SEFF, XI Edición. Sección Oficial. Toma XVI. ‘Le meraviglie’: Naturalismos…

 

Quien esto firma, preguntó a la realizadora de esta cinta, coproducción entre Italia, Suiza y Alemania  – Gran Premio del Jurado en Cannes y Premio Especial del Jurado en este Festival -, Alice Rohrwacher, si no consideraba maltrato animal – en una película, incluida también en la Sección Europa Junior – el que sirviera, como regalo y diversión para las niñas de la historia, un camello al que, además, mantuvieran atado a  una suerte de rueda giratoria. Sin contar con las abejas, que de ellas hablamos luego. Todo ello, pese al rótulo de que ‘No se ha maltratado a ningún animal durante el rodaje’, al final de los títulos de crédito. Pero el mensaje de la ficción es justo el contrario. Salió por la tangente…

Pero no lo hizo cuando quien esto firma le preguntó por la complaciente mirada con la que finalmente suscribe el comportamiento del padre tiránico de su historia. Un padre patrón tiránico y explotador con sus hijas y especialmente con la mayor, presente en el Certamen, y Mejor Actriz, ex aequo con la Arielle Holmes,  de ‘Heaven knows what’. A eso sí respondió que “le parecía un hombre justo” y “que se identificaba mucho con él”.

La directora posa una mirada nostálgica y algo esquemática, aunque bellamente mostrada, sobre el crepúsculo de una forma de vida rural, representada en esta familia de apicultores con cuatro hijas. Posa una mirada sentimental y tópica sobre un orden de cosas patriarcal y explotador de especies no humanas, comenzando por las propias abejas. Posa una mirada crítica, pero llena de clichés, sobre los mass media que contaminan la elemental inocencia de quienes subsisten, contra viento y marea, en pequeños núcleos no urbanos, de sus propios recursos.

Una verdadera pena, para quien esto firma. Que no para el filme, que ha sido consagrado ya con muy importantes reconocimientos, entre los cuales el de este Festival. Una verdadera pena, porque le falta carga de profundidad y autocrítica y le sobran sentimentalismo y autocomplacencia. Una verdadera pena, porque generaba las máximas expectativas y sabe retratar bien la intimidad del núcleo familiar, incluida la llegada del nuevo miembro. Una verdadera pena porque acierta con el retrato de la mujer y las niñas. Porque el reparto funciona muy bien. Una verdadera pena, porque se estrella con su óptica sobre el equipo televisivo…

Pero juzguen ustedes mism@s cuando se estrene y véanla.

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