Archivo diario: noviembre 8, 2014

SEFF, XI Edición. Sección Oficial.Toma II. ‘Amour fou’: Estrellas fugaces

De esta ‘Amour fou’, coproducción germano-austriaca- luxemburguesa, dirigida por la guionista y realizadora Jessica Hausner – cosecha del 72, Giraldillo de Oro en el SEFF, 2010, por ‘Lourdes’… -; de esta ‘Amour fou’, decíamos, presente en Cannes y primera en proyectarse de las cuatro cintas de esta Sección Oficial dirigidas por mujeres, ha escrito Justin Chang en ‘Variety’ (fuente de FilmAffinity) que es “una comedia de salón de Jane Austen dirigida por Michael Haneke”.

Algo de eso hay – pues es rica en sugerencias, a la par que enteramente personal-   y también, según el comentario del crítico y amigo, Enrique Colmena, comparte algunos presupuestos narrativos con Aki Kaurismäki. Incluso quien esto suscribe le encuentra similitudes, en su luz y tratamiento del color, con ‘La marquesa de O’, de Eric Rohmer, obra muy citada en esta película, precisamente…

Y es precisamente así porque tiene como protagonista a su autor, el poeta romántico Heinrich von Kleist, del que la cinta hace una libérrima semblanza y de cuya muerte autoinflingida a los 34 años, se cumple el aniversario número 203 en pocos días. A partir de la historia real, cuyos personajes centrales coinciden en nombres y algunas circunstancias…, Hausner construye un relato singular, peculiar e intransferible, lleno de sabia e irresistible ironía.

Así pues, corre el año de gracia de 1811, en Berlín y el citado creador es presa del mal de vivir. De una incurable melancolía, que le lleva a desdeñar la existencia y alcanzar la inmortalidad a través del suicidio. Pero busca compañera para tan trágica tesitura hasta que, por una pirueta del destino y tras varios intentos fallidos, la encuentra.

La mirada de la directora sobre este asunto se posa sobre una ciudad,  un país, una clase y una época con sus convulsiones políticas, económicas y sociales, a ciertos descubrimientos de las ciencias del cuerpo y del alma,  a las que nos hace asistir a través de los salones aristocráticos que frecuentaba el autor. Ejemplificados en el hogar de la encantadora y tímida dama, una de las que corteja para tal fin, pese a estar ella casada y ser madre de una hija.

La mayoría de las secuencias se desarrollan en interiores, en veladas musicales – cuyos temas remiten también a la fugacidad de la vida – con la omnipresencia del perro de la familia – en casa de la tía del autor, también hay otr@…- y de la joven criada, atendiendo a las necesidades de sus dueños, callada y silenciosamente. Sólo una vez oiremos su voz.

Filmada con mimo, delicadeza y elegancia.  Dotada de un peculiar hieratismo que confronta al frenesí romántico y estiliza las rígidas convenciones sociales, incluyendo los roles de las mujeres en ellas. Mujeres, algunas, capaces de oponerse a las pretensiones autodestructivas del atormentado, pero egocéntrico y narcisista escritor. Con la figura de un marido, otro regalo de la realizadora, más que comprensivo. Y con un final, tan trágico como paradójico, que hubiera hecho las delicias de Stendhal.

Ineludible mencionar a todo el excelente reparto, a su irreprochable y hermosa puesta en escena, servida maravillosamente por la fotografía de Martin Gschlacht. Una película diferente y notable, llena de talento y encanto que no deben perderse.

SEFF, XI Edición. Sección Oficial. Toma I: La Casa Rusia…

La soviética ‘Leviathan’, de Andrey Zvyaingtsev , uno de los cineastas claves de su país, León de Oro en Venecia por ‘The return’ , venía precedida de las mejores referencias en Cannes, donde consiguió el Premio al Mejor Guión. Guión, por cierto, que firma el propio realizador junto a Oleg Negin.  Tiene 141 minutos de metraje, una notable fotografía de Mikhail Krichman y una enérgica y potente banda sonora de Philip Glass. Aunque muchas de sus escenas se resuelvan con el sonido ambiental, debido a Andrey Dergachev.

La historia sigue a un mecánico, casado en segundas nupcias con una mujer mucho más joven que él y que tiene un hijo de su anterior matrimonio. Vive en un pueblo costero, al norte de Rusia, en un entorno humilde, pero de enorme belleza. El alcalde del pueblo se vale de su posición y de triquiñuelas legales para arrebatarle los terrenos de su hogar y taller con el fin de explotarlos turísticamente. En su ayuda y para evitar tan indigna expropiación, llega un amigo, abogado de Moscú, con las ideas claras y muchas pruebas documentales contra el edil. Pero su presencia complicará aún más la situación.

Estamos ante un filme majestuoso e imponente, que bascula entre el drama, una feroz crítica política y los dardos envenenados, de una ironía demoledora, sobre un paisanaje que ahoga en alcohol, fuerza bruta y violencia, su frustración ante las desigualdades y el intolerable abuso de poder, representados en la corrupción y el matonismo de las fuerzas vivas y sus cómplices.

Ante un filme que retrata un paisaje de una enorme y abrupta hermosura, que se convierte en un personaje más. Ante un filme cuyo arranque, que combina sabiamente la profundidad de campo en planos sobre el entorno y las personas tan densos como estilizados, es tan sutil como explícito sobre el polvorín en el que se asientan esas vidas y, muy especialmente, el protagonista que no cede a las presiones, ni se rinde fácilmente.

Pero también ante un filme cuyas desmesuras y reiteraciones posteriores, sus trazos gruesos sobre el villano de la función y sus sicarios – si bien que pretendidamente satíricos – le pasan factura. Un filme que, paradójicamente, peca por defecto en las distancias cortas, en las que promete y no cumple. Que, pese a su grandiosidad y a la trágica historia que nos cuenta, no consigue emocionar – al menos, no a quien esto firma – más que en muy excepcionales momentos. Que describe un status quo muy patriarcal, sin condenarlo. Que contiene numerosos tics misóginos. Que niega la voz y la palabra a un personaje femenino que, de haber sido desarrollado, le hubiera conferido mucha mayor complejidad.

Que abandona sus matices y sutilezas iniciales en beneficio de excesos narrativos. No se le puede negar a su responsable valor y honestidad, ni interés a la película, pero hubiera sido lícito pedirle, además, mayores autocontrol, capacidad de sugerencia y carga autocrítica.