Algunas miradas de mujer en el SEFF 2020. Revoluciones Permanentes, ‘Tal día hizo un año’: Calma chicha

¡¡¡Qué Festival tan raro, tan presente y tan ajeno, le ha tocado vivir a esta firmante en esta edición en la que el maldito virus maldito es el gran protagonista; qué Festival tan insólito, tan inesperado, seguido desde su propia casa, a través de una plataforma- bendita sea – sin pantallas grandes, ni colas, sin Sección Oficial, ni EFA, ni Panorama Andaluz…, con ausencias irreversibles y sin la intensa inmersión en sus propuestas que le resultaba tan agotadora como estimulante!!!

Mucho más descansado eso sí. Pudiendo tomar notas, parar, volver hacia atrás, revisar, estar más atenta a los visionados, elegir los horarios cómodamente pero… no es lo mismo.

Volviendo al tema de esta entrada, hacer constar que la película que nos ocupa es una coproducción entre Alemania, España y Suiza, fechada este año y de 71 minutos de metraje. Que la escribe y la filma Salka Tiziana, cosecha del 92, nacida en Berlín y criada en Barcelona, de la que es su ópera prima. Que la fotografía con excelencia Tom Otte y que su banda sonora experimental, que apenas si se deja oír, se debe a Plastiq.

Que su reparto no es profesional – aunque sí muy convincente: Pilar del Pino, Amalia Amián del Pino, Jon y Ole Bader – salvo en lo que respecta a Melanie Straub. Que su historia – que le debe mucho a los recuerdos infantiles de su realizadora – sigue a una mujer alemana que viaja con sus hijos gemelos de nueve años hasta Sierra Morena, donde esperan encontrar al marido y padre. Pero el vuelo de éste se retrasa y han de quedarse con las suegra y cuñada, abuela y tía, que viven juntas, con las que les tocará compartir un verano insólito.

Que tiene una mezcla de formatos, incluyendo el digital. Que tiene una mirada casi documental, en el que las personas, incluso los protagonistas, aunque en menor medida, son casi un apéndice del paisaje. Que la calma chicha de un inclemente estío con las chicharras de fondo, ciclistas despistados, vacas pastando, perros ladrando, excursionistas en barca por un embalse, el agua que escasea, maniobras de tiro cercanas… esperando a un ausente que no se materializa está rodada de una manera en la que lo esencial queda casi siempre fuera de campo.

Que nada es convencional en ella, aunque la puesta en escena sí nos resulte familiar, con esos planos fijos y esquinados o amplios y majestuosos. Que apenas si tiene diálogos porque, entre otras cosas, los personajes centrales no comparten idioma.

Que nos permite ver la frescura, la energía y la vitalidad de los niños frente a la timidez y el desapego de las tres adultas. Que el paso del tiempo, las horas del día, los cambios de luz y la situación tan peculiar de ese grupo humano unidos por lazos de sangre y parentesco, extraño en todo lo demás, con el único vínculo de quien no está son observados de una manera tan distante y minimalista como intensa. Que…

Déjense incomodar y llevar por ella, dejen que les rompa los esquemas narrativos y el tratamiento de fondo y forma que tengan en su adn cinéfilo y véanla.

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