‘Tres veranos’: Glorias y miserias

Tres veranos del hemisferio sur. Tres veranos australes. Tres veranos atípicos documentados en esta película que nos ocupa. Tres veranos recién iniciados pero sólo uno con toda la exhibición en poderío económico y estatus social de la familia brasileña de alto estanding que la protagoniza – junto a sus sirvientes-as, especialmente ell@s, y muy especialmente el personaje central de esta película coral, el ama de llaves – y el olvidado, lúcido y triste abuelo.

Tres veranos correspondientes a los años 2015, 2016 y 2017. Tres veranos recién iniciados entre las celebraciones de Navidad y Año Nuevo. El primero, se reitera, es el único en que nos es dado contemplar cómo ese grupo humano privilegiado echa su mansión estival por la ventana en una fiesta lujosa y multitudinaria que no sería posible sin el trabajo de la servidumbre. Una fiesta lujosa y multitudinaria que va revelando glorias y miserias, porque el pater familias está pendiente del teléfono, recibiendo noticias que no auguran nada bueno, y l@s emplead@s reclaman pacíficamente sus salarios atrasados…

Y el segundo en el que estos últimos, en el mismo escenario, ahora devastado, sacan a la venta los objetos y enseres que sus dueñ@s, otrora patrones, les dejaron para pagarles las retribuciones que les debían. El servicio, mujeres y hombres, muestra su unidad bajo la batuta de la antigua encargada Madá. Está muy bien contrastada, y mostrada, las diferentes formas de disfrutar de ambas clases. Aunque los ecos del escándalo de corrupción del señor aún perduran, con interrogatorios políciacos. Y el abuelo sigue allí, con ell@s.

En el tercero… saldrán a la luz secretos dolorosos de esa mujer, la citada Madá- una espléndida Regina Casé, Mejor Actriz ex-aequo en Málaga – un torbellino de apabullante vitalidad y alegría a raudales. Y la conclusión, que deberán ver ustedes.

Porque la película – coproducción entre Brasil y Francia, fechada en 2019, de 94 minutos de metraje, dirigida, y coescrita junto a Iana Cossoy Paro, por la profesora, videoartista, documentalista y cineasta Sandra Kogut, cosecha del 65, muy bien fotografiada por Ivo López Araújo, con una música vibrante de Berna Ceppas y con un reparto coral que funciona muy bien. Premio de la Crítica en Málaga y Mejor Montaje en La Habana – debe ser vista por sus valores al reflejar con una lucidez incisiva el modo de vida de una élite patricia y su servidumbre y… a pesar de sus carencias.

Carencias como desequilibrios narrativos. Como que apunta y no desarrolla, luego desaprovecha, una crítica social y de clase que podía haber dado mucho juego. Es demasiado amable, aunque contenga observaciones interesantes, cuando debería haber sido demoledora. Y a nivel político está apenas insinuado – y encubierto tras la corrupción individual, privada – el estado de podredumbre generalizada que propició el acceso al poder del fascista Bolsonaro.

Pero merece la pena. No se la pierdan.

Escrito queda.

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