Archivo diario: julio 15, 2014

‘Borgman’: Fantasmas…

Esta cinta holandesa, dirigida por Alex van Warmedam, se hizo con el Premio a la Mejor Película del pasado Festival de Sitges, fue asimismo un título de culto en el Certamen sevillano de cine europeo y, además, candidata a los Oscars por su país. Sus referencias son, pues, difícilmente mejorables.

No resulta fácil resumir el argumento de ‘Borgman’, cuyo guión también firma el propio realizador, pero hay que intentarlo. Un hombre huye por el bosque perseguido por otros tres – uno de ellos, sacerdote -. Vive bajo tierra y avisa a tres compañeros para que salgan de sus guaridas y se pongan a salvo. Mientras él, tras sufrir varios rechazos de otros vecinos, accede a la casa de una zona residencial donde el marido le golpea brutalmente, pero la mujer le acoge a escondidas. A partir de ahí, el misterioso fugitivo tendrá una influencia inquietante en el grupo familiar.

Hasta ahí podemos leer y hasta ahí el argumento, toscamente expuesto y así descrito, puede ser un clásico de suspense o terror. Esta película participa de ambos géneros, pero también del drama, la comedia, el thriller, el fantástico… aunque no tenga nada que ver en su tratamiento con ninguno de ellos. Desafía la lógica, dinamitando nuestros referentes que intentan, pese a todo, encontrar en ella un asidero racional, o surreal, o metafórico. Una lectura que nos libere del desasosiego que la caracteriza, de los fantasmas que convoca. Aunque creamos reconocer a sus modelos, la inquietud que nos provoca su visión es tanto mayor a medida que avanza el metraje, sorprendiéndonos sin hoja de ruta.

Su transgresión, que incluye fondo y forma, es, sobre todo, temática más que de puesta en escena. Esta última es, incluso, clásica en relación a lo narrado. Y, por supuesto, tiene ese distanciamiento marca del país, tan gélido como irónico, para contar las mayores atrocidades. Esto supone otro choque para el-la espectador-a. Un reto, otro más, en su visión del filme. Un retrato en negro, cruel y feroz, con el guante de seda de las convenciones burguesas, de unas criaturas nada celestiales provocando letales efectos dominó en una familia de clase alta, habitante de una zona residencial.

La oscuridad que la recorre se alía con el más perverso humor. Pero las sorpresas y los golpes de efecto, con los que nos obsequia un guión más que malvado, no siempre son tales y, a menudo, se tornan previsibles. E incluso algo más grave, se agotan en sí mismas, como artefactos que se autoabastecen. Y entonces la crítica de clase, política… se confunde y banaliza. De todas formas, pese a todo, no deben perdérsela. No hay demasiadas oportunidades, en esta ciudad que penaliza tanto a su cinefilia, de vivir una experiencia fílmica semejante.