‘La reconquista’: Principiantes

En estos días aciagos de duelo, quien esto firma no está precisamente muy boyante para acometer el trabajo que conlleva una crítica. Circunstancia por la que pide disculpas de antemano por esta y por otras que vendrán… Pero no podía dejar de escribir, como le ocurriera con ‘El porvenir’, de Mia Hansen-Love, sobre esta rara y singular ‘La reconquista’. Firmada por otra rara avis en el panorama cinematográfico español, Jonás Trueba, cosecha del 81.

En esta pequeña y notable película, de 108 minutos de metraje, escrita por su responsable, muy bien fotografiada por Santiago Racaj y con temas musicales variados entre los que destacan poderosamente los de Rafael Berrio – sobre todo el hermoso tema ‘Principiantes’ que da título a esta reseña – el realizador vuelve a incidir en las relaciones sentimentales y el paso del tiempo. Ello a través de la historia de dos jóvenes que, tras vivir su primer amor siendo adolescentes, se reencuentran quince años después.

Viéndola como es, tan rohmeriana, tan europea, tan plácida, tan aparentemente sencilla y tan compleja, disfruta una de la sensación de estar en otro país, en un microcosmos diferente. Nada hay en su puesta en escena o en su narrativa de costumbrista, de chillón, de obvio, de artificioso, de subrayado y todo, en cambio, de sutileza, de elegancia, de ironía, de serenidad y, sí, incluso de clasicismo. De un clasicismo muy sui géneris, desde luego.

Así, es. Por caminos no trillados, pero tampoco transgresores al uso, nos va regalando observaciones líricas, poéticas y lúcidas sobre la educación, y el desconcierto, sentimental de su generación. Sobre el tiempo romántico, que se conjuga en presente y en pasado  simultáneamente.

Nos enfrenta a las elecciones que hacemos y sus consecuencias. A la nostalgia, frente a un proyecto de vida civilizado y estable. A la seguridad, frente a las desordenadas convulsiones de la emoción y del deseo… A un final abierto y sugerente.

Todo ello servido por un reparto que desprende naturalidad, verosimilitud y saber estar y hacer. Muy bien ese varón atípico, como todos los de la marca de la casa, que representa Francesco Carril. Otro secundario, el ya citado Rafael Berrio. Pero aún mejores las mujeres. Estupendas Itsaso Arana y sabe a poco la presencia de Aura Garrido y los-as adolescentes…  una delicia.

Una delicia, sí, y una pequeña joya que no deben dejar escapar.

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