Una Asociación que cumple treinta años. Unas gentes de la crítica más cualificada y ecléctica. Un marco incomparable. Un hermoso palacio. Una soleada y límpida mañana invernal. Una fecha de premios y esperanza. Unos hombres y mujeres luchando por el cine. Una tierra fecunda y tan subestimada. Un audiovisual que merece todo el apoyo.
Una organización impecable. Un reparto de lujo. Un llenazo absoluto. Unos galardones de prestigio creciente. Un clima de amistad , complicidad y camaradería. Aplausos, flashes, cámaras… Una puesta en escena estimulante y divertida.
A esta bloguera solitaria, a esta cinéfila crítica y mitómana que esto firma, cuyo ocio son las salas oscuras y escribir de lo que ve, a esta mujer invisible de la fila de atrás, l@scompañer@s de la crítica andaluza, de la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía, cuyo magisterio siempre ha reconocido, la han hecho hoy una mujer feliz y orgullosa.
Esta nominación a Sevilla Cinéfila, cuya creación, diseño, difusión y promoción se deben, fundamentalmente, a mi hija, Vita Lirola, es un inmenso honor. Es un Premio, con mayúsculas, en sí mismo. Gracias, gracias, gracias por vuestra generosidad conmigo. Una mañana de lotería en este mundo imperfecto que, pese a todo, no se ha acabado. Una mañana de fiesta, de encuentros y emociones. Inolvidable. Enhorabuena a tod@s.
La abajo firmante no sabe nada del béisbol, ni de sus reglas. A la abajo firmante le dan, de entrada, bastante grima las películas con deportes dentro. Pero quiso darle una oportunidad a esta porque se exhibe en versión original y porque la protagonizan Clint Eastwood, sobre todo, pero también Amy Adams, Justin Timberlake, Matthew Lillard y… John Goodman.
Esta cinta, de imposible e incomprensible título castellano para el mucho más lógico original ‘Trouble with the curve’, supone el debut en el largometraje de Robert Lorenz, productor de las inolvidables ‘Mystic River’, ‘Million dollar baby’ o ‘Las banderas de nuestros padres’, entre otras. Lo que significa que el realizador ha bebido de las influencias de tales obras mayores y de las historias y formas de contarlas del modelo de referencia. Aunque el talento no se improvisa…
Y, en efecto, aquí están algunos de los temas caros al maestro como la soledad de un outsider, la viudedad, la paternidad lejana, las profesiones poco convencionales, las mujeres fuertes y autónomas, las heridas sin cerrar, la visión crepuscular de la vida y las decadencias de la edad.
La historia, con guión de Randy Brown, sigue a un veterano y casi infalible cazatalentos del beisbol que vive un punto de no retorno en su actividad laboral. Pendiente de la renovación de su contrato, la edad y la vista, esencial en su trabajo, le pasan factura. Con jóvenes directivos cuestionando sus métodos, se propone ir a presenciar un partido del nuevo ídolo deportivo. Y, cuando los ojos apenas si le responden, recibe una ayuda inesperada de su única hija, una brillante abogada en ejercicio, con la que no cumplió como progenitor y de un ex jugador que atraviesa momentos bajos.
Si Clint Eastwood hubiera filmado este relato, el resultado probablemente habría sido más intenso, sensible, profundo, divertido y emotivo. Personajes, situaciones, detalles e interrelaciones se habrían expuesto de una manera más elegante, sutil e infinitamente menos convencional. Las comparaciones son odiosas. Y Lorenz se decanta por un camino trillado, previsible, pocas veces emocionante, aunque cuente con elementos a los que se les puede sacar partido. Prefiere centrarse en los códigos no necesariamente universales de este deporte que en aprovechar las esquinas más complejas y hasta oscuras del trío, cuarteto, protagonista que cumple, aunque no se le permita lucimiento. La presencia actoral del director no suple la ausencia de su mirada tras la cámara.
Julian Farino es un productor y realizador de televisión británico, afincado en Estados Unidos, que debutó en el largometraje en 2011 con la cinta que nos ocupa, ‘La hija de mi mejor amigo’. Bajo el marchamo de independiente y lo supuestamente transgresor de su propuesta, se esconde, en realidad, un producto más que convencional.
En una pequeña ciudad norteamericana viven, frente por frente, dos familias unidas por sólidos lazos amistosos. En una de ellas, el matrimonio hace aguas. En la otra, su hija rebelde y viajera es engañada por su pareja del momento y vuelve a casa por Navidad pero, en lugar de preferir al hijo de sus vecinos, se enamora del padre. Así que la trama da cuenta de todas las crisis y vuelcos vitales a que da lugar tan anómala relación.
Narrada con pocos medios, pobre factura y total ausencia de imaginación, se pretende indie y atípica pero no lo es, en absoluto. Incluso peca de gazmoña. Su guión es un penoso ejercicio de incompetencia, de dispersión y de quiero y no puedo. De hecho, el ritmo decae y, pese al morbo inicial, resulta aburrida, desganada, carente de intensidad y de garra. Apenas si retrata a los personajes, parece hecha a golpe de improvisación y, siendo una comedia, la adornan pocos gags. La crítica norteamericana ha destacado sus brillantes diálogos… pero tampoco.
Lástima porque tiene un estupendo reparto lastimosamente desaprovechado. Hugh Laurie, Oliver Platt, Allison Janney y Catherine Keener son un póker de ases que hubieran merecido un proyecto a la medida de sus talentos.
El guionista y cineasta barcelonés Cesc Gay, Premio Nacional de Cine de la Generalitat en 2007 por su cinta ‘Ficción’, y los de Mejor Película Catalana en 2000 y 2004 respectivamente por ‘Krampack’ y ‘En la ciudad’ ha gustado siempre de los paisajes, ambientes y paisanajes urbanitas de un determinado grupo social, digamos de profesionales más o menos ilustrad@s y coetáne@s – él nació en 1967 – a l@s que contempla con una refinada crueldad, no exenta de cierta empatía.
Tal aserto sigue siendo válido para esta su última propuesta, ‘Una pistola en cada mano’, en la que retrata a un grupo de hombres en sus encuentros y desencuentros entre ellos y con las mujeres que les rodean. Lo peculiar de su configuración fílmica es que tales coincidencias, salvo un par de excepciones, se producen siempre de forma casual y de dos en dos. Lo que comienza siendo un tête á tête de parámetros muy convencionales lleva a unas inesperadas confesiones, que cuestionan la imagen y la forma de enfocar la realidad de los protagonistas, poniendo al descubierto sus trampas, mentiras, coartadas y autodefensas con respecto a sus formas de vida y de relación.
Así, y muy esquemáticamente, son expuestos ante nuestros ojos el tipo de éxito desgraciado y en terapia, el perdedor satisfecho, el marido no tan engañado, el amante comprensivo, el ex nostálgico, el pseudoprogre autoritario, el guaperas buscando coitos fáciles, el amigo que no sabe y que no llega… Colectivo masculino plural, fundamentalmente. Pero también mujeres que les dan las oportunas réplicas y que les y nos hacen ver el otro lado de sus argumentos, de sus posiciones y de sus máscaras sociales y personales.
Una mirada lúcida, inclemente e impía sobre la crisis de valores de ciertas masculinidades. Una mirada irónica e iconoclasta sobre las confrontaciones entre los sexos. Una mirada, dura, divertida y caústica sobre las muletas emocionales de ciertos varones. Tan ajenos como autoengañados, tan pretendidamente seguros como dependientes, tan inmaduros como ciegos ante las consecuencias de sus actos…
A tales hombres prestan sus rostros y sus talentos -¡¡¡qué reparto, qué acierto de casting!!!- Eduard Fernández, Leonardo Sbaraglia, Luis Tosar, Ricardo Darín, Javier Cámara, Eduardo Noriega, Alberto San Juan y Jordi Mollá. Y, en el bando contrario, Candela Peña, Leonor Watling, Clara Segura y Cayetana Guillén Cuervo. Una elegante y concisa puesta en escena para un impecable e implacable retrato generacional. De aquí, si hay justicia, saldrán varias candidaturas a los Goyas. Está claro que no deben perdérsela.
El día de Navidad llega a nuestras pantallas la versión del musical que, sobre el clásico de Victor Hugo ‘Los Miserables’, ha adaptado al cine Tom Hooper, director de la triunfadora de los Oscars del 2011, la estimable ‘El discurso del rey’. Su trailer promete bastante y tiene un reparto de lujo en el que destacamos a Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter y Amanda Seyfried. Es la segunda película sobre la que comentaremos en nuestra próxima tertulia del 15 de enero. Hay que verla.
En esta misma fecha, tan señalada, tenemos a la tercera y muy esperada cinta del rumano Cristian Mungiu -‘4 meses, 3 semanas y 2 días’ -, una coproducción entre su país, Francia y Bélgica titulada ‘Más allá de las colinas’. Viene avalada por premios en Cannes, Gijón y Mar del Plata, aunque las críticas de referencia han sido irregulares. Con todo, de visión obligada.
Y para terminar el año con una sonrisa, pese a o precisamente por la que está cayendo…, proponemos la ópera prima de la guionista Leslye Headland, ‘Despedida de soltera’, una comedia basada en una obra teatral del off-Broadway sobre las aventuras romántico-festivas de tres damas de honor en una noche loca, previa al casamiento de una amiga. Con el marchamo de independiente y un dejá vu inevitable, cuenta con las siempre estimulantes presencias de Kirsten Dunst, Lizzy Caplan e Isla Fisher. Pues nada, nos vamos de boda…
Segunda entrega del menú cinematográfico que podremos degustar en fechas próximas. Destacamos tres títulos de entre los estrenos del día 21, en plenas vísperas navideñas. A saber, la coproducción entre España, Argentina y Brasil, ‘Infancia clandestina’, del bonaerense Benjamín Ávila. Proyectada en la Quincena de los Realizadores del pasado Festival de Cannes, supone el debut en la ficción de su realizador, responsable del documental ‘Nietos’. Es un drama político, con tintes autobiográficos, sobre la vuelta desde el exilio a la feroz dictadura de su país de un niño con una familia comprometida, luchadora y… clandestina. Habrá que verla.
Otra imprescindible es la franco-germano-austríaca, ‘Amour’, del alemán Michael Haneke. Palma de Oro en Cannes, Premio del Público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y la gran ganadora de los galardones de la Academia Cinematográfica del Viejo Continente. Se llevó los de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz y Mejor Actor. Reseñada en el blog en su paso por el Certamen sevillano, es de visión obligada y una de las cintas sobre las que debatiremos en nuestra próxima tertulia de cine del 15 de enero.
Y el debut en la comedia romántica de la realizadora danesa Susanne Bier con ‘Amor es todo lo que necesitas’. Tras sus, entre otros, intensos dramas ‘Después de la boda’, ‘Hermanos’ o ‘En un mundo mejor’, sitúa esta historia sobre dos familias que se reúnen en Italia para una celebración y las consecuencias de todo tipo que de tales encuentros se derivan. Película coral, pero con dos protagonistas que aportan química y contraste al relato. Los encarnan Trine Dyrholm y Pierce Brosnan.
Dejando aparte a las películas estrenadas entre el miércoles, 5 y el viernes, 7, del presente mes, que ya reseñaremos en el blog con más detenimiento, vamos a analizar la oferta de la cartelera para estas próximas fiestas y sus preámbulos. Excluyendo, eso sí, aquellas destinadas preferentemente al público infantil y juvenil.
El día 14 tenemos tres estrenos sobre el papel prometedores. Uno, español, y dos norteamericanos. A saber, ‘El bosque’, quinta película del escritor, guionista de historietas y cineasta barcelonés Oscar Aibar. Una combinación de Guerra Civil y fantástico, en un entorno rural. Veremos…
Con la estadounidense, ‘La hija de mi mejor amigo’, el explícito título español de ‘The Oranges’, debutó en el cine el productor y director televisivo británico, Julian Farino. Amores cronológicamente incorrectos para un filme independiente con un reparto interesante. Hugh Laurie, Oliver Platt, Catherine Keener… La crítica norteamericana, en general, la ha recibido bien.
Y otra del mismo país y de parecida problemática, asimismo con el marchamo de independiente, proyectada en Sundance y en la Sección Oficial de la Seminci vallisoletana, aunque el tema se desarrolle en un medio académico y no familiar. ‘Liberal Arts’, segunda cinta de Josh Radnor, que la protagoniza junto a Elizabeth Olsen. Aquí la rebautizarán como ‘Amor y letras’ y se han destacado sus brillantes diálogos. ¿Para cuando jóvenes inteligentes y maduros enamorados de interesantes y atractivas mujeres que les doblan la edad…?
Y, hablando de mujeres, no hay que olvidarse del imprescindible documental español, ‘Las constituyentes’, de Oliva Acosta, en el que su realizadora rinde homenaje a las congresistas y senadoras que contribuyeron a la redacción de la llamada Carta Magna y que estuvieron en las Cortes en un momento histórico único en este país. Acosta las rescata de su olvido, visibilizándolas y dándoles la palabra.
El director, nacido en Grecia y afincado en Francia, Costa-Gavras, es bien conocido por su compromiso político en filmes como ‘Z’, ‘Missing’, ‘La confesión’, ‘Estado de sitio’, ‘La caja de música’ y un largo etcétera. Era inevitable, entonces, que la codicia financiera que ha provocado la crisis que padecemos, fuera objeto de su interés cinematográfico. De ahí, su última propuesta, ‘El capital‘, basada en la novela de Stéphane Osmond y en cuyo guión participa, como es habitual en él.
En sus 114 minutos de metraje se nos cuenta la historia de un hombre joven y tremendamente ambicioso, que accede, por enfermedad del titular, a la presidencia de un banco francés tan ‘apadrinado’ como amenazado en su expansión por otro norteamericano. Lo que empezó como una operación para convertirle en un hombre de paja o títere de quienes detentaban el poder en la sombra, se convierte, para sorpresa de éstos, en una suerte de mandato personalista y revulsivo que no conoce límites éticos, ni legales.
La avaricia desmedida, la insaciable sed de ganancias, la amoralidad más absoluta, el interés por encima de todo, el toque populista y demagógico, el arrasar con vidas y futuros por mor del propio beneficio, las operaciones de activos tóxicos, los despidos masivos y fulminantes, el todo vale y todo, y tod@s, pueden comprarse… Todo ello nos es descrito con la solvencia que caracteriza al cineasta, pero con un esquematismo didáctico algo simplista. Todo ello son realidades y hechos de esos delincuentes vips, sí, pero también lugares comunes y clichés que, sin la necesaria complejidad, se revelan como reduccionistas y previsibles.
No, la cinta no escapa al tópico, al retrato tosco y rudimentario de personajes – singularmente los femeninos, con una excepción – y ambientes. El fin de la denuncia no justifica el uso de unos medios, una puesta en escena y un tratamiento de la historia, nada sutiles y más bien primarios. Pero el reparto está impecable y creíble, pese a todo. Gad Elmaleh, Gabriel Byrne, Hippolyte Girardot, Natacha Régnier…. Pero, con todos estos lastres, te atrapa. Pero está recorrida por un humor salvaje y cínico. Pero odiamos a estos mercaderes sin alma tanto como él.
El cineasta, barcelonés de nacimiento y vasco de adopción, Daniel Calparsoro, -‘Salto al vacío’,’ A ciegas’, ‘Asfalto’…- se ha tomado siete años, desde ‘Ausentes’ (2005), para rodar esta su última propuesta, basada en la novela homónima de Fernando Marías. Programada en la Sección Special Screenings del Festival de Cine Europeo de Sevilla, es un thriller que compromete al estamento militar.
Irak, 2003. Un medico del ejército español, presente en el conflicto, y su enfermero son víctimas de una emboscada, mientras atendían varias emergencias en su vehículo ambulancia. Ambos sobreviven, pero el protagonista presenta, de vuelta a casa y a la vida civil, un cuadro de amnesia dentro del shock postraumático. Su mente se ve perturbada por imágenes violentas e inconexas que esperan ser recompuestas y resueltas. Mientras, se verá sometido a determinadas presiones para asegurar su silencio…
Ante el desconocimiento, por parte de quien esto firma, del libro, hay que remitirse al relato fílmico. Calparsoro es un realizador dotado para la acción y sabe rodar, con garra y credibilidad, las escenas del frente así como los fragmentos que torturan al personaje central. Otra cosa es cómo los enredos de la trama, a efectos de la presión de altos mandos y seguridad se le van de las manos y resultan maniqueas, esquemáticas, cuando no directamente grotescas. Véase, para ejemplificar este aserto, el penoso personaje que ‘compone’ Karra Elejalde.
Y es tanto más lamentable cuando podía haber sido una crítica feroz antibelicista y antimilitarista. O de cómo las llamadas ‘misiones humanitarias’ se pervierten en agresiones. O del abuso criminal contra indefensas poblaciones civiles en el territorio comanche de una guerra imperialista. O de los esqueletos reales y metafóricos de quienes tienen tanto que ocultar. Lástima porque el resto del reparto está ajustado, al margen de las situaciones imposibles en las que se ven envuelt@s. Así, Alberto Ammann, Antonio de la Torre o Inma Cuesta – una comedia ya para ella, por favor… – . Una oportunidad perdida para un ‘casus belli’, que podría haber sido demoledor.
Robbie, Albert, Rhino, Thaddeus y Mo, cuatro chicos y una chica,son cinco escoceses, residentes en Glasgow, pertenecientes al colectivo social más desfavorecido. Sin trabajo, ni futuro, procedentes de familias desestructuradas, su única salida es la delincuencia. Así, van a parar a un juzgado. Por cierto, magnífico arranque del filme en el que, paralelamente a los títulos de crédito, se nos dan a conocer sus delitos, las breves alegaciones de sus defensores y sus condenas a realizar un número de horas de trabajo comunitario.
Y así se conocen, y allí tienen la suerte de encontrar a un trabajador social, Harry – excelente John Henshaw-, que reconduce sus destinos y les inicia en los secretos de la llamada ‘agua de la vida’. O lo que es lo mismo, el whisky. Robbie acaba de ser padre de un varón, pero la adinerada familia de su pareja le rechaza por sus antecedentes de violencia. Mo no puede evitar su compulsiva cleptomanía. Y los otros tres tratan de capear el hecho de no haber sido educados en ciertos códigos sociales.
Ken Loach aporta su talento fílmico y su compromiso político, apoyado en la más que solvente escritura de Paul Laverty, para contar una historia de perdedores, de redenciones y de segundas oportunidades con la lucidez y la potente carga crítica que le caracteriza. Pocos cineastas como él han registrado y retratado a l@s desheredados de la tierra con tanta fuerza e intensidad, con tanta empatía como objetividad, sin ocultar sus aristas más duras.
Tiene una primera parte más violenta, aunque nunca exenta de humor y ternura, en la que el padre primerizo tiene que vérselas con los matones y a los que agredió y con la víctima inocente a la que propinó una brutal paliza, en un impresionante careo con el chico y sus padres, mientras los hechos son mostrados en flash back. Y siempre apoyado por su compañera, comprensiva, solidaria, pero firme y decidida a no permitir que su bebé sufra el peor legado paterno.
Pero luego, cuando creemos que la espiral del círculo vicioso en clave de atrapados por sus pasados, la comedia, lo es, lo es…, da una divertida y curiosa vuelta de tuerca en el sancta sanctorum – estamos en Escocia- de la catedral del preciado licor. Catas, bodegas, narices privilegiadas, una oferta de trabajo, el mejor whisky del mundo ansiado por millonarios y un plan muy ingenioso.
Se conoce como ‘la parte de los ángeles’ a una mínima parte del contenido de cada barrica que se evapora en el momento de abrirla. Pero, en esta película, no se ha evaporado nada… Destila potencia, ironía, corrosividad, desgarro, gracia y emoción. Y el buen hacer de su reparto – Paul Brannigan, Gary Maitland, William Ruane, Roger Allam, Jasmin Riggins, Siobhan Reilly…– que confiere a sus personajes el verismo y la credibilidad marca de fábrica del director. Más que recomendable.