‘El recuerdo de Marnie’: Desolación

El Ghibli es un estudio japonés de animación, considerado uno de los mejores del mundo en su especialidad. Ha realizado más de veinte películas dirigidas, en su mayoría, por sus fundadores Isao Takahata y Hayao Miyazaki, recientemente jubilado. El viernes pasado se estrenaron, en versión original subtitulada, los dos últimos títulos de una factoría, que está en trance de reestructuración y que, por el momento, no volverá a producir largometrajes. Fechados en 2013 y en 2014. Son, respectivamente, ‘El cuento de la princesa Kaguya’, del mencionado Isao Takahata y ‘El recuerdo de Marnie’, de Hiromasa Yonebayashi.

Ambas nominadas a los Oscar 2014 y 2015, respectivamente, en su especialidad, esta entrada se centra en la segunda de ellas, última realizada por Ghibli. 103 minutos de metraje. Su guión lo escribe Niwa Keiko y Ando Masahi, sobre el libro de Joan G. Robinson. Su partitura se debe a Takatsugu Muramatsu. La historia sigue a una chica triste y solitaria, que es enviada por sus padres adoptivos a un lugar especial, con una pareja particular, en cuyo paisaje de dunas y en una casa misteriosa tendrá un encuentro decisivo.

Quien esto firma, ha admirado en ella, no solo su sensibilidad, sutileza y lirismo, sin tentaciones sentimentaloides, sino su manera de describir honesta y valientemente una depresión profunda. Una depresión profunda en una niña,  que no se disfraza de tristeza pasajera, sino que cursa con una autoestima, por llamarla así, bajo mínimos y va a la raíz de lo que la protagonista siente como un abandono primigenio.

Resulta lacerante contemplar a una criatura tan valiosa, pero tan torturada, que tiñe de oscuridad cuanto ve e interpreta de la peor manera posible las conductas ajenas. Como inteligente contrapunto, esos anfitriones tan peculiares que la dejan a su libre albedrío y nunca la juzgan. O esa madre adoptiva, tan tierna y portadora de algo oculto que le pesa en su bondadoso corazón. Pero también esa otra niña, ella sí, la dueña del secreto y  los orígenes. Cerrando el círculo.

Un hermoso cuento para personas de todas las edades. Una historia triste y esperanzadora. Poética y emotiva. Dulce y amarga. Tan onírica como realista. Con un clima y una atmósfera que los trazos subrayan, junto al protagonismo de un paisaje y una casa tan especiales. A quien esto firma le ha llegado al corazón y les recomienda que no se la pierdan.

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