‘El caso Fischer’: Tableros

El enfrentamiento por el campeonato del mundo de ajedrez entre Bobby Fischer, el titular norteamericano, y Boris Spassky, el soviético, en 1972, en Islandia, no solo fue un acontecimiento deportivo de primer orden, sino toda una confrontación política en sí misma. Tuvo lugar en plena Guerra Fría entre ambos países y había mucho en juego.

Esta película da cuenta de tal acontecimiento, con los preliminares de los comienzos y la formación en dicho deporte del estadounidense siendo niño y adolescente, a la vez que va mostrando su difícil y compleja personalidad.

La firma el guionista, productor y realizador Edward Zwick, cosecha del 52. Tiene 114 minutos de metraje. Su escritura se debe a Steven Knight. La excelente fotografía es de Bradford Young y la vibrante banda sonora, de James Newton Howard.

Pongamos las fichas críticas sobre sobre los tableros políticos, deportivos y fílmicos. Zwick  ha apostado por una biografía nada convencional y lo ha logrado a medias. Desde quien esto firma, la segunda parte es mucho mejor que la primera. Pero también es cierto que tiene un guión sólido, que está bien narrada, que su factura es brillante y que usa los iconos de una época – aparentemente dorada, pero, en realidad, tan cruel… – para insertar al protagonista en su contexto histórico. Es legítimo, aunque podría haberse atrevido más.

Funciona como una película comercial digna y arriesga con la jugada de un retrato nada amable del personaje central – un prodigioso Tobey Maguire – tan genial como insoportable, tan lleno de talento como asocial, tan tiránico como arbitrario, tan brillante como desequilibrado. Antisemita, pese a ser judío, paranoide, fuertemente conservador y emocionalmente inestable. Con el agravio comparativo permanente del trato dado por la organización a sus rivales políticos y deportivos y una extremada sensibilidad auditiva, rozando casi la alucinación.

Quien esto firma, no sabe jugar al ajedrez y desconoce sus reglas. Aún así, encontró absorbente tanto la partida definitiva, como sus preludios . El realizador sabe implicarte con ese hombre tan genial como torturado. Te hace sentir lo que él percibe, pero nunca alienta la empatía con su comportamiento errático. Si acaso, el asombro y la inquietud, casi con las claves de un thriller.

Y cuenta con buenos secundarios-as. Especialmente con quienes interpretan a esos dos hombres, el religioso y el seglar, que le cuidan, le apoyan y le sufren. Magníficos Peter Sarsgaard y Michael Stulhbarg. A Liev Schreiber no se le dan demasiadas oportunidades de manifestarse. Ese es uno de los reproches. De acuerdo con que el filme está centrado en Fischer, pero habría sido muy interesante mostrar algunos rasgos de la personalidad del ruso, aquí un espejo irónico e inexpresivo donde se refleja su desquiciado competidor. Aunque su bello gesto final le haga digno y cercano.

Otro pero es en lo tocante a las mujeres. Tanto la madre como la hermana del protagonista fueron brillantes e inteligentes y aquí son apenas sombras, reducidas a meros esquemas. Y sobra absolutamente la chica prostituida con la que él se inicia. Sexista hasta decir basta.

Pero… con sus luces y sus sombras, hay que verla.

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