‘La Palabra y la Imagen’. Temporada 4: Tributos

La sesión inaugural de 2016 de La Palabra y la Imagen ha sido, de nuevo, esta tarde-noche todo un éxito de público. La ocasión, las películas, el crítico invitado y el largo paréntesis tras las vacaciones navideñas, lo merecían. Las preciosas fotos, que debemos a Vita Lirola, Victoria y Pepe Iglesias, que ilustran este texto pueden dar la medida de la multitudinaria asistencia y del inmejorable ambiente que preside este y cada encuentro.

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Comenzamos por el primer tributo de la noche. El debido al inolvidable amigo y periodista reciente y repentinamente desaparecido, José Luis Jurado, Pepón. Precisamente hoy se cumple un año de su intervención en la tertulia. En tal ocasión, nos regaló su erudición enciclopédica, sin rastro de pedantería, su pasión por el cine, la pintura y el arte, en general, glosando ‘Mr Turner’, de Mike Leigh y ‘Big eyes’, de Tim Burton. Una verdadera lección magistral de crítca – ¡¡¡ inolvidable siempre en el SEFF, en las sesiones y en las ruedas de prensa!!! – de radio, de periodismo y de vida. La fuerte y cerrada ovación, que atronó la sala de actividades de la librería donde nos reunimos, en su recuerdo, demostró con creces cuanto se le quería y cuanto vamos a echarle de menos.

Todo un lujo y un honor ha sido contar con Antonio Acedo, periodista y fotógrafo Premio Andalucía de Periodismo y de Periodismo y Salud. A través de su empresa, Ocnos Comunicación, dirige la prensa en el SEFF y ha hecho y hace producción audiovisual para la Bienal de Flamenco, de la gira de Les Luthiers, Letras Capitales del CAL o la Feria del Libro, entre un largo etcétera. Su brillante introducción de cada una de las tres películas en debate basculó entre dos ejes principales a la hora de analizarlas, pertinencia y credibilidad.

A partir de ahí, comenzando por la versión de ‘Macbeth’, de Justin Kurzel, se incidió en su puesta en escena. En su uso, a la vez naturalista y estilizado, del paisaje, del color, ese rojo…,  de la oscuridad, como un elemento dramático más. Una digna versión que no desmerece ante las de Welles, Polanski o Kurosawa. Que introduce novedades formales y de texto, tan acertadas como discutibles. Potente, intensa, magnética, sangrienta – esas batallas, esos crímenes – pero también plana y demasiado polarizada en el protagonista, un espléndido Michael Fassbender, que desdibujaba otros.

Sobre su personaje femenino, división de opiniones. Gustó que se la matizara, pero perdió potencia y garra. Cotillard bien para la mayoría o algo deficiente para otros-as. Acuerdos sobre las brujas, tan cercanas e inquietantes. Algo menos claro el final y lineal su tratamiento de los actos. Pero, en general, interesó bastante.

‘Sufragistas’, de Sarah Gavron, otro tributo a unas mujeres heroicas, pioneras y tan vilipendiadas, concitó la unanimidad general en sus valores. Se admiraron su tratamiento documental, nada convencionalmente épico, pero intensamente emotivo. Su incidencia en el interclasismo del Movimiento, poniendo el acento en las terribles condiciones de vida en las fábricas, en los hogares, en un entorno social-político-jurídico y policial tan represivo.

En la reivindicación del voto como paradigma de otros derechos, ejemplificados en la ciudadanía. En las relaciones de abuso de poder que sufrían por parte de maridos, patrones y responsables del status quo. En las torturas, violaciones, derechos de pernada, trabajo infantil. Privadas de lo más elemental se hicieron oír pagando un precio altísimo, como sus vidas en muchos casos. Acierto el combinar personajes de ficción con los reales y dejar a la Pankhurst al fondo, aún siendo líder. Un impecable reparto, Carey Mulligan, Helena Bonham-Carter, Brendan Gleeson. Estupenda fotografía del catalán Eduard Grau y partitura de Alexander Desplat. Primera película de su país con escenas filmadas en el Parlamento inglés.

Y culminamos con ‘El puente de los espías’, de Spielberg, que generó más contraste de pareceres. ¿Primera o segunda parte?. ¿Se nota la influencia de los Coen, o no, en el guión?. ¿Falsea la historia real, que duró años, comprimiéndola excesivamente o es una elipsis que puede permitirse? ¿El personaje de Tom Hanks es un héroe de Capra o es más inteligente y estratega?. Chapeau absoluto por Mark Rylance, ¿Cuantos, seis se contaron, finales felices contiene…?

Pero se admiraron su clima, su atmósfera, su recreación de la Guerra Fría y de los años 50 así como al talento de su director para filmar y contar historias.

El miércoles, 3 de febrero, más. Con dos cintas más que atractivas para comentar. Una ópera prima húngara, visión insólita del Holocausto, ‘El hijo de Saul’, de László Nemes, que se estrena mañana y con la italiana de un consagrado, Nanni Moretti, ‘Mia madre’, que lo hace el día 22. Pero también estaremos abiertos a discutir sobre ‘Spotlight’, de Tom McCarthy, sobre el descubrimiento de los casos de pederastia en Boston, que estará en nuestras pantallas el 29. Todas con inmejorables referencias.

Gracias a La Casa del Libro, a Antonio Acedo, a Pepe Iglesias, a Miguel Olid Suero, crítico muy cualificado, y amigo, con el que contamos siempre. Y a los-as mejores tertulianos-as del mundo mundial por ser como son y por enriquecernos cada vez más con sus miradas y aportaciones. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Tertulia ‘La Palabra y la Imagen’: Un recordatorio urgente

Mañana, miércoles, 13 de enero, a las 19.30 horas, en el salón de actos de la Casa del Libro de Sevilla (calle Velázquez), tendrá lugar – tras el paréntesis de las vacaciones navideñas – la próxima sesión de nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’.

Debatiremos sobre tres películas a cual más interesante. ‘Sufragistas’, de Sarah Gavron, ‘El puente de los espías’, de Steven Spielberg y ‘Macbeth’, de Justin Kurzel.

El crítico invitado, todo un lujo y un honor, será el periodista, fotógrafo, comisario de exposiciones e integrante durante varios años, incluyendo la pasada edición en la que asumió la jefatura, del equipo de prensa del Festival de Cine Europeo de Sevilla, Antonio Acedo.

Promete muchísimo y no os la podéis perder. Os esperamos.

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‘El gran museo’: Lo invisible

A casi nadie que visite uno de estos espacios únicos, que cobijan en su seno el arte, la historia, los mitos, las leyendas, las costumbres, la creatividad y el talento de tantos siglos, le es dado contemplar su otro lado. El invisible. El que implica  el inmenso trabajo de una plantilla – en todos sus escalafones jerárquicos, en todas sus ramas y categorías –  que cuida del mantenimiento y la puesta a punto del edificio en sí y como contenedor de obras maestras, objetivos fundamentales de este esfuerzo ingente.

El alemán Johannes Holzhausen – cosecha del 60, realizador y dramaturgo, residente en Viena – nos ha dado la oportunidad extraordinaria de ser testigos excepcionales de este fenómeno en su documental ‘El gran museo’. En él se recoge el día a día, de puertas para adentro, de la exhaustiva jornada laboral en el Histórico Kunst de su ciudad de adopción, mientras estaba siendo reformado, uno de los más célebres e importantes del mundo.

A través del ojo de su cámara – nada enfática, ni pretenciosa y con una puesta en escena casi invisible, pero muy hermosa y eficiente – contemplamos las tripas de un edificio suntuoso con sus mejores joyas expuestas de cara a facilitar su análisis, restauración y acabado por las manos más expertas. En paneles correderos, sobre mesas, tablas, urnas y peanas. Genios del arte bajo supervisión.

Guantes de forense, microscopios, cepillos, pinceles con bustos, cabezas, coronas, piedras preciosas, óleos revisan, corrigen, retocan y restauran con un cuidado infinito a emperatrices que sonríen, a esculturas a las que le falta hablar, a niños sagrados, a criaturas angelicales…  Con un cuidado infinito, con un  mimo extremo.

Pero también picos, palas y martillos que abaten muros, que horadan suelos, que rasgan papeles de las paredes. Pero también reuniones de plantilla, en las que, muy civilizadamente, se exponen críticas a la dinámica laboral por una conserje. Pero también marketing y publicidad. Pero también análisis de presupuestos y estudios de mercados. Pero también se recibe a un colega del British Museum,  encantadores como entusiastas, tanto él como la directora anfitriona. Pero también se despide a un compañero que se jubila. Pero también hay humor, paciencia y algo de crispación cuando las piezas no encajan.

Pero también el acabado final con todo el brillo, la magnificencia, el protocolo y la suntuosidad de un edificio que recibe, ya con su mejor cara, a un príncipe, a un presidente y a sus destinatarios-as naturales, los y las amantes del arte. Pero también los créditos finales en los que cada uno-a de los personajes principales de este protagonismo coral son mencionados y recordados en imágenes del filme, con sus puestos y cargos. Todos los nombres.

94 minutos de metraje. Su guión lo escriben el director y Constantin Wulff. La hermosa y sutil fotografía la firman Attila Boa y Joerg Burger. En la música, se utilizan piezas clásicas y, como leit motiv, variaciones sobre el Canon de Pachelbel.

Rodada durante un año en ese arrebatador e imponente escenario habitado por el genio y el talento y por una plantilla difícilmente superable. A quien esto firma, le ha hecho el regalo de saber percibir lo invisible en su próxima visita a cualquiera de estos lugares extraordinarios. Y, desde luego, les recomienda sumarse a esta experiencia.

 

‘En cartelera’: Musas, museos, mafiosos e inventoras

La oferta de la cartelera en este segundo viernes de enero sigue siendo, por decirlo de alguna manera, de perfil bajo, con ciertas excepciones. A la espera de cintas más atractivas,  comenzamos, como es habitual, por las cinco que se proyectan en versión original. Tres de ellas, no en todas las sesiones, por lo que habrán de consultar horarios y las otras dos, las primeras que van a mencionarse, sí.

La primera es el documental austriaco, que nos llega con casi dos años de retraso, ‘El gran museo’, de Johannes Holzhausen. Acerca del exhaustivo trabajo que hay detrás del mantenimiento del Museo Histórico Kunst de Viena, en este caso. Un enfoque diferente y muy singular. Sevilla Cinéfila la vio ayer y muy pronto tendrán su reseña. No deben perdérsela.

La segunda es la británica ‘Legend’, de Brian Helgeland,  guionista de ‘L.A Confidential’. Se trata de un drama biográfico, ambientado en los años 60, sobre los famosos gemelos Kray. No ha convencido, pero los elogios al trabajo de Tom Hardy son unánimes y habrá que verla.

La tercera es la estadounidense ‘Joy’, de David O. Russell – ‘El lado bueno de las cosas’, ‘La gran estafa americana’… – basada en el personaje real de una humilde trabajadora que acabó convirtiéndose en inventora de productos para el hogar.  En el reparto, de lujo, algunos-as de sus habituales como Jennifer Lawrence, Robert de Niro y Bradley Cooper. División de opiniones, pero se merece una oportunidad.

La cuarta es la también norteamericana ‘Maggie’, de Henry Hobson. Una rareza en la que se mezcla cine independiente con el drama, el terror y los zombies. Ha cosechado intensos contrastes de pareceres, pero solo por su riesgo se impone su visión.

La quinta es la francesa ‘No es mi tipo’, de Lucas Delvaux, que narra, en clave agridulce, el desigual romance entre un profesor y una peluquera. Referencias irregulares y ustedes mismos-as…

La argentina ‘Papeles en el viento’, de Juan Taratuto, cuenta la historia de tres amigos que se ven obligados a hacerse cargo de la hija de otro y organizan una estafa, con el fútbol de por medio, para poder mantenerla. No ha convencido demasiado, la verdad. La pelota, en sus tejados.

La española ‘La academia de las musas’, de José Luis Guerín, ganadora del máximo galardón del pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla, nos llega con una semana de retraso y con críticas excelentes. La de este blog la tienen en su crónica del Certamen del pasado noviembre, con el epígrafe de Mitos y místicas. No hay que obviarla, de ninguna manera.

Otra doblada, que debe verse, aunque haya cosechado impresiones contrapuestas, es la holandesa ‘Secretos de guerra’, de Dennis Bots. Dos niños amigos, un triángulo amoroso, y familias de bandos opuestos en el marco de la II Guerra Mundial.

La inédita, por el momento, es la de la misma nacionalidad ‘Eisenstein en Guanajuato’, de Peter Greenaway, también vista en el SEFF. Trata sobre la estancia del célebre y mítico realizador soviético en México, años 30, con la intención de rodar una película, que permaneció inconclusa, sobre aspectos curiosos de su cultura. Irregular, transgresora y provocativa biopic, tanto como lo es su realizador, que confiemos llegue a estrenarse.

Dos miradas de mujer: Paradojas

Han coincidido durante estas fiestas, de infausto recuerdo para quien esto firma, en las salas de nuestra ciudad las miradas de dos realizadoras. Una oriental y otra occidental. Una, con un cierto bagaje, y la otra,  toda una clásica del cine contemporáneo. Pertenecientes a dos mundos y a dos generaciones muy diferentes. Una, japonesa y la otra, alemana. Una, de la cosecha del 69 y la otra, de la del 42. Una, de la que quien esto firma se había prometido no volver a reincidir en su filmografía. La otra, a la que quien esto firma le ha profesado siempre respeto y admiración.

Ellas son Naomi Kawase y Margarethe von Trotta. Y sus últimas propuestas fílmicas son, respectivamente, ‘Una pastelería en Tokio’ y ‘El mundo abandonado’. Ambas cuentan historias intimistas, pero  una la trasciende en una reflexión sobre las marginaciones sociales y la otra, de cariz autobiográfico, la integra de lleno en el microcosmos familiar. Pero en las dos hay importantes secretos en juego, que cambian las vidas de los y las protagonistas. Una, ambientada en la ciudad que aparece en su título y la otra, que alterna entre dos países.

Antes de continuar, quien esto firma quiere aclarar la razón de su rechazo al cine de Kawase. Se debe a que en su anterior filme, ‘Aguas tranquilas’, se degüellan en vivo y en directo a dos corderos. La abajo firmante solo soportó, puesto que desconocía este hecho intolerable, ver el primero de estos inicuos asesinatos ya que salió de la sala con la firme promesa de no volver a darle ninguna oportunidad a esta cineasta.

Pese a ello, la insistencia de amistades y familiares cinéfilas, con la garantía de que ningún animal era maltratado aquí, la hicieron desistir de su propósito y ver esta cinta tan singular como hermosa; tan delicada como desgarradora; tan serena como dolorosa; tan sutil como incisiva. En ella, tres personajes muy diferentes entre sí, un hombre aún joven, una adolescente y una anciana, que no son, exactamente, lo que parecen, confluyen en el establecimiento de referencia y transforman mutuamente sus vidas. La pastelería les une, pero también el sentirse al margen de unas normas sociales injustas con los y las diferentes. Dado que aquí quien esto firma no va a extenderse más, ni a hacer una crítica ortodoxa, les recomienda, eso sí, que no se la pierdan.

Margarethe von Trotta declaró en una reciente entrevista que en ‘El mundo abandonado’ había contado una historia autobiográfica e intensamente personal que quería desvelar antes de morir. Quien esto firma, le desea a la prestigiosa directora germana una larga vida. Entre otras cosas, razones obvias aparte, para que vuelva a darnos muchas otras muestras de su talento que nos hagan olvidar este grave tropiezo.

Porque este relato de secretos familiares requería un tratamiento radicalmente distinto al de culebrón barato que le ha dado. Requería austeridad, gradación del ritmo, sugerencia, misterio, estudio de los personajes y de sus interrelaciones, del ambiente en el que se mueven… Pedía a gritos clima, atmósfera, perturbación, capacidad de sugerencia, emoción y tantos otros valores de los que carece absolutamente.

Pero es que ni siquiera hay una mínima crítica a los penosos intercambios entre hombres y mujeres aquí. Esquemática, tópica y reduccionista. Hasta sexista, si me apuran, y llena de clichés. Desaprovecha a sus dos excelentes actrices principales – Barbara Sukowa y Katja Riemann – que tratan a la desesperada de insuflar algo de vida a los personajes que les han tocado en suerte. Lastimoso como ejercicio cinematográfico e indigno, a todas luces, de las cualidades de su autora.

Paradojas, en fin, a las que una espectadora violeta y animalista ha debido enfrentarse…

‘Steve Jobs’: Defectos de fábrica

Sobre el controvertido y polémico personaje, sujeto de esta biopic fragmentaria y nada convencional, Steve Jobs (1955-2011),  transcribimos algunos análisis que se le han hecho a su gestión en la imprescindible página de consulta llamada Wikipedia.

Tales como «el ambiente de terror en las empresas de sus componentes electrónicos de Hon Hai»(Mike Daisy) o que «el imperio de Apple se ha montado sobre un I+D financiado con fondos públicos y la producción sobre la explotación en condiciones infrahumanas» (Vincenç Navarro) y «la insensibilidad notoria por las condiciones laborales de sus trabajadores-as, mostrándoles gran hostilidad e incluso aconsejando al presidente Obama eliminar cualquier tipo de protección hacia ellos-as o hacia el medio ambiente» (Eric Alterman).

Hasta el FBI le calificó, en una investigación interna, de ‘superficial, cruel y narcisista en sus escasas relaciones personales», además de abundar en lo escrito anteriormente. Pero también fue saludado como «un visionario , un genio creativo y un ser humano maravilloso» (web de Apple, en su necrológica) y reconocido con innumerables premios. Al mismo tiempo, como vegano consecuente, fue un amante de los animales a los que destinó una parte importante de sus fortuna y legado.

Producción estadounidense, de 121 minutos de metraje. La dirige el británico Danny Boyle, cosecha del 56. La escribe Aaron Sorkin – ‘El Ala Oeste’, ‘La red social’… – sobre la biografía de Walter Isaacson. Su dinámica banda sonora se debe a Daniel Pemberton y su excelente fotografía la firma Alwin H. Küchler.

Su historia se centra en los entresijos de los momentos previos a tres presentaciones de otros tantos productos paradigmáticos de la Compañía. A saber, en 1984, la del primer Macintosh ; en 1988, la de NeXT ; y en 1998, la del iMac. Entre bambalinas, pues, se nos muestra al protagonista en relación con personas importantes de su vida profesional y también familiar, con flash backs complementarios incluidos.

Quien esto firma, tiene un analfabetismo digital notable y sabe más bien poco de estos artefactos, salvo por el hecho de que se aprovecha de las ventajas de un ordenador personal, gracias a alguno y de la comodidad del ratón, gracias a otros, entre un largo etcétera … No obstante, y pese a ello, ha disfrutado de esta cinta compleja e inteligente. Tan demoledora como matizada en sus apreciaciones sobre un individualista feroz – dentro del contexto de las luchas por el poder (masculino), en el capitalismo más ultraliberal y salvaje – que se creía habitado por el genio y no toleraba las críticas.

Salvo en una excepción. Una excepción con nombre de mujer, Joanna Hoffmann, su mano derecha. Tan leal, lúcida e inteligente, como implacable. La única persona de su equipo en no tenerle miedo y en afrontarle cara a cara. Interpretada magníficamente por Kate Winslet.

Y  aún otra. Una niña, primero, una adolescente después. Su hija primogénita, Lisa, cuya paternidad negó en un principio, pero cuya inteligencia y carisma le sedujeron y ante quien, excepcionalmente, fue capaz de demostrar cierta ternura y de reconocer sus carencias personales como ‘defectos de fábrica’. Aunque no puede decirse lo mismo de su madre, personaje, por cierto injustamente maltratado en este filme.

Iconoclasta, transgresora, fluida, efervescente, deudora – al fin y al cabo, estaba igualmente Sorkin en su escritura y el genio de Fincher tras la cámara – de los mejores aciertos de ‘La red social’. Arrolladora y densa, sofisticada y brillante, tramposa y sugerente, artificiosa y con vocación de retrato en negro y no autorizado, de un individuo único para lo mejor y para lo peor. Individuo magistralmente compuesto por ese actor en la plenitud de su talento y facultades llamado Michael Fassbender, al que pronto veremos con la estatuilla dorada en su mano. Al tiempo.

Que no se les escape…

‘En cartelera’: En fin…

Antes de que los rugidos atronadores de la detestable pirotecnia – tan agresiva y odiosa para las personas de todas las edades, para el medio ambiente y, sobre todo, para los indefensos e inocentes animales –  se impongan sobre cualquier otro sonido civilizado, quien esto firma les adelanta en esta entrada la nueva oferta de la cartelera en el día en que se inaugura 2016.

La cartelera navideña, a fuer de familiar, tópica, y para todos los públicos, no suele ser, salvo honrosas excepciones, especialmente estimulante. Otra cosa será a partir de mediados de enero, cuando entren los títulos más atractivos que están en la antesala de los Oscar. En las novedades que nos trae el día de Año Nuevo, se cumple la norma y solo una de las películas viene precedida de buenas referencias.

Comenzamos por ella, precisamente, una de las dos que se proyectan en versión original. Se trata de la estadounidense ‘Steve Jobs’, de Danny Boyle. Una biopic del popular personaje, centrada en la época en la que lanzó los tres productos icónicos de Apple. Destacada por sus nominaciones a los Globos de Oro, Satellite Awards, Críticos de Los Ángeles y Sindicato de Actores que han distinguido especialmente a su protagonista, el excelente Michael Fassbender, pero también a la secundaria Kate Winslet, ha gustado mucho y debe verse, de todas, todas.

La segunda, también norteamericana, tiene solo algunas de sus sesiones en vos y, por lo mismo, deben consultar días y horarios. Hablamos de ‘De padres a hijas’, de Gabriele Muccino. Sobre un novelista, ganador del Pulitzer, bastante irresponsable, que debe ocuparse de su hija de cinco años al fallecer repentinamente su mujer. Con un reparto atractivo en el que sobresalen Russell Crowe, Amanda Seyfried o Diane Kruger, no ha convencido nada de nada. Así que ustedes mismos-as.

Otra de progenitores rivales, pero en clave de comedia y ya doblada, es su compatriota ‘Padres por desigual’, de Sean Anders y John Morris. El padrastro y el padre biológico en liza por el afecto de su prole y de la esposa y ex respectivamente. División de opiniones, pero su sinopsis no presagia nada bueno.

Tampoco la alemana ‘El mundo abandonado’, de la prestigiosa Margarethe von Trotta, ha interesado a la prensa especializada. Se trata de un drama familiar que implica a dos mujeres y un secreto por descubrir. La pelota en sus tejados, pero quien esto firma sí va a darle una oportunidad.

Continuamos con la comedia española ‘Incidencias’, de José Corbacho y Juan Cruz. Un tren que va de Barcelona a Madrid, se detiene en un paraje inhóspito debido a un fallo técnico. La inquietud del pasaje va en aumento, a la par que sus peores instintos. Con reminiscencias de la almodovariana ‘Los amantes pasajeros’ y un  reparto coral de lujo, en el que destacar a Lola Dueñas, Carlos Areces, Rossy de Palma o Imanol Arias, ha cosechado división de opiniones. Pero se impone comprobar su interés viéndola.

La inédita es la australiana ‘Aviones de papel’, de Robert Connolly. La historia de un niño apasionado por estos juguetes, que intenta, al tiempo, que su padre supere la pérdida de su madre y conseguir su sueño. Basada en hechos reales y precedida de contraste de pareceres, aunque se destaquen sus valores familiares y humanos. Cosa que puede ser tan valiosa como temible… En cualquier caso, lamentamos no tener la oportunidad de verla.

Pues eso, feliz entrada de año.

 

‘Macbeth’: Crimen y castigo

Entre las numerosas, algunas mudas y otras libérrimas, adaptaciones cinematográficas de la inmortal tragedia shakespeariana, destacan las de Orson Welles, Akira Kurosawa y Roman Polanski. La última es esta producción británica, firmada por el realizador australiano Justin Kurzel, cosecha del 74, y  una de las elegidas para debatir en nuestra próxima tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’, que tendrá lugar el miércoles, 13 de enero. Se proyecta en el cine Avenida en versión original y se estrenó el viernes pasado, día de Navidad.

113 minutos de metraje. Su guión lo han escrito Todd Louiso, Jacob Koskoff y Michael Lesslie. Su apabullante y espléndida fotografía, se debe a Adam Arkapaw y su ajustada banda sonora a Jed Kurzel. Concursó en la Sección Oficial en Cannes y Sitges. Está nominada en los Goya como Mejor Película Europea y en los Satellite Awards, a las Mejor Dirección Artística y Vestuario. Sobra decir, pero es pertinente hacerlo, que su factura y producción son impecables. Fruto del trabajo de un equipo técnico de primerísimo nivel, en todas las categorías y especialidades posibles.

Partamos de la base de que, aparte de lo expresado en la mini ficha técnica anterior, su atmósfera, su clima, sus imágenes y su puesta en escena son extraordinarias. Partamos de la base de que en ella la violencia, la brutalidad, la sangre y la muerte salpican con potencia e intensidad. Magníficas, a este respecto, las escenas de las batallas y de los crímenes, en unos feroces cuerpos a cuerpos en un caso o, si cabe aún más terribles, los perpetrados contra personas inocentes e indefensas. Partamos de la base de que la codicia, la tiranía y la ambición sin freno están expuestas en su versión más sórdida.

Partamos de la base de que la oscuridad del drama y de la época están plasmados de forma naturalista, sin que ello sea incompatible con la estilización o el refinamiento, incluso dentro del más extremo pathos, como tantos de los que pueblan esta tragedia inmarchitable. Partamos de la base de que hay también una aproximación más ‘realista’, por llamarla de alguna manera, a los elementos mágicos y sobrenaturales, o productos de una mente enferma, escenificados con una cercanía perturbadora, pero sin perder su aura de misterio. Partamos de la base de que su reparto es impecable. Fassbender, muy especialmente, Cotillard, llena de registros, Thewlis, noble y digno, Paddy Considine, Sean Harris y todos-as los-as demás.

Partiendo de estas bases, que hacen de ella una cinta más que estimable, valiosa y que debe verse, quien esto firma pasa a exponer ahora sus reticencias ante ella. Como la de que su narrativa es plana y lineal. Como la de que tiene un protagonismo omnímodo del personaje central, que fagocita injustamente a los-as demás. Como la de que su protagonista femenina, tan poderosa en la obra, aquí está desdibujada, si bien se la ha humanizado y matizado algo más.

Como que los acontecimientos del relato van ocurriendo atropelladamente, sin dar tiempo a digerirlos e incluso se confunden unos secundarios con otros, algo que no es de recibo. Como que eso es consecuencia de fallos del guión y por ende, provoca desajustes del ritmo. Como que pasan desapercibidos parlamentos, diálogos, pasajes y escenas, que debieron y pudieron ser resaltados. O lo que es lo mismo, que no hay escala de valores entre lo más y lo menos relevante del texto. Ni entre los -as más y los-as menos relevantes de sus personajes.

Como que las tinieblas y la negrura lo invaden todo, en el sentido plástico y metafórico del término. Solo que hubieran requerido algo de luz como contrapunto.

Con todo y por todo, no deben perdérsela. Y, de cara a la tertulia, desde luego que tiene un debate…

’45 años’: Un extraño en mi vida

El guionista, productor y realizador británico, Andrew Haigh, cosecha del 73, ya nos sedujo con ‘Weekend’ (2011). Una cinta más que apreciable sobre el inesperado romance, que surge en el fin de semana al que alude el título, entre dos hombres, que se conocen en un bar gay, y que solo pretendían tener sexo de una noche. Historia de amor que no tiene apenas tiempo de desarrollarse, pues la marcha de uno de ellos a otro país, programada de antemano, lo impedirá. O no…

Y de una relación apenas iniciada pasa,  en esta cinta que nos ocupa, su última propuesta fílmica, a una de larga duración. De unos protagonistas jóvenes, homosexuales y sin compromiso, a una anciana pareja heterosexual que está en vísperas de celebrar su 45 aniversario de boda. Viven en una preciosa casa, en plena campiña inglesa, con un perro, todo resuelto y con amistades tan cultivadas como ellos. Pero una carta, dirigida al marido y referida a una antigua novia, resquebrajará esa aparente solidez conyugal.

Este proceso nos es descrito por el realizador con calma, sutileza y elegancia. Con una minuciosidad que penetra y revela las emociones más íntimas, bajo las formas más serenas y civilizadas. Un proceso en el que un hombre se va obsesionando cada vez más, en una espiral de duelo retroactivo. Y en el que una esposa empática, comprensiva y generosa, que intenta acompañarle en tal sentimiento, va haciendo descubrimientos que, poco a poco e insidiosamente, le harán cuestionarse su propia relación, mientras debe ocuparse de los preparativos del evento.

Haigh no esconde su simpatía por el personaje femenino. Por esa mujer fuerte y valiente, amante compañera, que afronta hasta el límite de lo razonable los aparentes desvaríos del marido. Pero que sabe mantener el tipo, rota ya por dentro, ante ese extraño al que está vinculada legalmente, cuya personalidad le es, a la postre, tan ajena, como oculto y perturbador es su pasado.

93 minutos de metraje. Su guión lo firma el propio director, sobre un relato de David Constantine. La preciosa fotografía, tan llena de matices como la narración, es de Lol Crawley. Y los temas musicales, ligados a la memoria sentimental de los protagonistas.

Hablando de los protagonistas, cuenta con dos intérpretes portentosos a quien todos los reconocimientos les son debidos. Así, un espléndido Tom Courtenay, Mejor Actor en Berlín. Y, sobre todo, una arrebatadora y sublime Charlotte Rampling, también Mejor Actriz en el citado Certamen. Pero asímismo en la Seminci, en los del Cine Europeo, para los Críticos de los Ángeles, del Festival de Edimburgo y un largo etcétera, que la conducirá directamente a ser nominada para los Oscar. Al tiempo.

Lúcida y delicada, pero incisiva y demoledora, sin estridencia alguna, radiografía de una convivencia marcada por un secreto muy relevante, que el azar deja al descubierto. Por una calma aparente, en la que se desata una tormenta sin catarsis, y, por ello, aún más desgarrada y dolorosa. Por el irreversible paso del tiempo, entre el peso del pasado y la incertidumbre de un futuro, con fecha de caducidad. Por una conclusión tan abierta como inquietante.

Hermosa y notable. No se la pierdan.

‘Sufragistas’: El valor y el precio del voto

Todas aquellas que vean esta película, o lean esta entrada, y se propongan acudir a las urnas el próximo domingo, deberían recordar el valor y, sobre todo, el enorme  precio de nuestros votos.  Nadie nos ha regalado el derecho al sufragio. Muy al contrario. Fue pagado y conquistado con la vida, la sangre, la prisión, el sudor y las lágrimas de unas  heroicas e incansables luchadoras, en todos y cada uno de los países en los que se obtuvo. Pero es a sus compatriotas, las más paradigmáticas junto a las estadounidenses, a quienes glosa aquí la británica Sarah Gavron, cosecha del 70 y responsable de esta cinta.

106 minutos de metraje. El espléndido guión es de Abi Morgan. La excelente fotografía, del catalán Eduard Grau. La banda sonora, del gran Alexandre Desplat. Su acción se sitúa en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial cuando el movimiento sufragista, tras cincuenta años de lucha silenciada y pacífica, decidió radicalizarse y hacerse oír bajo el liderazgo de la histórica activista Emmeline Pankhurst, que aparece con los rasgos y la fuerza de Meryl Streep, en una escena tan potente como ella.

Pero se centra en el de ficción de Maud, interpretado portentosamente por Carey Mulligan, una obrera de una lavandería industrial y en sus compañeras de infortunio, explotación y esclavitud, una de las cuales la inicia en el Movimiento. Sabia decisión la de la realizadora, de mezclar a estos personajes imaginarios -precioso también el de Helena Bonham Carter – con los reales, pues así ejemplifica la lucha interclasista de una revolución tildada de burguesa. No era tal, puesto que las más «privilegiadas» de entre ellas, pertenecientes a la clase del padre o del marido, compartían el mismo estatus de opresión y ausencia total de derechos que las demás.

Sabia decisión la de la realizadora, pues asocia el derecho al voto con todos los demás, con la plena ciudadanía, por la que estas heroínas lo dieron todo. Lo hicieron porque querían ser personas a parte entera, con total disponibilidad sobre sus vidas y opciones. Con la posibilidad de acceder a una igualdad de oportunidades legal y de facto en los estudios, en el trabajo, en los salarios… Rompiendo el techo, no de cristal, sino de cemento, del poder absoluto masculino y patriarcal que las aprisionaba de la cuna a la tumba.

Y lo hace internándose en el infierno de las fábricas; de los hogares; de los maridos tiranos, maltratadores y dueños de la fortuna de sus esposas; de las jornadas interminables en un trabajo aún más atroz que el masculino, pero con mucho menor salario, en el que el jefe es el amo, con derecho de pernada; de la custodia omnímoda de los-as hijos-as… Pero también de la dictadura política, policial – excelente Brendan Gleeson – carcelaria y torturadora. De toda la artillería pesada de un inicuo estatus quo dirigida contra unas mujeres valientes, que llegaron al límite de sus fuerzas, perdiéndolo TODO, por hacerse oír, por hacerse visibles, por conseguir sus objetivos.

Una lúcida, hermosa, vibrante, oscura,  emotiva, luminosa, cruel y tan atroz como los tiempos terribles en los que les tocó ser y estar, declaración de amor a unas intrépidas, generosas y solidarias pioneras, con las que nuestra deuda de gratitud es permanente. Una inteligente, sensible e incisiva mirada de mujer que nos devuelve el orgullo de nuestra Memoria Histórica más vilipendiada, minimizada y ridiculizada y que debatiremos en nuestra próxima tertulia de cine del miércoles, 13 de enero.

Piensen en ello, en ellas, cuando voten el domingo. Y, sobre todas las cosas, no se la pierdan.