SEFF, XI Edición. Sección Oficial. Toma V: Beautiful people

“¿Para qué quieres ser Matisse, si ya eres Saint Laurent?” le pregunta Dominique Sanda a Gaspard Ulliel – en la ficción, madre e hijo – en esta biopic no autorizada del famoso modisto, frente a la versión ‘oficial’ de Jalil Lespert,  firmada por Bertrand Bonnello. O lo que es lo mismo, en este microcosmos chic y snob que retrata la película, un diseñador – por excelente y reputado que sea – equivale a un genio de la pintura… Definitorio.

Quien esto firma, se asomó a esta cinta con las expectativas derivadas de algunas referencias críticas y del hecho de ser la candidata a los Oscar por su país. Como también por la circunstancia, algo morbosa, hay que reconocerlo, de que el viudo, Pierre Bergé – industrial, mecenas, presidente de la Fundación YSL – les negara todo acceso a la documentación y archivos, así como a las colecciones, convirtiéndola en una cinta repudiada. Con, no nos engañemos, toda la publicidad añadida que este hecho conlleva. Por cierto, Bergé – pese a esta pataleta que, visto lo visto, no era para tanto – es un ciudadano interesante, comprometido con la izquierda y con el movimiento LGBT, que aquí aparece únicamente en su registro de hombre de negocios. Y de compañero fiel, por supuesto…

‘Saint Laurent’ abarca el período vital del protagonista en los años 60 y 70. Adicto al trabajo, a la belleza, a química y sustancias legales e ilegales, promiscuo y con una cierta inocencia perversa, se movía entre la adulación ajena, o la admiración sincera y con la fidelidad inquebrantable de l@s suy@s a quienes trataba tan cortés como egoístamente. Narcisista y egocéntrico, gustaba – a tenor del filme – de participar en fiestas interminables y glamourosas, donde el alcohol y otras drogas corrían con generosidad. También enclaustrarse en su casa museo o en su taller, sin solución de continuidad.

Puestas así las cosas, Bonnello muestra esta forma de vida, solo apta para privilegiad@s, en saltos temporales, con mínimas variaciones. Sólo un montaje paralelo en el que se contraponen las colecciones del diseñador con la efervescencia política  y popular del 68 en imágenes documentales de la época y del protagonista tiene un cierto interés. Lo demás es vacío, pompa de jabón. Con  una puesta en escena plana y reiterativa, carente de vitalidad, y un guión más que deficiente, que no desarrolla, ni hace evolucionar a los personajes, tratad@s como meros comparsas.

Esto, con un reparto tan prometedor, tiene delito. Tan sólo destaca Gaspard Ulliel, pese a lo esquemático de su YSL, y la escena de la estupenda Valeria Bruni Tedeschi. El resto, Léa Seydoux, Louis Garrel, la ya mencionada Sanda, más que desaprovechad@s. La inanidad más absoluta, con pretensiones de autoría y malditismo. Por cierto, elude la intimidad carnal o cualquier atisbo de relación sexual. Lo que, en un biopic como este, es tan sorprendente como chocante. Ustedes mism@s…

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