‘Regresión’: Un paso en falso

Quien esto firma acudió a ver esta película con el máximo interés – el mismo día de su estreno, en la primera sesión – pese a sus referencias muy negativas. Quien esto firma tenía, respecto a ella, toda la disponibilidad y toda la intención de encontrarle valores, incluso a la contra de tantas voces especializadas a las que respeta. Quien esto firma se proponía mirarla con otros ojos, descubrir la cinta secreta y valiosa que en ella se escondía. Quien esto firma pensaba que era posible matizar sus impresiones críticas, como suele hacer. Pues no. Se equivocaba de medio a medio. Lamentablemente.
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Porque esta historia de 106 minutos de metraje, que ha escrito el propio realizador, que ha fotografiado Daniel Aranyó y cuya música la firma Roque Baños, es un auténtico despropósito de principio a fin. Basada en hechos reales y ambientada en los 90, sigue a un detective que investiga, junto a su equipo y a un psicólogo experto en regresiones, el oscuro caso de una joven adolescente víctima de abusos familiares y de una tenebrosa trama que implica a toda la comunidad en la que se mueven.

Sin anestesia, ni paños calientes. Está mal escrita, peor contada y pésimamente estructurada. Carece de coherencia narrativa y de ritmo interno. Para no hablar del armazón de un relato cuya lógica es inexistente y resulta deslavazado, disperso, sin garra, ni interés, ni clima o climax alguno. Intenta crear una atmósfera opresiva de fondo y forma y falla estrepitosamente. Sus personajes son de cartón piedra, desprovistos-as de vida y entidad propias. Así que el reparto está penosamente desaprovechado.

Un reparto más que atractivo, pero en el que ni Ethan Hawke, Emma Watson o David Thewlis pueden hacer gran cosa para evitar el desastre y sí, por el contrario, mostrar su más ínfimo registro interpretativo. Se mueven ante nuestros ojos cual los monstruos de sus pesadillas, como zombies, sin que las razones de sus actos, o de sus propias interrelaciones, nos sean mostradas con un mínimo de credibilidad. Y ese final… Tan tópico y previsible. Tan odiosamente misógino.

Alejandro Amenábar, cosecha del 72. Seis años de silencio para este resultado. Para este chirriante paso en falso, en el que también permanecen inéditas sus propias señas de identidad tras la cámara. Las mejores pero, si me apuran, también las peores. El hombre que sabía manejar los tempos del thriller y su puesta en escena. El hombre que nos hizo creer en los fantasmas, haciéndolos respirar tan vívidamente, con más peso específico que ‘los otros’… Ese hombre no es el mismo que firma esta cinta, a la que no le cabe alegar una vocación de maldita, incomprendida o de futuro culto. Ese hombre permanece ausente y tristemente desaparecido.

‘Los exiliados románticos’: Dulce pájaro de juventud…

Sobre esta película singular y tan recomendable, sobre su firmante y guionista – aunque no se sepa si de escritura, estrictamente hablando, cabe hablar aquí – se ha citado algo en la entrada anterior. En ella, que reseñaba ‘El desconocido’, de Dani de la Torre,  se hacía la comparativa entre estas dos cintas españolas y sus autores. Dos cineastas coetáneos y en las antípodas en cuanto a forma y fondo. En cuanto a temáticas y narrativas. En cuanto a lenguaje y puesta en escena.

Ahora le toca el turno al madrileño, de la cosecha del 80, hijo y sobrino de cineastas reconocidos y toda una promesa él mismo. Jonás Trueba narra en ‘Los exiliados románticos’ – que consiguió el Premio Especial del Jurado y el de la Mejor Música en el pasado Festival de Málaga – el viaje que emprenden tres amigos a la aventura, de Madrid a París para reencontrar viejos amores pero, sobre todo, a sí mismos. A partir de ahí, se dejarán llevar por las situaciones y personas con las que coincidan.

70 minutos de metraje. Fotografiada por Santiago Racaj y su música, con excelentes temas, la firma Tulsa. Entre indie y rohmeriana, su delicadeza es equiparable a su lucidez en un retrato generacional masculino, que huye tanto de los subrayados como de la banalidad. En un retrato generacional de unos varones sensibles e inmaduros, confundidos por sus emociones y desconocedores de su lugar en el mundo.

Pero también es el retrato de unas mujeres sólidas y coherentes, tan comprensivas como firmes ante los titubeos de sus compañeros, amantes y amigos. Pero también es una sutil, plácida y reflexiva celebración de la vida y de ese dolce fare niente con sabor vacacional. De la frontera entre el pasado y el presente. De unos exiliados románticos que añoran la irremediable pérdida del dulce pájaro de la juventud.

‘En cartelera’: Regreso al pasado

En este primer fin de semana de octubre, destacamos cinco películas de estreno en versión original. En todas o en algunas sesiones, según las salas. Consulten horarios al efecto. Cuatro de ellas con el denominador común de estar ambientadas en distintas décadas del siglo pasado.

La primera, y el estreno estrella, es ‘Regresión’, que ha supuesto la vuelta al cine de Alejandro Amenábar, seis años después de ‘Ágora’. Sobre una oscura trama en torno a un padre, su hija, un detective y un psicólogo en los años 90. División de opiniones. Quien esto firma, tuvo ocasión de verla ayer mismo y muy pronto tendrán la crítica en este blog.

La segunda es la surcoreana ‘Oda a mi padre’, de J K Youn. Sobre un padre y un hijo separados por la guerra civil de su país en los 50 y una promesa de mantener la unión familiar. Críticas contrastadas, pero habrá que comprobarlo.

La tercera es la franco-belga ‘El precio de la fama’, de Xavier Beauvois. Dos amigos – uno de ellos ex presidiario – que viven en una pequeña localidad suiza en los 70. Cuando sus problemas económicos son más acuciantes, se produce una noticia de alcance universal y traman un arriesgado plan al respecto. Sus referencias son irregulares, pero…

La cuarta es la francesa ‘Lejos de los hombres’, de David Oelhoffen. La acción, en clave de western, se sitúa en los 50 y sigue a dos hombres, prisionero y escolta. Perseguidos por colonos fanáticos, deciden aliarse para lograr la libertad. Ha gustado bastante y debe verse.

La quinta es la alemana ‘Jack’, de Edward Bergen. Un duro drama con dos menores al borde de la exclusión social, que ha sido recibido con reseñas irregulares, pero que no hay que perderse.

La inédita es la hispano-franco-uruguaya ‘El apóstata’, de Federico Veiroj. Acerca de un hombre de 30 años que se debate entre la fe, la culpa y el deseo. Sus referencias están divididas.

El desconocido: A quemarropa

Dos directores y guionistas de la última hornada del cine español tienen sendas películas actualmente en cartelera. Pertenecientes casi a la misma generación, tan solo cinco años les separan. Gallego uno, de la cosecha del 75 y madrileño el otro, de la cosecha del 80. O lo que es lo mismo, Dani de la Torre con ‘El desconocido’ y Jonás Trueba con ‘Los exiliados románticos’.

No pueden ser más distintas. Pura adrenalina, la una. Plácida y casi contemplativa,  la otra. Acción trepidante en la primera. Ritmo lento, aunque fluido, en la segunda. Intensidad en la primera, reflexión en la segunda. Un guión muy sólido en la primera y una ausencia deliberada de escritura al uso en la segunda. Manejo del tempo radicalmente diverso en una y en otra. Una se adscribe a la opción genérica. La otra se ajusta a una narrativa más intemporal y atípica. Una posee un reparto muy sólido y la otra también, pero no profesional.

En esta entrada analizamos ‘El desconocido’, de Dani de la Torre.  En ella se nos habla de un ejecutivo bancario, con dos hijos, y ciertas tensiones matrimoniales que, al llevar a sus vástagos – una niña casi adolescente y un niño menor – al colegio, recibe una llamada amenazadora y peligrosamente explosiva. Ante el riesgo que corren los tres, inicia una carrera contra reloj para intentar reunir el dinero que le piden. Aprisionados en el coche, con el chico gravemente herido a posteriori, y la policía sospechando de él – que no puede contar lo ocurrido – como presunto secuestrador, tendrá que poner en juego su valor e inteligencia para salvar a los suyos.

102 minutos de metraje. El guión lo firma Alberto Marini. La fotografía, Josu Inchaustegui, y la música, Manuel Riveiro. Estamos ante un brillante debut, ante una potente ópera prima. Con una factura impecable, una producción muy cuidada y una puesta en escena que no da tregua al espectador. Espectacular,  pero nunca gratuita.

Un desasosiego que no decae. Un intenso microcosmos dentro de un vehículo en el que se explicitan,  estallan y evolucionan las enconadas relaciones familiares.  Pero también otro tipo de relaciones de abuso y poder. Mientras, fuera se teje toda una trama defensiva-ofensiva en un impresionante despliegue, entre cuyos mandos también hay conflictos no resueltos.

Hay quienes no gustan de sus connotaciones político-sociales. Quien esto firma, discrepa de estas opiniones y, por el contrario, considera que están bien tejidas dentro del relato. Lo que sí le sobra es la explicitud del final. Debería haberla terminado antes… Luis Tosar está poderoso y magnético. A buen seguro que le cae una nominación a los Goya por su enorme talento y esfuerzo interpretativo. Pero también se agradecen las presencias de dos actrices como Goya Toledo y, sobre todo, Elvira Mínguez, una secundaria de oro en este caso. Y, desde luego, de Javier Gutiérrez. No lo duden siquiera. Véanla.

Recordatorio de urgencia para hoy

Esta tarde (martes 29 de septiembre) a las 20.30, en la Fundación Tres Culturas de Sevilla, sita en La Isla de la Cartuja, calle Max Planck, 2, se proyectará gratuitamente la ópera prima egipcia, ‘El Cairo,  678’, escrita y dirigida por Mohamed Diab. Fechada en 3010, su metraje es de 100 minutos. La fotografía está a cargo de Ahmed Gabr y la música, de Hani Adel.

Se trata de un drama, basado en hechos reales, sobre tres mujeres del país que han sufrido agresiones sexuales y como no se sienten respaldadas ni legal, ni socialmente, optan por la autodefensa. Cuando una de ellas clava un cuchillo en la ingle a su agresor, se convierte a la vez en heroína y en alguien de quien se recela.

Sus críticas son, en general, excelentes. Tales como ‘un apasionante alegato sobre la libertad femenina’, ‘acercándose a lo magistral’, ‘una cinta necesaria’, ‘denuncia y es interesante’ y un largo etcétera de elogios, que incluyen a su equipo técnico-artístico, especialmente a sus tres protagonistas. Premiada en varios Festivales, su visión es imprescindible. E, insistimos, la entrada es gratis.

‘Irrational man’: La sombra de la duda

Allan Stewart Königsberg, ciudadano neoyorquino del barrio de Brooklyn, universalmente conocido como Woody Allen, se convertirá en octogenario el próximo 1 de diciembre, pero está ya preparando su nuevo proyecto. Se mantiene en su objetivo de hacer una película al año, cuyo estreno en nuestro país suele coincidir con la rentrée otoñal.

Irrational man cumple esa premisa. Su metraje es el habitual también, 96 minutos en este caso. Su guión lo firma asimismo el propio realizador. La fotografía Darius Khondji y la música la ha puesto Ramsey Lewis.

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Basculando entre el drama, el misterio, aún sin llegar a ser un thriller, y la comedia, narra la historia de un profesor de filosofía heterodoxo, y al borde del abismo, recién llegado al recinto universitario de una pequeña localidad en la que su (mala) reputación le precede. Depresivo, alcoholizado y nihilista, recuperará las ganas de vivir convirtiendo en misión, por llamarlo así, un hecho delictivo. Al tiempo, se relacionará con dos mujeres muy distintas. Una colega y una estudiante universitaria.

Quien esto suscribe ha encontrado esta cinta bastante insatisfactoria, en general. Más aún por el hecho de que su tema tenía muchas posibilidades, tanto en la vertiente dramática como en la humorística. Pero, a su entender, no acierta con el tono ni en un caso, ni en el otro. No es suficientemente densa o profunda. Ni tampoco es suficientemente cínica, cáustica o simplemente amoral. Pese a sus ambiciones intelectuales, loables, se queda corta y deshilvanada.

Un arranque prometedor, y bastante divertido, hace concebir expectativas. En efecto, la primera media hora con la llegada de esa especie de antihéroe, sumido en un letargo auto destructivo, a su nuevo destino resulta brillante. Su amor por la filosofía, por el pensamiento y su repulsa hacia las convenciones y el modus vivendi reglamentado, resultan estimulantes. Tanto como los diálogos, tanto como el efecto que provoca en los-as estudiantes. Asimismo está muy bien que el protagonista aparezca con un físico acorde a la (mala) vida que lleva. Es decir, tripón y más bien fofo, lo que no le resta un ápice de atractivo.

Pero usa y abusa de la voz en off. Sigue siendo incapaz de relacionar a los hombres y a las mujeres en pie de igualdad, pese a la cita de De Beauvoir sobre la otredad del segundo sexo. Su tour de force con el personaje de la chica podría haber sido menos paternalista y hubiera ganado en ingenio. El de la profesora, pese a alguna que otra réplica, es perfectamente prescindible. En cambio, desaprovecha lamentablemente la ocasión de mostrarnos ese campus, claustro y alumnado incluido, con la mirada sardónica de la que es capaz.

En cuanto al meollo, así en abstracto para evitar spoiler, está mal dibujado y el proceso por el que se llega a él muy imperfectamente descrito. Esto por decirlo de una manera suave. Podría haber ahondado más en la contradicción casi irresoluble entre la empatía y la sociopatía, con las que se debate este peculiar sujeto. Es una pena porque tenía a su disposición elementos narrativos muy sugerentes y complejos para haber desarrollado la trama de la mejor manera posible. Y no. Lástima.

Pese a todo ello, dejar constancia de que tiene la buena factura marca de la casa. De que tiene a uno de los mejores actores de su generación, el magnífico Joaquin Phoenix, activista de los derechos animales y vegano por más señas.  De que tiene a una de las mejores actrices de su generación, la adorable Emma Stone. De que tiene a la otrora musa del indie, la estupenda Parker Posey, pese a lo anteriormente escrito sobre su papel. De que tiene destellos de su encanto, de su mejor cine y de su talento. Con todos sus defectos e imperfecciones, es evidente que no pueden, ni deberían, perdérsela.

‘En cartelera’: Otoño…

En este primer fin de semana otoñal, la propuesta estrella de la cartelera renovada es lo último de Woody Allen, ‘Irrational man’ que se exhibe, además, en versión original. Es ritual ya un estreno del cineasta de Manhattan a principios de esta estación hermosa, elegante, refinada y llena de promesas.

La historia sigue a un profesor de filosofía en crisis, a una colega,  a una joven alumna y a un misterio que les afectará a los tres. Con un trío protagonista tan atractivo como Joaquin Phoenix, Emma Stone y Parker Posey. La crítica, aún reconociendo sus valores, la ha considerado una obra menor. Pero, desde luego, no hay que perdérsela.

También en vos tenemos a tres cintas más. Dos alemanas y una brasileña. La primera nos llega con una semana de retraso, las mejores referencias y todo tipo de reconocimientos. Se trata de ‘Heimat’, de Edgard Reitz. Precuela de una trilogía, realizada por su firmante para televisión, en la que se narra, a través de una familia ficticia, la historia de su país en el pasado siglo. De visión obligada.

La segunda es ‘La camarera Lynn’, de Ingo Haeb. Acerca de una obsesiva camarera de hotel, que hurga en los secretos de la clientela hasta que los de una de ellas, muy especiales, darán un vuelco a su vida. Ha gustado, en general, y no debe obviarse.

La tercera es ‘Vientos de agosto’, de Gabriel Mascaro. Amores y desencuentros, en un pueblo del litoral, con un investigador de vientos y una pareja local de por medio. Las reseñas encontradas destacan su factura y su clima hipnótico. Habrá que comprobarlo.

Para terminar, dos títulos españoles que, en principio, no hay que obviar. La primera, una comedia lésbica coral y disparatada, ‘De chica en chica’, de Sonia Sebastián. El segundo es ‘El desconocido’, de Dani de la Torre. Mezcla de acción y crítica social sobre un ejecutivo de banca que se enfrenta a una situación peligrosamente explosiva.

Hasta quien esto firma llega y, al menos en el área metropolitana, las inéditas son dos esta semana. Una de terror de nuestro país, ‘Vampyres’, de Víctor Matellano.  Unos jóvenes artistas que acampan en un bosque cerca de un lugar donde viven mujeres extrañas e inquietantes. A la prensa especializada le ha interesado, en general.

La otra es una coproducción entre Argentina, España y Francia, ‘Eva no duerme’, de Pablo Agüero. Una historia diferente, y algo necrófila, sobre Eva Perón. Ha concursado en San Sebastián. División de opiniones.

No solo cine: Reencuentros

La cultura es una de las maneras que la animalista que esto suscribe tiene de hacer frente a los horrores que septiembre le depara. Tales como el ferozmente obsceno Toro de la Vega o las atroces becerradas de Algemesí, entre otros espantos. Entre otros espantos que mancillan al país, que los consiente y financia, y que manchan de tortura, sangre y muerte, de seres hermosos e inocentes, la belleza de este mes y las promesas del otoño.

Pese a todo, quien esto suscribe ha disfrutado de tres eventos culturales, de tres reencuentros con otras tantas actividades más que enriquecedoras y estimulantes. Dos de ellas son fijas en su agenda mensual. La tercera, segunda en el orden cronológico, coincide con otra y hay una lamentable incompatibilidad de fechas.

La primera fue el lunes, 14, vigilia de Rompe Suelas, con la vuelta del magnífico ciclo de documentales de la FNAC sevillana que coordina el crítico y amigo, Miguel Olid Suero. Nos deparó un excelente programa doble, más el plus de un tráiler sorpresa, de un filme que se presentaba en Sitges, homenaje a la malograda actriz sevillana, Soledad Miranda, a través de una fan estadounidense más que peculiar, por decirlo de manera suave.

Comenzó con el estupendo, y nominado al Goya en su género el pasado año, ‘El último adiós de Bette Davis’, de Pedro González Bermúdez. Sobre la visita a San Sebastián de la estrella, en 1989, para recoger el cuarto Premio Donostia y primero en entregarse a una mujer.

La actriz, octogenaria y devastada por el cáncer – de hecho, murió días después en un hospital de París – supo estar a la altura de su mito preparando cuidadosamente todas sus apariciones públicas, enfrentándose con sabiduría a un plante de fotógrafos, reinando en una rueda de prensa legendaria. La glosan entre otros-as, Diego Galán, a la sazón director del Certamen, Jaime Azpilicueta y la que fue su asistente personal. Inmensa, enorme Bette, genio y figura…

El corto, ‘Me llamo Olmo’, de Olmo Figueredo, presente en la sesión y que debatió luego con los y las presentes resultó muy singular y emotivo. En él se explica, dando voz a los y a las protagonista, las razones que impulsaron a ciertos padres y madres a llamar Olmo a sus hijos varones, pese a las dificultades burocráticas. Lo hicieron en homenaje al personaje de Gerard Depardieu en ‘Novecento’, de Bertolucci, quien, pese a estar delicado de salud, recibió en su casa a sus autores.

El jueves, 17, encuentro en La Casa del Libro con las tres N. N de novela, N de negra y N de Nesbo. En el excelente club de lectura, dedicado a este género literario, que coordina eficazmente el experto José Diego Pacheco. La celebrada ‘El muñeco de nieve’ fue el tema del debate. Se trazó una semblanza biográfica de este heterodoxo y singular autor noruego y de su atormentado y conflictivo personaje, Harry Hole, junto a los valores del propio libro. Más que interesante.

Para terminar, ayer mismo, jueves 24, el club de lectura al que quien esto firma se honra en pertenecer,  retomó su actividad en nuestra querida sede librera de La Extravagante. El encuentro fue en torno al libro – primero de una serie de 20 novelas – ‘La fortuna de los Rougon’, de Émile Zola. La ausencia de discrepancias, dada la incontestable calidad de la obra, no mermó interés a una apasionante sesión en la que el genio y su obra fueron analizados exhaustivamente.

La modernidad de un libro histórico, in situ, y tan político en su contenido. La riqueza de su prosa, tan vívida, tan lírica, tan emotiva, tan sensorial, tan cáustica y tan potente. La crónica de una época a través de una familia más que disfuncional. Sus irrepetibles personajes. Su devastadora visión de las clases sociales y de la condición humana. En resumen, estas lectoras tan cultas e ilustradas, junto a un invitado que no lo fue menos, aportaron sus miradas sabias, lúcidas y complejas con las que se superan en cada encuentro. Y, en un caso además también, la experiencia de haber visitado la casa del autor en Aix en Provence.

La cultura frente al horror. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘B’: Testigo de cargo

En los títulos de crédito finales de esta película se dice que ‘cualquier parecido con la realidad ha sido inevitable’. Tanto como lo son las declaraciones de Luis Bárcenas, la obvia B del título, de las que se  da cuenta en ella. Declaraciones reales hechas en la instrucción de su caso el 15 julio de 2013, durante varias horas, ante el juez Ruz, su defensor, Gómez de Liaño, el fiscal y los abogados de las acusaciones particulares. Declaraciones que se hicieron en el marco de la Audiencia Nacional en el que el ex tesorero del Partido Popular renunció a seguir negando su implicación en la doble, e ilegal, contabilidad de su formación política.

78 minutos de intenso metraje en un único escenario, el ya descrito. Una ópera prima firmada por el navarro David Ilundaín, que coescribe también el guión junto a Jordi Casanovas en cuya función teatral, ‘Ruz-Bárcenas’ está basada. Subvencionada mayoritariamente a través de un crowdfunding, o financiación colectiva, de casi 800 personas, citadas asimismo en los créditos, para asegurar su independencia. Fotografiada por Ángel Amorós y asesorada en la dirección de actores por Alberto San Juan, otro de los artífices de la representación original en el Teatro del Barrio.

Ver y oír a este hombre -entonces preso, ahora en libertad condicionada – desgranar conocidos delitos tales como tráfico de influencias, financiación ilegal, contabilidad b, blanqueo y corrupciones similares que salpican a los nombres propios del poder ejecutivo de este país, en el pasado y en el presente, a la mismísima bancada azul aún, y pese a todo, en ejercicio, resulta, como poco, desasosegante.

Porque no es lo mismo leerlo que oír, recreados en esta suerte de docudrama, los extractos más relevantes de su declaración de entonces. Ver y oír a este hombre – encarnado por un excelso Pedro Casablanc , cuya candidatura a los Goya debería estar asegurada – expresarse con tales desfachatez, prepotencia y chulería de esta trama tan oscura de la que formó parte resulta, cuando menos, alarmante.

Un retrato en negro, negrísimo de las llamadas altas instancias de este país. Un documento devastador, justo y necesario. Una cinta que le saca el máximo partido dramático a una situación única, a un escenario inamovible, a unos personajes en sus roles, pero reactivos. A un reparto tan ajustado en sus caracterizaciones como en su trabajo interpretativo – con mención especial para un extraordinario Manolo Solo, otra nominación para él… – como el juez Ruz.

Magnética, valiente, poderosa y absorbente. Cine político complejo, sincero y apasionante, que también nos interpela como espectadores-as y como ciudadanía. Sigue aún, que sepamos, otra semana más en Nervión. Consulten horarios y sesiones pero, sobre todas las cosas, no se la pierdan.

Vistas y no vistas: Dos miradas de mujer

La permanencia en la cartelera sevillana de estas dos cintas, al menos en su versión original subtitulada, va a ser exactamente de una semana. El viernes salen, han confirmado fuentes de la empresa a quien esto suscribe. Se trata de películas francesas con el común denominador de estar realizadas por mujeres y de estar centradas en protagonistas masculinos, aún cuando sean  corales. Por lo demás, sus historias y puestas en escena son radicalmente distintas.

La primera es ‘La cabeza alta’, escrita y realizada por Emmanuelle Bercot. 120 minutos de metraje. Su fotografía está a cargo de Guillaume Shiffman y su banda sonora se debe a Éric Neveux. Inauguró la Sección Oficial de Cannes. Se centra en un chico inadaptado y conflictivo, con una madre joven e inestable y un hermano pequeño como única familia. Su progenitora, que mantiene con él una ambivalente relación afectiva, le abandona al no poder asumir su descontrol y agresividad.

Carne de delincuencia, tiene la suerte de encontrar en su camino a una jueza de menores empática y comprensiva, a un educador con un pasado similar y a una chica, hija de una de las responsables del centro donde se le interna, que le ayudarán a reconducir su vida.

Quien esto suscribe lamenta mucho decir que no le ha interesado en lo más mínimo esta propuesta tan previsible como bienintencionada y, a la postre, banal. Por otra parte, la forzada historia de amor y la conclusión le parecen incluso peligrosamente ambiguas. Demasiados tics y poca consistencia. La salvan únicamente la enérgica composición del protagonista, Rod Paradot y las correctas de Catherine Deneuve y Benoit Magimel.

En la segunda, ‘Eden’, Mia Hansen -Love, ha retratado 20 años en la vida de un DJ, basándose en las experiencias de su hermano, que coescribe el guión con ella, comenzando por la década de los 90. Fotografiada bellamente por Denis Lenoir. Y con una música en la que cohabitan el House, el Techno y sobre todo el Garage , la directora ha logrado un poderoso retrato generacional renunciando a los clichés de fondo y forma, pero mostrando escenarios y ambientes diversos en los que personajes reales se mezclan con los de ficción.

Un mundo de hombres en el que se mueve un joven inmaduro, adicto a las fiestas, a las sustancias ilegales, a la noche y a los sonidos. Un mundo en el que las mujeres acompañan y apoyan, pero nunca son protagonistas. Un mundo en el que el principio de la realidad está prácticamente excluido. Un mundo que recuerda de alguna manera al descrito por Michael Winterbottom en ’24 hour party people’. Un mundo, un clima, una puesta en escena y una atmósfera tan sugerentes e hipnóticas como difícilmente digeribles. O se entra o no se entra.

Dos miradas de mujer, pues, a las que, independientemente de sus valores – ya que las salas abundan en títulos mediocres – la exhibición hispalense no les ha dado apenas una oportunidad de ser vistas y valoradas en uno u otro sentido.