No solo cine. El CAL en Infanta Elena: Insomnios personales y urbanos…

Un espacio de lectura y cultura absolutamente desbordado, con una aplastante mayoría de mujeres. El de la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla, que ha albergado esta tarde-noche la multitudinaria presentación del libro de Elvira Lindo, ‘Noches sin dormir’, organizado por el Centro Andaluz de las Letras, CAL. Con un Antonio Muñoz Molina, en primera fila, muy respetuoso, discreto y atento, al par que divertido. Y con una cómplice y estupenda interlocutora- guía – más que presentadora al uso – Pilar Lacasta.

¿Como consignar lo dicho en  esta hora y media, teniendo como referencia una memoria imperfecta y unos apuntes caóticos, tomados sobre la marcha, y casi ininteligibles? Intentándolo, pese a todo. Desordenadamente y con algo de concierto. Procurando resaltar lo más sugerente y estimulante, de una velada, por lo demás muy agradable en la que las sonrisas, cuando no las francas carcajadas, fueron la tónica.

Así se comentó que el libro debería haberse titulado ‘Último invierno en Nueva York’, pues son las vivencias de este periodo, plasmadas en una suerte de diario.  pero que la autora no quiso porque ‘no quería que se acercaran a la ciudad así’, sino ‘por la forma tan peculiar que  tiene de mirar’. Que es más fácil ver el comienzo de las cosas y más duro su final, como escribía Joan Didion,  una de las tres citas del libro.

Corroborado por la protagonista, en su experiencia con La Ciudad. Llegar a un sitio, tan internacional, entender su cultura… genera ilusión. Pero, al cabo de 11 años, se siente que eso se ha acabado. Pues ya eres ciudadana, no turista, y ese, además, fue un invierno realmente crudo. NY es excitante, embaucadora, pero… vivir allí rompe el hechizo, el sueño. Por eso, quiere volver a recuperarla como viajera.

La segunda cita es de Oliver Sacks que dice, más o menos, que la urbe está bajo el síndrome de Tourette, pues la gente sale a la calle y muestra lo que es, con sus rarezas y compulsiones. Y la tercera, de Boris Pasternak, muy en línea con su insomnio neoyorquino, ‘No te duermas y escribe’. A fe que ella lo hizo… Lo ha hecho pidiéndole a sus lectores que respeten este ejercicio de sinceridad en voz baja, como las confidencias amistosas. Este ejercicio de introspección sencillo y poético, que confía en que se lea bien, sin banalizarlo.

Sin banalizar sus retratos de la Gran Manzana y sus personajes. Como la descripción de sus nuevas costumbres para hacerse con tal espacio y crear vínculos allí. Como  su intensa  experiencia emocional, confesándose ante el cassette de una profesora de Harvard, que no grabó, y ya no podía repetirse de la misma manera.

Como el hecho de practicar, en lo posible, su propio lema de que ‘no hay que decir no a nada en esta vida’, aunque crea que muchas experiencias son mejores leídas que vividas. Como ese invierno poblado de personajes tan conocidos – Cólm Tóibín – como anónimos a los que, en un taller, animó a relatarse. Como la gente tan cansada en la vida subterránea del metro, tan importante como la de la intemperie. Como el saberse privilegiada, cubierta y respaldada sanitaria, legal, afectiva y económicamente.

Como el hecho de que le dijeran que sabe narrar, describir y transmitir. Que tiene un olfato especial para ver a las personas comunes, con vidas que merecen ser contadas. Como que tuvo que moderarse, se lo pidió él mismo, para no hablar demasiado de Antonio M. M. Como que le admira, entre otras muchas cosas, por ser tan buen pedagogo. Al contrario que su padre, otro hombre imprescindible y muy presente. Como el exótico, por extraño y fuera de contexto, mitín de Pablo Iglesias en Queens, en una noche helada.

Como que, de tan cambiante, y de tantos comercios como cierran, la ciudad pierde identidad. Como lo difícil que es crear lazos allí y de ahí la fuerza de sus movimientos vecinales. Como que su trabajo es tan especial que muchas amistades, y hasta, a veces, ella misma no lo considera como tal.

Como que es asertiva asumiendo sus culpas, porque tiene un sentido de la justicia muy desarrollado. Como que escribiría, como tantos-as colegas de antaño, en los cafés si pudiera. Como que viajar puede ser un horror, una experiencia agotadora y sobrevalorada, pues hay una ansiedad generalizada ‘por querer estar en todas partes’. Como que es menos arriesgado hablar sin tapujos de NY que de Madrid. Como que, según otra frase, “ahora estamos aquí para ser los recuerdos de nuestros hijos”…

Amén, Elvira Lindo. Gracias sean dadas a ti, a Pilar Lacasta, al CAL y a la Biblioteca Infanta Elena, por esta velada. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

 

 

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