‘El blues de Beale Street’: El amor en tiempos racistas

El guionista y realizador de cine y series estadounidense Barry Jenkins- , cosecha del 79, que nos deslumbrara con ‘Moonlight’ (20016), triunfadora de los Oscar de ese año con tres estatuillas a la Mejor Película, al Mejor Guión Adaptado y al Mejor Actor de Reparto – estrenó el viernes esta que nos ocupa, su última propuesta, precedida de reconocimientos tales como tres nominaciones a los citados- Actriz de Reparto, Guión Adaptado y Banda Sonora – y mayoritaria aclamación de la crítica.

Ténganlo muy en cuenta, aunque a quien esto firma – aún reconociéndole sus valores, pues va a matizarla – le haya decepcionado profundamente. Y no solo eso, sino que, en general, su enfoque, de fondo y forma, también la ha irritado bastante.

La historia – ambientada en el Harlem de los años 70 y basada en la novela del activista afroamericano gay y reconocido novelista James Baldwin (1924-1987), ‘Si Beale Street pudiese hablar’ – sigue a una joven pareja de color cuya relación, y posterior futura paternidad, se ven interferidas por la injusta prisión del chico debido a una acusación no probada y al racismo dominante. A partir de ahí, tanto ella como su madre, padre y hermano, especialmente la primera, lucharán incansablemente por probar su inocencia.

Para empezar, está habitada por un tosco esquematismo, profundamente misógino, en lo tocante a la breve pero intensa representación de los personajes femeninos de la familia del joven. A saber, la progenitora y sus dos hermanas, que resultan odiosas, llenas de prejuicios clasistas y religiosos, en contraste con el padre y marido, mucho más generoso y amplio de miras, aunque tal cosa no le impide abofetear a su mujer… algo que es mostrado como la resultante lógica del comportamiento de ella. Eso, para empezar.

Para continuar, el lirismo intimista tan alabado con el que está tratado el romance, altamente estilizado en su puesta en escena – en el que cada gesto, cada mirada, cada contacto, cada palabra y cada silencio entre los protagonistas adquiere un acento trascendental – nos depara momentos hermosos, sí.  Y verdaderos. Pero solo algunos, pues su reiteración los convierte en pretenciosos y afectados. Y para esta firmante, carentes de emoción.

Y además, le resta carga crítica, aunque resulte paradójico, al racismo institucional, ambiental y policial en el que se desarrolla. Así es, ya que tanto tiene sus momentos de hondura trágica, en su mejor versión, como maniqueos en la peor. Tampoco resulta muy fina en el retrato, más bien insidiosamente tramposo, de la acusadora, de la principal testigo de cargo, de la víctima de la violación. Por no hablar del policía…

119 minutos de metraje. Escrita también por su director, el citado Barry Jenkins. Maravillosamente fotografiada por James Laxton y con una excelente partitura de Nicholas Britell, en su correcto reparto sobresale Regina King – que interpreta a la valiente madre de la chica – que se ha llevado todos los reconocimientos.

Escrito queda. Juzguen por sí mism@s al verla.

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