No solo cine. El CAL en Infanta Elena: Las personas de Jaime

En el más bien reducido salón de actividades de la Biblioteca Pública Infanta Elena de Sevilla no cabía, en esta tarde-noche del 22 de febrero, ni un alfiler. La asistencia desbordaba el aforo, hasta tal punto que hubo de ampliarlo con sillas y banquitos. Aún así, hubo personas de pie.

La expectación estaba plenamente justificada con la presencia del escritor Luis Antonio de Villena, quien disertó sobre ‘Vida y poesía en Jaime Gil de Biedma’, dentro del ciclo de conferencias sobre este autor, de cuya muerte se cumplió recientemente el vigésimo sexto aniversario.

La introducción de la directora del centro apeló al desaparecido y señero Club Gorca hispalense, para recordar la presentación de un joven de Villena entonces. Y el director del CAL, Juan José Téllez, le reconoció su ética al no asumirse, aún siéndolo, amigo íntimo del poeta ya que, tras su fallecimiento, hubo una inflación de quienes manifestaron serlo.

El ponente, culto, cultivado, brillante e ingenioso, nos deparó un retrato poliédrico del protagonista. O, como en el título de su libro sobre él, retratos con flash. Por aquello, según reconoció, de que sus encuentros – pues no se citaban, sino que coincidían en sitios comunes  – tenían lugar, de preferencia, por la noche.

Noctámbulo empedernido, Gil de Biedma gustaba de ‘bares del final’, con ese público tan peculiar, para lo mejor y para lo peor. Solía retirarse cuando los demás se levantaban, pero no descansaba sino que, tras la ducha, se iba al trabajo, que ejercía de forma seria y responsable.

Este aspecto, reseñado por de Villena, como ‘de oficinista de alto nivel’ en la empresa familiar de tabacos de Manila, era parte de su duplicidad a lo Jekyll y Hyde. O lo que es lo mismo, ‘ejecutivo de día y transgresor por la noche. Tenía ‘estirpe de vividor’ y uno de sus lemas era vivir, amar y agotar la nocturnidad y la alevosía.

Y a fe de que se dió cuenta, en esta estimulante velada, de sus aventuras y erótica, narradas con ingenio y sentido del humor. Porque “pensaba que la vida solo se vivía en la juventud”. Como cuando escribió ‘Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma” o los ‘Poemas póstumos’, o ‘De senectute’, al cumplir 50 años… El hombre vive, pero el personaje ha muerto al haber perdido la juventud.

En cuanto a su obra, algo similar. Breve, pero intensa. Nada hermética. Legible, pero muy elaborada. Una voz personal y un gran talento, que no quiso repetirse y al que su modus vivendi tampoco le permitía la disciplina y el tiempo necesario para la escritura. “Yo he sido poeta, pero hubiera preferido ser poema”. No dejó ni uno inédito.

La enfermedad que le mató, el sida, con 60 recién cumplidos, el 8 de enero de 1990, la contrajo en Nueva York cuatro años antes. Haciendo gala de esa doble personalidad, tan atrevida como reservada, no le confesó a casi nadie la naturaleza de su mal. Lo disfrazó de enfermedad tropical, aunque la verdad era vox pópuli.

En sus últimos tiempos, solo permitía que le vieran, y le cuidaran hasta el final, Ana María Moix y Joaquina Hoyas, la mujer de Juan Marsé. Ni siquiera Terenci. Nadie más. A él le pedía, sobre todos, películas del inolvidable tándem Dietrich-Von Sternberg.

Las personas de Jaime… Gracias sean dadas a Luis Antonio de Villena, al Centro Andaluz de las Letras y a la Biblioteca por tal tributo a un autor excepcional y a un hombre tan complejo como fascinante. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s