‘Elvis & Nixon’: Cara a cara

El 21 de diciembre de 1970, Richard Milhous Nixon, a la sazón presidente de los Estados Unidos de América, recibió en el Despacho Oval de la Casa Blanca a Elvis Aaron Presley, a la sazón la estrella más rutilante del rock universal. El mandatario poderoso frente al Rey.

No ha trascendido nada de la forma en la que se desarrolló la entrevista. Aunque sí su contenido, ya que el cantante quería una placa de agente federal encubierto para luchar contra los, a su entender, ciertos males de la juventud. Como la drogadicción. Y al político ese encuentro le serviría para remontar su ya maltrecha imagen.

46 años después, la productora y realizadora norteamericana Liza Johnson, cosecha también del 70, aborda esa efemérides haciendo ficción sobre lo que podría, o debería, haber ocurrido en el Día D y en las jornadas previas. Utilizando, además, a personajes reales del entorno de ambos protagonistas. El resultado es ‘Elvis & Nixon’.

86 minutos de metraje. Su estupendo guión lo firman Joey y Hanala Sagal y Carey Elwes. La excelente fotografía es de Terry Stacey y la sugerente banda sonora de Ed Shearmur. Tiene un impecable reparto, en el que luego nos detendremos.

La mirada de la directora no es ambiciosa, ni pretende serlo. Ni, mucho menos aún, una crónica de la década al uso. Pero deja entrever una  época atravesada por una generación contraria a una guerra injusta y experimentando con otros modos de vivir y con la psicodelia. Una época vista con una notable estrechez de miras por ambos personajes centrales. Ambos profundamente conservadores y patriotas en el peor sentido.

Liza Johnson hace una sátira irresistible de todo ello. Del empeño del cantante en organizar el encuentro, con la complicidad de un leal colaborador y de su único amigo de la infancia. De sus deseos de redimir a su país y a sus coétaneos-as de los peligros de las sustancias ilegales, mientras él mismo era un fanático de las armas y de las contiendas. Del impacto que provoca a su alrededor que le imposibilita salirse de su propio personaje. Aunque a veces- escena del aeropuerto… – le confundan con un mal imitador…

Pero también de un presidente torpe, obtuso y en sus horas bajas -de hecho, dimitiría cuatro años después, por el escándalo del Watergate – contemplado con sorna y resignación por sus dos más directos colaboradores, quienes ven en el encuentro una oportunidad de oro para subir su popularidad. Sobre el estricto protocolo que el Rey se salta en una entrevista descacharrante y sobre el choque de dos personalidades, a la vez tan afines y tan ajenas.

Divertida, irónica, brillante, cáustica, bien narrada y filmada, sutil, llena de observaciones críticas e inteligentes. Maravillosamente interpretada por un reparto en estado de gracia. Un reparto del que destacamos a dos actores eminentes, Kevin Spacey y Michael Shannon, que nos regalan un cara a cara extraordinario.

Pues esta película, que hubiera merecido mejor suerte, desaparece mañana de la cartelera. Así, que tienen solo hoy para verla o intenten hacerlo por otras vías. Pero no se la pierdan.

 

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