‘Después de nosotros’: La economía de la pareja

En Sevilla ahora, afortunadamente, pueden verse un mayor número de películas diferentes, no comerciales, transgresoras o minoritarias también en su versiones originales. Pero solo en algunos días y sesiones. Pero se proyectan en horarios no siempre asequibles. Pero suelen durar poco… Este es el caso de esta coproducción de Bélgica y Francia que nos ocupa, que solo tiene un pase a las 22.15. De entrada, si esta reseña les convence, intenten hacerse con ella por otras vías.

100 minutos de metraje. Firmada por Joachim Lafosse, cosecha del 75, con  ‘Perder la razón’ y ‘Los caballeros blancos’ en su haber. El guión se debe a él mismo, junto a Fanny Burdino, Mazarine Pingeot y Thomas van Zuylen. La fotografía, a Jean-François Hensgens.

‘Después de nosotros’ es otro desafortunado titulo castellano para el mucho más preciso original ‘L’economie du couple’, o lo que es lo mismo, La economía de la pareja. Porque en este drama familiar, tan contenido como catártico, es, precisamente, el factor económico lo que mantiene la forzada convivencia de una pareja con dos hijas separada de hecho, pero que no ha firmado el divorcio.

Y no lo ha hecho por desacuerdos materiales. Una ha comprado el hogar conyugal, y el otro, sin trabajo, lo ha reformado. Ninguno se pone de acuerdo en la cantidad justa que debe percibir como resultado de su venta. Luego, el estancamiento de la situación es progresivamente más perverso, enconado e insidioso.

Lafosse dirige una mirada tan compleja como demoledora a una cohabitación insostenible cuando esa cosa llamada amor se acaba. Levanta un impío registro, sin efectismo alguno, de la descomposición resultante, con todo su cortejo de iniquidades. Peor aún, en este caso, cuando las personas adultas no están solas y hay dos menores sufriéndolo. Y lo hace valiéndose de una puesta en escena y un tratamientos elegantes, sugerentes, duros y claustrofóbicos.

Pero no iguala a los contendientes… Aunque al principio, él aparece como mucho más flexible, permisivo y encantador ante el-la espectador-a y ante sus propias hijas, frente a la estricta rigidez de ella. Algo evidente, sí, aunque el director no se permite ese cliché y ahonda en las razones. Entonces nos hace mirarlo con otros ojos y le vemos también como alguien irresponsable, intrusivo y dependiente, mientras que ella intenta ordenar su vida y la de sus hijas, siendo más autónoma y consecuente, luchando por su espacio y por su tiempo en la prisión doméstica que ambos sufren.

Un gran tour de force interpretativo entre Bérénice Bejo y Cédric Kahn, acompañados por las estupendas Jade y Margaux Soentjens y la no menos estimulante presencia de Marthe Keller. Lo dicho, háganse con ella y véanla.

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