‘Verano en Brooklyn’: Cuando tienes 13 años

Ira Sachs, estadounidense de la cosecha del 65 – guionista y realizador integrado y reconocido dentro del cine independiente, en cuyo currículum están ‘Keep the lights on’ y ‘Love is strange’ – aborda otra historia intimista en esta película que nos ocupa, de obvio y absurdo título castellano para ‘Little men’ (‘Hombrecitos’).

Precedida de excelentes críticas, narra la historia de dos chicos preadolescentes de distintas extracciones sociales, aunque muy afines, que acaban siendo vecinos y amigos, pero cuya relación es puesta a prueba por el alquiler de una tienda que enfrenta a la progenitora de uno con el padre, la madre y la tía del otro.

Aunque, se insiste, sus referencias son mayoritariamente positivas y su visión muy recomendable, quien esto firma lamenta discrepar con opiniones tan autorizadas. Y no es que no le reconozca sus valores de atrapar momentos de vida; de su ausencia de maniqueísmo al contemplar a personas, cargadas de razones, en conflicto sin que se muestre – aunque algo de eso hay – un enfrentamiento de clases al uso.

Y no es que no le reconozca la naturalidad – sin paternalismo, ni exasperaciones – con el que están retratados no solo los adolescentes protagonistas – excelentes Theo Taplitz y Michael Barbieri -, sino sus entornos y ambientes, singularmente en las clases y  en los ensayos y representaciones teatrales. Y no es que no le reconozca su ausencia de crispación, aunque también de ironía, en la visión de las relaciones adultas.

Sí, pero… Se echan de menos el humor crítico y la causticidad, no solo fogonazos que saben a poco. Se echan de menos  unas mayor coherencia y ritmo narrativos, lo que lleva a una dispersión en sus tramas, que  pierden tanto interés como intensidad. En efecto, su tratamiento es tan ecléctico, por decirlo así, que equipara lo fundamental con lo accesorio, lo relevante con lo banal. De hecho, para quien esto firma, se entretiene más en lo segundo que en lo primero.

Se echa de menos una conclusión más potente y reveladora. Tanta sutileza le pasa factura. Sorprende también que al personaje perdedor, la estupenda Paulina García, se la refleje de forma tan antipática. Y que se desaproveche al del siempre competente Alfred Molina. Por otra parte, muy buenos trabajos de Greg Kinnear y Jennifer Ehle, mucho más matizados que los de su oponente.

85 minutos de metraje. El guión lo escriben Sachs y su habitual Mauricio Zacharias. La fotografía, muy cuidada, es de Óscar Durán. La música, algo cansina, de Dickon Hinchliffe. Escrito y reiterado queda que, con sus pros y sus contras, debe verse.

 

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