el sufrimiento, yo no me divierto”. Porque “la tortura, no es arte, ni cultura” Porque …

Por todo esto y mucho más, convocados por el Partido Animalista, PACMA – al que se unieron protectoras, organizaciones y colectivos varios – nos dimos cita a las 17 horas en el Palacio de San Telmo. Con pancartas, camisetas, pañuelos, pegatinas y toda la fuerza de “la rabia y de la idea” salvadoras a las que aludía Antonio Machado. Personas humanas, hermosa gente empática y solidaria, de toda edad y condición y personas no humanas de toda edad y pelaje.

Pisando las calles nuevamente. Dignificando el centro histórico, en un itinerario diferente al pasado año que nos llevó a cruzar el Paseo Colón, siguiendo por Almirantazgo, Dos de Mayo y calles adyacentes, para volver sobre nuestros pasos hasta la Puerta de Jerez, donde se culminó con varias e intensas intervenciones cargadas de lucidez y pasión.

Pero no se nos permitió acercarnos a la Plaza de la Infamia donde se consumaba la matanza de nuestros hermanos y que estaba protegida, literalmente rodeada, por varios furgones policiales. Los lobbies taurinos todavía mandan mucho, aunque nos temen más, porque saben que sus días están contados.

Vibrante, arrolladora, multitudinaria, intensa y emocionante demostración del poderío animalista y de la fuerza de la razón de nuestra lucha. Millares de gargantas y millares de corazones contra la barbarie de una llamada celebración de la sangre y la muerte en la arena. Y por la ABOLICIÓN.

 

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Verano de una familia de Tokio: Insolación

Yoji Yamada es un guionista, ayudante de dirección y cineasta japonés de la cosecha del 31, conocido por su trilogía del Samurai, la serie de Tora-San, a la que ahora le añade esta que nos ocupa, tercera de otra que tuvo sus precedentes en ‘Una familia de Tokio’ (2013) y en ‘Maravillosa familia de Tokio'(2017), cuyo enlace a su crítica en este blog es el siguiente;

https://sevillacinefila.com/2017/05/19/maravillosa-familia-de-tokio-aciertos-y-despropositos/

113 minutos de metraje. Su guión lo escriben él mismo y Emiko Hiratmasu. Su fotografía es de Masashi Chikamori y su banda sonora, que subraya los momentos más presuntamente cómicos, Joe Hisaishi, su equipo habitual. El reparto, lógicamente, es el mismo de la anterior, con sus anexos y algunos secundarios nuevos.

La historia retoma a ese peculiar grupo humano – dos hermanos, una hermana, con sus parejas y  unido por lazos de sangre – preocupados por la seguridad del pater familias que es un conductor temerario a sus años…

De entrada, es bastante peor que la anterior y mucho más que la primera. Si nunca segundas partes fueron buenas, de las terceras ni hablamos… Porque aquí ese costumbrismo vodevilesco, esa presunta sátira, pierden cualquier contenido crítico, atenta tan solo al golpe de efecto de gags tan primitivos como burdos.

El desencuentro generacional – mínimo o debido a motivos nimios – se resuelve a favor de un patriarca tan odioso que hasta tiene reminiscencias – al menos, para quien esto firma – de Paco Martínez Soria. Con esto ya está escrito todo. Desaprovecha lamentablemente los enfoques  – que en la otra sí que estaban en mayor medida – críticos hacia la misoginia de una sociedad tan estratificada.

La ausencia, o la mínima presencia, del personaje de la madre – la más interesante, con diferencia  – y el no retomar el hilo de la ruptura de los progenitores,  deja cojo a un relato reiterativo, carente de ambición y autocomplaciente.

Ustedes mism@s.