SEFF, XI Edición. Sección Oficial. Toma I: La Casa Rusia…

La soviética ‘Leviathan’, de Andrey Zvyaingtsev , uno de los cineastas claves de su país, León de Oro en Venecia por ‘The return’ , venía precedida de las mejores referencias en Cannes, donde consiguió el Premio al Mejor Guión. Guión, por cierto, que firma el propio realizador junto a Oleg Negin.  Tiene 141 minutos de metraje, una notable fotografía de Mikhail Krichman y una enérgica y potente banda sonora de Philip Glass. Aunque muchas de sus escenas se resuelvan con el sonido ambiental, debido a Andrey Dergachev.

La historia sigue a un mecánico, casado en segundas nupcias con una mujer mucho más joven que él y que tiene un hijo de su anterior matrimonio. Vive en un pueblo costero, al norte de Rusia, en un entorno humilde, pero de enorme belleza. El alcalde del pueblo se vale de su posición y de triquiñuelas legales para arrebatarle los terrenos de su hogar y taller con el fin de explotarlos turísticamente. En su ayuda y para evitar tan indigna expropiación, llega un amigo, abogado de Moscú, con las ideas claras y muchas pruebas documentales contra el edil. Pero su presencia complicará aún más la situación.

Estamos ante un filme majestuoso e imponente, que bascula entre el drama, una feroz crítica política y los dardos envenenados, de una ironía demoledora, sobre un paisanaje que ahoga en alcohol, fuerza bruta y violencia, su frustración ante las desigualdades y el intolerable abuso de poder, representados en la corrupción y el matonismo de las fuerzas vivas y sus cómplices.

Ante un filme que retrata un paisaje de una enorme y abrupta hermosura, que se convierte en un personaje más. Ante un filme cuyo arranque, que combina sabiamente la profundidad de campo en planos sobre el entorno y las personas tan densos como estilizados, es tan sutil como explícito sobre el polvorín en el que se asientan esas vidas y, muy especialmente, el protagonista que no cede a las presiones, ni se rinde fácilmente.

Pero también ante un filme cuyas desmesuras y reiteraciones posteriores, sus trazos gruesos sobre el villano de la función y sus sicarios – si bien que pretendidamente satíricos – le pasan factura. Un filme que, paradójicamente, peca por defecto en las distancias cortas, en las que promete y no cumple. Que, pese a su grandiosidad y a la trágica historia que nos cuenta, no consigue emocionar – al menos, no a quien esto firma – más que en muy excepcionales momentos. Que describe un status quo muy patriarcal, sin condenarlo. Que contiene numerosos tics misóginos. Que niega la voz y la palabra a un personaje femenino que, de haber sido desarrollado, le hubiera conferido mucha mayor complejidad.

Que abandona sus matices y sutilezas iniciales en beneficio de excesos narrativos. No se le puede negar a su responsable valor y honestidad, ni interés a la película, pero hubiera sido lícito pedirle, además, mayores autocontrol, capacidad de sugerencia y carga autocrítica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s