‘El repostero de Berlín’: Dulces y duelos

Con películas como esta, se recupera el placer . y no solo el compromiso de estar al día y escribir sobre ello – integral de ver cine, a nivel sensorial, intelectual y crítico. Con películas como esta, que tiene una factura impecable y una puesta en escena elegante – en la que lo sugerido, el fuera de campo, las elipsis, los fundidos en negro son tan, o más, importantes, que lo mostrado – las expectativas no son defraudadas. Con películas como esta, que no engañan, ni hacen trampas, no puede sentirse el morbo culpable de ciertas perversiones cinéfilas.

Con películas como esta – producción alemana, fechada en 2017, de 104 minutos de metraje, ópera prima escrita y dirigida por el israelí afincado en Alemania Ofir Raul Graizer, cosecha del 81, bellamente fotografiada por Omri Aloni y con una muy buena partitura de Dominique Charpentier – tu atención no se dispersa, sino que se fija en la pantalla desde el primer minuto.

Con una historia como la que retrata – un joven repostero alemán, que entabla una relación con un ingeniero israelí, que muere en accidente, y que decide ir a Jerusalén para integrarse, sin desvelar su identidad, en la vida y en la familia, mujer y un hijo del desaparecido, en la pastelería de ella revelando su talento como repostero y chocando con los rígidos principios religiosos del cuñado, hasta que… – sino cómo la retrata.

Así es. cómo la cuenta. Sin dar más datos de los precisos en un arranque muy minimalista y sobrio, hasta que van desvelándose, paulatina y progresivamente, antecedentes y secretos imprescindibles que permiten recomponerla íntegramente y en toda su complejidad. Que te permiten un acercamiento a los protagonistas – excelentes Tim Kalkhoff y Sarah Adler, tan parecida a Charlotte Gainsbourg… – y una crítica al fundamentalismo judío nada complaciente  encarnado muy bien por el detestable personaje de Zohar Strauss.

En esta entrada no va a revelarse nada de la trama, más que la mínima sinopsis anteriormente citada. Pero sí que da cuenta del duelo, tan diferente, de dos hermosas personas, diversas y afines, en el que la una pretende acercarse a la otra vida del amante perdido para siempre y la otra, que sabe y que ignora, recuperar su vida afectiva. Con las difíciles relaciones germano-israelíes y una deliciosa repostería prohibida de fondo. Y ese final…

Quien esto firma, les recomienda encarecidamente que no se pierdan esta hermosa, sensible, diferente, sutil, delicada y emotiva película. No lo lamentarán.

 

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