‘Marsella’: Dos madres…

 

Belén Macías, cosecha del 70, es guionista y realizadora de cine y televisión. Esta que nos ocupa es su segunda cinta tras ‘El patio de mi cárcel’, fechada en 2008. Describe a su última propuesta como “la lucha de hasta donde serías capaz de llegar por una niña” y también como “una película muy agradable de ver, con una visión optimista, que narra la España de hoy en día; con personajes que buscan una identidad, una forma”. En declaraciones a La Gacetadesalamanca.es

La historia, que escribe la directora junto a Verónica Fernández y Aitor Gabilondo, es una mezcla de drama y road movie en la que dos mujeres se disputan la custodia de una niña. Un viaje a Marsella en busca del padre biológico de esta marcará un punto de inflexión y una salida inesperada a un conflicto duro y doloroso.

Arranca con un hecho consumado. Con una decisión asumida. Con una menor desconcertada y apática en un entorno ajeno a ella. Con un acusado contraste educacional entre una y otra, a favor de la niña y de expresividad a favor de la mujer. A partir de ese desconcierto inicial, se nos van dando las claves de una situación anómala que va evolucionando ante nuestros ojos, así como ante la mirada de la hija disputada que desarrolla, contra todo pronóstico, unos lazos de afecto y de complicidad con quien es su madre biológica y cuya patria potestad le fue retirada.

Pero la rival en el amor y en la custodia de la pequeña está ahí, se hace presente y vamos comprendiendo algunas cosas… Y el itinerario hacia la ciudad francesa de las tres, con sus incidencias, encuentros, desencuentros y el inesperado desenlace al llegar a su destino, marcarán para siempre un antes y un después en sus vidas. Hasta ahí, esquemáticamente planteado, el desarrollo narrativo de este relato. Un relato que cuenta con una factura cuidada y que alterna momentos veraces y eficientes, tanto dramáticos como cómicos, y que intenta eludir con humor, bien que agridulce, el dramón de sobremesa en el que, en otras manos, hubiera incurrido.

Una vez escrito esto, es de justicia, resaltar sus trampas sentimentales  a favor del personaje de María León – que está muy bien, aunque algo excesiva en ocasiones – y contra el de Goya Toledo – que está desvaída, porque carece de entidad y de voz propia – al que maltrata innecesaria y demagógicamente, en un clasismo de sentido inverso y populista que le sobra. La presencia y el buen hacer de Eduard Fernández, siguiendo con el reparto, siempre son valores seguros. Y la revelación de la niña Noa Fontanals, estupenda y llena de matices, que le puede reportar una candidatura a los Goya. Además el guión tiene agujeros, no sitúa la historia en su contexto y elude datos que deberían saberse o mostrarse, dándolos por sugeridos y no… Y ese final… innecesario y efectista.

Con todo, estamos ante una cineasta a seguir y ante una película digna que no insulta la inteligencia.

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