‘La Palabra y la Imagen’, Toma III: Música y lágrimas

Llenazo en la tercera edición de nuestra tertulia de cine en La Casa del Libro. Vuestra generosidad y entusiasmo convierte cada cita en algo diferente y único. Esta vez tratamos sobre ‘Los Miserables’, con el lujo añadido de la coordinación del compañero, amigo y crítico invitado Federico Casado Reina.

Y, tratándose de él, llenó el espacio y la reunión con sus inagotables entusiasmo, conocimientos y amor por el cine. Resulta tan contagioso como estimulante oírle debatir, argumentar, coincidir o discrepar con esa pasión y efervescencia suyas. Para colmo, tuvimos el placer de contar con la inestimable presencia y participación de otra voz muy autorizada de la crítica andaluza, la de Juan Antonio Hidalgo, del que esperamos sea nuestro anfitrión muy pronto.

Y se habló sobre ópera, musicales, canciones…Sobre épica, lírica, emociones, formas de mirar, de adaptar, de filmar y de contar. Sobre Jackman y Hathaway, inmensas caracterizaciones las suyas, sobre el descubrimiento como presencia, actriz y cantante de Samantha Barks, una inolvidable Eponine. También con cierta división de opiniones sobre Russell Crowe y su interpretación del terrible y atormentado Javert. Y sobre la de los Thenardier, según Baron Cohen y Bonham Carter, más discutidos.

Pero también sobre ‘Blade Runner’, las voces en off, Brad Pitt, Leonardo di Caprio, el cine clásico, los montajes o las elipsis. No como tecnicismos, sino perfectamente ensamblados en unas asociaciones de ideas, de situaciones… Como resultado de la fluidez reinante, del clima creado que invitaba a expandirse sin perderse, a manifestarse libremente en los acuerdos y desacuerdos. Pero también hubo quienes prefirieron escuchar, en un silencio nada tenso, ni cohibido, sino interesado.

Para la próxima cita del martes 12 de febrero, en el mismo lugar y a la misma hora, se reservó ‘Amour’, de Michael Haneke. Extraordinaria, demoledora, abismal, sobrecogedora, multipremiada… Nos prometemos una sesión densa e intensa. Y terminamos con un clásico en nuestra actividad, las fotos de grupo que mi hija y community manager, Vita Lirola, incluirá mañana para completar esta crónica.

Gracias a Federico Casado Reina, gracias a Manuel de Medio, gracias a la libreria, gracias a tod@s vosotr@s por otra velada memorable.

‘Despedida de soltera’: La boda de mi mejor amiga

Leslye Headland debuta en el largometraje con esta cinta cuyo guión y obra teatral de la que procede, firma también. La estrenó en Sundance, lleva el marchamo de independiente, tiene un metraje de 87 minutos y pertenece al género de la comedia que se quiere irreverente y no lo es. La interpretan Kirsten Dunst, Rebel Wilson, Isla Fisher y Lizzy Caplan en sus principales papeles.

Tres amigas se reúnen en Nueva York para ser damas de honor en la boda de una cuarta, menos estilosa y sin glamour,  y la primera en contraer matrimonio. Aparte de las ambivalentes emociones que les provoca el  acontecimiento, se las prometen muy felices con la perspectiva de una juerga salvaje. Pero la novia se desmarca de esta despedida y nada saldrá como habían pensado.

La así llamada nueva comedia norteamericana se nutre de tópicos de signo opuesto a la clásica, pero tópicos al fín y al cabo. Como suelen proceder de la cantera alternativa, están pobladas de personajes ajenos a ciertas normas sociales y de conducta, pero, en realidad, perfectamente integrados en un determinado y mayoritariamente favorecido estatus social.

La realizadora y su ópera prima no escapan a lo antedicho. Por el contrario, y lamentablemente, incurren en todos los clichés. Una mirada de mujer que quiere huir, según sus declaraciones, al esterotipo de las «cintas de chicas», aunque lo sea, a todos los efectos. Y para conjurar tal sambenito, más bien insultante, convierte a las suyas en deslenguadas, promiscuas, bebedoras y esnifadoras compulsivas. Pero estas procaces politoxicómanas tienen sus corazoncitos y unos secretos anhelos de encontrar al hombre perfecto o bien de recuperar al que perdieron…

De acuerdo, es una comedia romántica. Pero, aún así, podía haber roto esquemas y cuestionado los roles genéricos. Que la transgresión se limite a hábitos poco saludables resulta decepcionante, la verdad. Y las orgías prometidas se quedan en nada… Ni siquiera, para tratarse de una obra teatral, está especialmente bien dialogada aunque el doblaje ha podido traicionarla. Y eso que cuenta con tres buenas actrices que intentan darlo todo, especialmente Lizzy Caplan -¡¡¡qué personaje tan desaprovechado el suyo!!!- pero donde no hay, no hay. Una pena.

‘The Master’: Cazadores de mentes

Década de los cincuenta, en Estados Unidos. Un joven veterano de guerra, devastado física y emocionalmente, adicto a los más fuertes y letales cócteles alcohólicos que él mismo prepara, obsesionado con el sexo, gravemente perturbado e incapaz de integrarse en la sociedad civil, contrahecho a causa de las secuelas del frente, conflictivo, inestable y de comportamiento errático, va a caer al mar, huyendo de quienes le persiguen por haber provocado una muerte, y de ahí a un barco. Barco en el que se celebra una boda. El matrimonio de la hija de un personaje tan carismático como inquietante,  promotor de una nueva y espiritual visión del mundo, conocido por sus seguidores como ‘El Maestro’. De este encuentro entre dos personalidades tan aparentemente antagónicas, y del contexto que la hizo posible, trata la última cinta de Paul Thomas Anderson.

El cineasta y guionista -que ya nos regalara excelentes trabajos con ‘Magnolia’ o ‘Boogie nights’ – retrata aquí al que se ha identificado claramente como L. Ron Hubbard, fundador de la Cienciología.  Y también a sus métodos, tan heterodoxos como discutibles. Un hombre que, con una ambición desmedida y una sobredosis de megalomanía mesiánica, creó una cosmovisión que bebía de fuentes tan diversas como la filosofía, la espiritualidad, el misticismo, la ciencia ficción, el esoterismo, el ocultismo, la reencarnación, en sus peores versiones y mezclados con la clara intención de dominar las voluntades ajenas. Para ello contaba con una personalidad  magnética y tiránica, en la que sus fines justificaban todos los medios.

Estamos ante una obra mayor. Una película intensa, perturbadora, desasosegante e hipnótica, a la que no le sobra, ni le falta un solo plano. Que sabe mantener – ¡y de qué manera! – el tour de force entre dos hombres opuestos, pero con profundas y secretas semejanzas. El uno pretende domar el lado salvaje del otro ignorando, en su inmensa arrogancia y soberbia, que el más perturbado de los dos, si cabe, es él.

Una obra que muestra la intimidad y la imagen pública de quien se arrogó de un magisterio sectario, enemigo acérrimo de las emociones y las pasiones humanas. Que registra impíamente, sin sombra de efectismo o trampa, los insidiosos ejercicios y pruebas con los que sometía a sus ‘discípulos’ y captaba sus mentes. Con un apabullante dominio del clima, del tempo, de la cámara, de la puesta en escena. Tan preciso como un mecanismo de relojería, con un equipo técnico artístico en estado de gracia. Y para el reparto… no hay palabras. Amy Adams, Laura Dern y ese dúo excepcional de dos actores en la cima de su talento. Los prodigiosos Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman, a quienes todos los reconocimientos les son debidos. De ninguna manera pueden perdérsela.

‘La noche más oscura’: Guerra sucia

En esa película notable que es ‘Argo’ – cuyo estreno coincidió con la celebración del Festival de Cine Europeo y con la superposición de otras cintas y por ello su crítica no fue consignada en este blog -, nada sospechosa de radicalidad política, la honradez y la decencia de su realizador, el actor Ben Affleck, le llevan a hacer un prólogo en el que recuerda la responsabilidad estadounidense en el resurgir del islamismo más extremista y letal, junto con las teocracias. Así sitúa y posiciona los acontecimientos reales, que recrea en su relato fílmico, en su contexto más coherente.

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Kathryn Bigelow elige aquí también un suceso real, protagonizado e inspirado por la CIA, aunque situado en el tiempo un siglo más tarde y completamente opuesto en cuanto al objetivo de la misión. La historia, de cuyo guión se encargó Mark Boal, abarca diez años. Desde el ataque contra las Torres Gemelas, a la noche más oscura de la localización y caza del Enemigo con mayúsculas del imperio, gracias al empeño y voluntad incansable de una joven y muy cualificada agente del servicio de inteligencia. Entre ese período de tiempo, también registra los atentados de Londres del2005, los del Hotel Marriott en Islamabad y otros en los que  espías norteamericanos fueron las víctimas.

Localizada en distintos escenarios, singularmente paquistaníes. Como aquel  en cuya orografía montañosa tuvo lugar el sanguinario evento que da título al filme, pero también, siguiendo la cronología hasta llegar al clímax, en escondites, o mazmorras secretas donde se torturaba a placer y se obtenía, según se nos cuenta, información valiosa para evitar actos terroristas al tiempo que servían para encontrar a sus principales líderes, tal que Bin Laden, en este caso.

Tráiler de ‘La noche más oscura’

Desde el más obsceno y feroz trabajo de «campo» de est@s funcionari@s públicos estadounidenses empleándose a fondo contra extranjeros indefensos y maniatados, hasta los espacios de poder. Desde cubículos fuera de la ley, hasta lujosos despachos. Desde territorios comanches o amigos, se describe, y muy bien, – la realizadora está muy dotada para la acción, para filmar estos  hechos violentos y sombríos con precisión milimétrica – la cruzada de una potencia por imponer su forma de hacer las cosas a nivel global.

La cinta es tan brillante como perversa. Tan contundente como insidiosa. Tan presuntamente verosímil en la adaptación de unos hechos sucedidos, como ideológicamente escorada. Tan potente como cruel. Tan convencida, y casi convincente, de la legitimidad de los métodos contrarios a los derechos humanos que describe. Tan cercana a la épica del crimen de Estado que vehicula, por aquello de que el fin justifica los medios….Está tan bien interpretada – Edgerton, Adkins, Strong, Ehle, Chandler, Gandolfini en un pequeño papel y, sobre todo, una inmensa Jessica Chastain, carne de Oscar – que resulta penoso dar cuenta de su mala fe intrínseca al ocultar la evidencia de que su país alimentó y financió al monstruo, cuando estratégica y políticamente le convino. Que resulta lamentable su posicionamiento ante la tortura, el todo vale y la guerra sucia.

‘Los miserables’: Parias de la tierra

El responsable de ‘El discurso del rey’, Tom Hooper, se ha hecho cargo de la versión cinematográfica de ‘Los miserables‘, basada en el musical de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg, ambos coguionistas de esta cinta junto a William Nicholson y Herbert Kretzmer, a su vez inspirado en la magna obra de Víctor Hugo. Y lo ha hecho desplegando fastuosidad y sin reparar en medios en esta producción inglesa de 158 minutos de metraje, que hay que ver en su formato correcto.

Se trata de un musical, sin apenas líneas de diálogo, con las canciones subtituladas. Lo cual, no hace lamentar menos que no haya en esta ciudad una sola copia en  versión original. Recordemos sus líneas argumentales. Mientras en  la Francia convulsa del siglo XIX las revueltas se suceden implicando a cada vez más sectores ciudadanos, la historia va siguiendo a los principales protagonistas. El noble y bondadoso Jean Valjean, su feroz enemigo y carcelero, el inspector Javert, la desdichada Fantine, la huérfana Cosette, los mezquinos Thenardier, el apasionado Marius, su enamorada Eponine, los compañeros de armas y revoluciones…

Hooper aborda este drama con un tratamiento espectacular y operístico – se trata a todos los efectos de una ópera contemporánea, más que de un musical en el sentido más clásico – que no siempre sabe resolver con acierto. Aunque esto último no afecte tanto al ritmo, la cinta no decae en interés pese a su extensión, sino en cuanto a la manera de filmar ciertas escenas y ciertos pasajes. Sino en cuanto a la manera de desaprovechar ciertas secuencias, perdiendo intensidad y sutileza. Sino en cuanto a la manera de eludir matices  de los personajes y sus circunstancias, en aras de la grandeza de la puesta en escena.

Pero cuando todo se armoniza, y lo hace en la mayor parte de los planos, y se integran fondo y forma, música y libreto, interpretaciones y canciones, ritmo y emociones y no hay enfoques gratuitos, sino genuinas expresiones de los dramas que consumen a sus héroes y heroínas, sean amorosos, de poder, maternales, legales, morales, económicos o políticos… Entonces se produce el milagro y la pantalla cobra vida.

Y nos son mostradas en toda su hondura, desgarro e incandescencia las injusticias, el terrible sino a que los poderosos corruptos condenaban a las clases populares, los romances  y los afectos no correspondidos, la dignidad, el sectarismo, el odio, el sentido del deber más cruel y feroz, el compromiso con la lucha o las revoluciones contra las tiranías. Todo ello plasmado en temas musicales tan vibrantes, líricos, poéticos y épicos, como las dramáticas peripecias vitales de los personajes y el propio transcurso del relato.

A ello contribuyen poderosamente un equipo técnico-artístico de primer orden y un reparto de lujo, pero cuyo resultado también es desigual. Russell Crowe está algo rígido y no le aporta los matices necesarios al terrible y atormentado Javert. La pareja joven, Amanda Seyfried y Eddie Redmayne, gran voz la suya, resulta algo desvaída, pese al talento y la fuerza de la actriz, que se revelan en algunas escenas. Samantha Barks sí hace suyos el dolor y el desamor de Eponine, todo un descubrimiento. Menciones especiales para los niños,  Daniel Huttelstone como Gavroche e Isabelle Allen como Cosette. Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen están muy  ingeniosos y brillantes, pero el fantasma de Burton les persigue…

Punto y aparte para un notable, excelente Hugh Jackman, un Valjean tan sensible como trágico, lleno de grandeza moral. Y, sobre todo y sobre tod@s, la arrebatadora creación que hace Anne Hathaway de la desolada e infeliz Fantine a la que aporta un  lirismo, una oscura poesía, una vulnerabilidad y una fuerza conmovedoras, una inocencia devastada,  que nos hace derramar lágrimas ante su creación de ese bellísimo tema ‘I dreamed a dream’. Ella encarna como nadie, víctima de las víctimas y de los verdugos, el espíritu de es@s miserables, de est@s parias de la tierra a quienes todo les es arrebatado.

‘Amor es todo lo que necesitas’: Antes de la boda

Dos seres dolidos. Un viudo que no olvida, y que se refugia en el trabajo. Una  mujer en tratamiento contra el cáncer, que descubre a su marido engañándola con una joven compañera. Una boda en Italia. Los contrayentes, la hija de ella y el hijo de él. Allí se conocen, previamente a identificarse. La novia. El novio. Los amigos del novio. La absorbente cuñada del protagonista. Su hosca y díscola hija. El  tosco y burdo esposo adúltero. Su nueva conquista… Antes de la boda, todo cambia para tod@s.

¿Susanne Bier – ‘Hermanos’, ‘En un mundo mejor’ – Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa en 2011 -, ‘Después de la boda’ – la realizadora danesa del Dogma, filmando una comedia romántica…?. Sí, pero no. Porque esta no es una comedia romántica, como la publicidad ha querido venderla, al uso. Aunque haya romances, aunque se disfrute con la turbadora belleza de los paisajes de Sorrento, aunque suene como un leit motiv ese maravilloso tema de Dean Martin, ‘That´s amore’, aunque sus personajes atraviesen situaciones altamente emocionales en sus encuentros y desencuentros… Pese a todo ello, no responde, afortunadamente, al cliché  más tópico y manido del género.

Porque la directora no nos escatima el drama subyacente , a partir de la premisa misma de las circunstancias vitales de ambos protagonistas. Porque la directora sabe ver, su cámara sabe ver, más allá de la superficie. Porque la directora sabe penetrar en los secretos de cada cual e irlos desvelando, a medida que transcurre el relato. Porque la directora no se conforma con el chico busca chica, o al revés, pierde chic@ y lo recupera en el happy end. Porque a la directora, como buena nórdica, sabe que el dolor, el conflicto, la confusión, la inseguridad, la vulnerabilidad, la intensidad o la frustración, entre otros factores, son inseparables de los afectos. Porque la directora cuenta con un guionista brillante y complejo como Anders Thomas Jensen. Porque la directora también ha contado con un sólido reparto que sirve muy bien a la historia y  a sus personajes, con una mención especial para la estupenda  Trine Dyrholm.

El resultado es una cinta llena de sorpresas y con alguna otra carga de dinamita, inteligente y sensible, divertida y ambiciosa, aunque aparentemente ligera… Cabe reprocharle un exceso de metraje y la ferocidad con la que dibuja a la cuñada, aunque sepa ver sus indefensiones y carencias. Pero todos los caracteres y situaciones están muy bien retratados y expuestos a que los consideremos con la emoción y con la inteligencia. Merece la pena verla.

‘La Palabra y la Imagen’: Toma III. Una advertencia.

Querid@s amig@s que, como yo, esperáis impacientes la vuelta de nuestra tertulia cinematográfica, tras el paréntesis navideño. El día, 15 de enero, la hora, 19.30 y el lugar, La Casa del Libro de Sevilla, en la calle Velázquez, no han varíado, pero sí la fecha de estreno de una de las películas seleccionadas como material de discusión.

Se trata de ‘Amour’, de Michael Haneke, Palma de Oro en Cannes, Gran Premio del Público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y ganadora de los galardones principales – Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actriz – de la Academia de Cine Europeo. Una cinta extraordinaria cuya llegada a nuestras carteleras estaba prevista el 21 de diciembre. Pero debe ser que no la han considerado muy adecuada y la han retrasado hasta el 11 de enero. Cuatro días, cuatro, antes de nuestra cita. Concretamente, el viernes anterior.

Sé que sois l@s mejores y muy capaces de verla antes, para tenerla bien fresquita. Pero he querido avisaros, para que lo asumáis. La otra película que elegimos, ‘Los Miserables’ está desde el pasado día 21 en todas las pantallas sevillanas. Así que, en el peor de los casos, debatiremos sobre ella en solitario.

Termino comentando que tendré el honor de compartir la coordinación de este encuentro con el muy cualificado compañero de la crítica y amigo, Federico Casado Reina, quien ya nos ha confirmado su presencia. Y como escribo estas líneas a 29 de diciembre, desearos una muy feliz y cinematográfica entrada de año a tod@s.

‘Las sesiones’: En terapia

No deja de ser curioso que la presunta transgresión de determinadas películas  norteamericanas, catalogadas como indepedientes y conocidas también como indies, se quede en la superficie  sin rozar apenas el fondo del relato que vehiculan. Aparentemente rupturistas, su voluntad, tan bienintencionada como lícita, de normalizar conductas, tendencias, personalidades u opciones vitales les hacen edulcorar las historias prescindiendo de sus aristas más duras y conflictivas, lo que socava su credibilidad aunque, en contrapartida, las acerque a un segmento de espectadores mayor del que estaban supuestamente destinadas.

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Y esto es especialmente aplicable a la película que nos ocupa, ‘Las sesiones’. Escrita y dirigida por el sexagenario Ben Lewin, es su cuarta propuesta fílmica. Basada en escritos autobiográficos del periodista y escritor, Mark O´Brien, a quien está dedicada, narra la historia de un hombre cuya poliomelitis infantil le paralizó y le confinó de por vida en un pulmón de acero, del que apenas si podía liberarse un par de horas. Lo que no le impidió ser bastante independiente, creativo, poseer un humor envidiable y renunciar a su virginidad para conocer una sexualidad plena.

El realizador coincide con su protagonista real y de ficción en que también sufrió la terrible enfermedad, aunque sus secuelas fueran mucho menores. Enfrentarse a un personaje de estas características no es tarea fácil. Todo en él resulta admirable y ejemplar, apto más para la hagiografía que para un acercamiento más objetivo y complejo. Es muy de agradecer, entonces, que su firmante nos ahorre la sensiblería y la manipulación emocional. Es muy de agradecer, entonces, que el personaje del sacerdote católico, magnífico William H. Macy, no moralize, ni juzgue. Es muy de agradecer, entonces, que esté recorrida por el humor de una víctima que no se toma como tal. Espléndido John Hawkes, segura nominación a los Oscars la suya. De esta cinta van a salir varias. De momento, él mismo y la excelente Helen Hunt lo están ya a los Globos de Oro.

Y una vez dicho esto, hay que dejar constancia de que , por muy políticamente correcta que sea y con la coartada profesional que tenga, una terapeuta sexual para discapacitados que cobra por sus servicios no está muy lejos de ser una mujer prostituída. Una contradicción que la afecta en su vida personal y emocional, y por la que el filme pasa de soslayo. Y aunque estén muy bien resueltas, las escenas eróticas son demasiado suaves , limpias por así decirlo. Una relación tan desigual tiene que engendrar alguna frustración, pero el conflicto y cualquier disonancia están ausentes. Y como lo obvia, no puede evitar la reiteración y la previsibilidad. Se alarga innecesariamente, se repite… Y la puesta en escena, plana y lineal, no hace más que resaltarlo. Le sobra amabilidad, le faltan garra e intensidad. Con todo, quedan registrados sus virtudes y defectos. Por cierto, no se pierdan los títulos de crédito finales. Merecen la pena.

‘El cuerpo’: Ojo por ojo

Oriol Paulo debuta en el largometraje con este thriller, tras haber coescrito el guión con Laura Sendim, luego de hacer lo mismo con el de ‘Los ojos de Julia’. El equipo que produce es el de esta última y  ‘El orfanato’. Todo queda en familia, pues pero, aún dentro del mismo esquema genérico, esta cinta es más elaborada que las anteriores. Lo cual no es mucho decir…

Una millonaria atractiva casada con un hombre más joven que ella y obsesionada por el control, muere de forma repentina tras volver de un viaje de negocios. Mientras se espera para hacer la autopsia, su cuerpo desaparece misteriosamente de la morgue. Es entonces cuando comienza un duelo de resistencia entre el inspector encargado del caso y el viudo, que culminará con un giro inesperado que hará encajar todas las piezas.

Bueno, pues argumentos similares los hemos visto muy a menudo en el género negro y de la sorpresa final ni hablamos. Es todo un clásico. Es por ello que el realizador ha declarado que no importa tanto el qué sino el cómo.  Pues entremos en detalles del cómo en cuestión. Hay que decir que el argumento engancha y que la historia te atrapa pese a estar plagada de lugares comunes y de sobresaltos efectistas. Pero la habita una voluntad de elaboración, de complejidad, de aliento trágico, de riesgo asumido de caminar sobre el filo del tópico, del cliché y del ridículo, que es de agradecer.

Hay incluso momentos del tour de force Coronado -¡¡¡qué pelos, por favor, qué pelucón!!!- Silva, o del de Silva-Rueda que nos regalan ráfagas de buen hacer, de intensidad perversa y sadomasoquista que se agradecen. Como se agradecen – ¡y de qué manera! – la presencia y el talento, que  deberían ser recompensados con una candidatura a los Goya, de una Némesis tan justiciera como enamorada, bajo los rasgos de Aura Garrido. Suya es la función, suya es la clave. Los demás, o no llegan como Hugo Silva o se pasan como Belén Rueda a quien no siempre salen bien sus amagos de femme fatale.

‘Infancia clandestina’: Hij@s de la ira

Benjamín Avila es un bonaerense, de la cosecha del 72, productor, guionista y realizador comprometido que aborda en este su segundo largometraje – tras ‘Nietos’, que rodara en el 2004 – elementos autobiográficos de su difícil niñez, marcada por la militancia política de sus padres, ambos miembros del grupo guerrillero Montoneros. Estos, decididos a luchar por su país que se encuentra inmerso en una sangrienta dictadura, corren los años 70, vuelven de su exilio cubano para afrontar una experiencia de hostil y peligrosa clandestinidad junto a sus hijos Juan, de 11 años, y la niña de pocos meses.

El primogénito es el protagonista de este  drama político, no exento de humor, ternura y lirismo, coproducido por Argentina, Brasil y España, de 112 minutos de metraje y cuyo guión ha escrito, junto a Marcelo Müller, el propio director. A través de sus ojos nos es mostrada la dura cotidianidad de un niño obligado a cambiarse de nombre. Forzado por la supervivencia a refugiarse, junto a su pequeña hermana, en un escondite habilitado al efecto y disimulado tras unas cajas del maní de chocolate, tapadera laboral de los adultos. Viviendo una normalidad presidida por el riesgo y por la asechanza de la muerte. Siendo consciente y compartiendo  los ideales de unos padres comprometidos sin fisuras con la causa revolucionaria, en su vertiente más radicalmente activista.

Pero también hay momentos de alegría, afecto y enorme complicidad con sus progenitores y, sobre todo, con su tío Beto. O el despertar de una atracción compartida con una compañera de clase. O la fiesta sorpresa de cumpleaños y la alegría del reencuentro con su abuela materna que respeta, pero no comprende la forma de vida a la que se ven abocados sus nietos. Todo ello con las máximas precauciones, pues toda persona que llega a su casa, incluíd@s l@s compañer@s de militancia, lo hace con los ojos vendados…

El cineasta tiene el acierto de narrar esta dramática y terrible crónica con la contundencia necesaria, al par que con una singular poética al contemplar a seres al límite y en continuo peligro que no renuncian, ni quieren hacerlo, a los momentos de felicidad compartida, ni a la responsabilidades familiares tan aparentemente excluyentes con la militancia revolucionaria frente a una brutal represión militar.  Y lo hace sirviéndose de una puesta en escena tan potente como lírica, en la que incluye sabiamente escenas de animación en las secuencias más feroces. Y lo hace con un reparto de pasmosa eficacia, ese talento de l@s argentinos…, entre el que destacamos a Ernesto Alterio, Natalia Oreiro, César Troncoso o Teo Gutiérrez. Y lo hace con la propia fuerza de sus convicciones ideológicas asumidas, con todas las consecuencias, desde los años de plomo de su infancia clandestina.