SEFF, XI Edición. Sección Oficial. Toma XII. ‘Mr Turner’: La vida imita al arte

La cita que titula esta crónica es del genial Oscar Wilde tomada de su célebre ensayo, ‘La decadencia de la mentira’. Y tal aserto podría aplicarse también a la obra del biografiado en esta película del prestigioso realizador británico Mike Leigh. Un cineasta de probado talento hace un retrato diferente de uno de los grandes genios de la pintura. Diferente e incluso desconcertante.

Porque no es hagiográfico, ni al uso. Porque describe a su protagonista con un naturalismo, que no oculta incluso sus aristas más toscas y groseras. Porque lo desvela en sus miserias. Como en su relación con su criada, basada claramente en el abuso de poder, aunque ella le dejara hacer. En sus egoísmos, como en su relación con su ex mujer y sus hijas, a las que desprecia, y de las que se hace un retrato caústico y divertido. O en sus devociones y lealtades, como la que mantuvo con su padre, un referente imprescindible en su vida.

Pero también con sus colegas, hacia los que sentía tanto respeto como ambivalencia. Los mismos que ellos le dispensaban a él. Pero también con la Academia, por la que fue tan consagrado como repudiado. Pero también en su búsqueda incansable de paisajes, de costas, de mares y navíos, entre otras materias creadoras. Pero también en su rechazo a comerciar con su arte y en su inveterada firmeza en ceder su obra a su país. Pero también en su negativa a dormirse en los laureles y en su decisión de seguir innovando, pese al rechazo de su entorno y de su época. Pero también en su genio de precursor del impresionismo y hasta de la pintura abstracta.

Mike Leigh ha registrado, escrito y filmado, muy bien todas estas señas de identidad del hombre y del artista, encarnado por un portentoso Timothy Spall, Mejor Actor en Cannes, y con el incontestable buen hacer del resto del reparto. Con una banda sonora, que subraya y no se impone, de Gary Yershon. Con una prodigiosa fotografía de Dick Pope que refleja la luz, el color y los matices de un creador único e irrepetible. Con una producción muy cuidada y una suntuosa puesta en escena. Con un equipo técnico sobresaliente.

Pese a todo ello, le sobra metraje y no es, desde la opinión de quien esto firma, su película más redonda. Aunque, desde luego, está más que claro que no hay que perdérsela.

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