A modo de recordatorio: Tres eventos imprescindibles

 

Sirva esta entrada para recordarles tres eventos de cine que, si están o viven en Sevilla, de ninguna manera deberían perderse. Por orden cronológico, esta misma tarde, a las 19.30, una nueva sesión de nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’ en La Casa del Libro de la calle Velázquez. Debatiremos sobre las películas ‘Selma’, de Ava DuVernay y ‘Maps to the stars’, de David Cronenberg.

El segundo tendrá lugar mañana viernes, 10 de abril, a las 19.45, en el IES Martínez Montañés, calle Fernández de Ribera, 17, sede de la Cinemateca de Sevilla, quien lo organiza conjuntamente con el Instituto Francés de nuestra ciudad. Se trata de la proyección del documental de Julie Bertuccelli, ‘La cour de Babel’. Es el resultado de la grabación de todo un año de la directora en una clase de francés, de un centro de acogida, para adolescentes de razas y procedencias diversas. Precedido de numerosos reconocimientos y de las mejores críticas.

El tercero tiene también las mejores referencias y a otra mujer tras la cámara. Tendrá lugar el próximo lunes, 13 de abril, a las 19 horas, en la FNAC de la Avenida de la Constitución. Se integra dentro del magnífico ciclo de documentales que coordina y presenta el crítico y amigo, Miguel Olid Suero. El título es ‘Blackfish’, de la directora estadounidense Gabriela Cowperthwaite. Una visión animalista y sensible de una orca en cautividad.

Tres eventos imprescindibles a los que no pueden faltar.

‘Pride’: Arcoiris rojo

 

La cinta británica que nos ocupa, cuyo firmante es el dramaturgo y cineasta Matthew Warchus, cosecha del 66,  no es, pese a su fino olfato comercial, del todo desdeñable. Basada en hechos reales y ambientada en los duros 80 de la Dama de Hierro Thatcher, durante la huelga de mineros. Estos son apoyados económica e ideológicamente por ciertos sectores del movimiento de gays y lesbianas. Pero el entendimiento entre dos comunidades tan radicalmente distintas no será nada fácil…

La experiencia teatral del realizador le sirve muy bien para, contrariamente a lo que podría pensarse, dinamizar la puesta en escena y manejar los tiempos, el ritmo y las escenas de masas en esta narración coral, pero con claros protagonistas. Es entretenida, emocionante, divertida y , por momentos, vibrante. Sabe combinar sabiamente la comercialidad y el mensaje político. Así como también ironiza, compasiva pero cáusticamente, sobre como los prejuicios de los aguerridos héroes mineros en lucha se ven demolidos por el huracán de las gentes orgullosas del arco iris.

En estas confrontaciones, y en sus alianzas, extrae la película lo mejor de sí misma. También en el dibujo de los personajes, basad@s en sus homónim@s reales, y en sus respectivas evoluciones y destinos, de los que se da cuenta en los títulos finales. Pero… la interrelaciones no son paritarias, por lo que las reivindicaciones homosexuales – con la dureza añadida de la vivencia de esta opción en esa época oscura – apenas si son algo más que pinceladas. Más bien efectistas, además. Para no hablar de las de las lesbianas, que ni se tratan. Asimismo hay que reseñar el retrato, tan burdo, misógino y esquemático, de la ‘mala’ de la función.

Con guión de Stephen Beresford,  muy bien fotografiada por Tat Radcliffe y con una estupenda banda sonora de Cristopher Nightingale, ‘Pride’ es, con sus luces y sus sombras,  una cinta comercial, disfrutable, emotiva e implicada social y políticamente, que merece ser vista.

‘La Palabra y la Imagen’: A modo de recordatorio

Como ya se recordó y advirtió en la entrada del 24 de marzo pasado, la próxima sesión de nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’ tendrá lugar, como excepción, el próximo jueves, 9 de abril, a las 19.30, en La Casa del Libro, de Sevilla, calle Velázquez.

Las películas a debatir serán  – como también se mencionó en esa misma entrada y en la crónica de la tertulia del mes pasado – ‘Selma’, de Ava DuVernay y ‘Maps to the stars’, de David Cronenberg. No podéis faltar, promete mucho. Os esperamos.

 

 

‘Citizenfour’: En el punto de mira…

La productora y cineasta Laura Poitras, cosecha del 64, fue investigada y detenida unas 40 veces y revisados su móvil, pertenencias y ordenador personal,  a raíz de su documental, fechado en 2006, ‘My Country, My Country’, sobre la ocupación de Irak por su país. Datos de Wikipedia y declaraciones suyas.

Con estos antecedentes, la realizadora comenzó a recibir, en enero de 2013, unos correos electrónicos cifrados cuyo remitente era Citizenfour. En ellos aseguraba tener pruebas de programas de vigilancia ilegales dirigidos por la Agencia de Seguridad Nacional, NSA, estadounidense, en colaboración con otras similares.

Cinco meses después, en junio de ese mismo año, viaja a Hong Kong, junto con dos periodistas. Su compatriota, y también abogado constitucionalista, Glenn Greenwald, y el escocés Ewen MacAskill, ambos de ‘The Guardian’. Con ellos, su cámara y un mínimo equipo graba los encuentros en ese país asiático con su misterioso confidente, que resultó ser nada menos que Edward Snowden, antiguo empleado de la CIA y un brillante programador e informático.

El resultado es esta inquietante y absorbente película de 114 minutos que viene precedida de importantes reconocimientos como los Gotham, Spirit Awards, BAFTA y Oscar 2015 al Mejor Largometraje Documental. El resultado es una cinta que sabe sortear, con talento, humor e intensidad, las dificultades de lo narrado para l@s profan@s en la materia. El resultado es un documento trascendental sobre como ciertos poderes fácticos – a los que no hemos votado, ni elegido – controlan y vigilan hasta el más nimio detalle de nuestras vidas.

El resultado es la mirada valiente y lúcida de una ciudadana comprometida sobre un ciudadano valiente, lúcido y comprometido. Con dos informadores lúcidos, valientes y comprometidos, como testigos. El resultado es una suerte de excelente thriller de espionaje, aliado con la opresiva constatación de que sus datos son reales y no de ficción. El resultado cuestiona nuestras libertades más íntimas,  personales e intransferibles, en aras de un uso perverso de la llamada Seguridad Nacional. El resultado cuestiona incluso la presunción de inocencia. El resultado pone en jaque a la autoproclamada Democracia con mayúsculas.

El resultado de esta cinta sí que comprometió gravemente la libertad y seguridad de quienes intervinieron en ella y la hicieron posible, y las de sus seres queridos. Las del protagonista, especialmente. Exiliado en el citado país asiático, luego huyó a Rusia y ha solicitado asilo político en Ecuador. Está considerado un criminal y un traidor por el Gobierno de su nación,  y su suerte es más que incierta. El resultado es que deberían honrar su gesto, el de la realizadora, el de sus colegas y el de su equipo – tod@s, como nosotr@s, en el punto de mira – yendo a verla. Sin ningún género de dudas.

 

‘En cartelera’: Bondades y maldades…

 

En esta Semana tan especial se han adelantado los estrenos. Así es. Hoy ya puede verse en nuestras salas la nueva oferta de la cartelera. Destacamos las tres cintas de mayor interés, sobre el papel, y que se proyectan en versión original. Una francesa, otra italiana y otra israelí, en coproducción con Francia y Alemania.

La francesa se basa en un hecho real, sobre una chica de catorce años, ciega y sorda de nacimiento, cuyos padres no son capaces de ayudarla. En su desesperación, recurren a un Instituto especializado regentado por religiosas. Una joven hermana la toma bajo su protección y cambiará su vida. Hablamos de ‘La historia de Marie Heurtin’, de Jean-Pierre Améris. Aunque resulte inevitable la comparación con ‘El pequeño salvaje’ y ‘El milagro de Ana Sullivan’ y su programación en estas fechas no sea nada casual, las críticas la avalan.

La italiana nos llega con una semana de retraso. Y, frente las bondades de los personajes de la cinta anterior, aquí se da cuenta de las maldades mafiosas de dos hermanos traficantes en la ciudad que le sirve de título. ‘Calabria’, de Francesco Munzi, con Carlos Bardem en su reparto y que viene precedida por las mejores referencias. Habrá que comprobarlo.

La israelí es ‘ Gett. El divorcio de Viviane Amsalem’, de la realizadora Ronit Elkabetz y de su hermano Shlomi, ambos también co-guionistas y ella, además, interpreta a la protagonista. Tercera entrega de una trilogía sobre el matrimonio y la familia, de fuerte dominación masculina, en su país y comunidad religiosa y como afecta, en este caso, a una mujer que quiere divorciarse, tras muchos años de separación, a lo que el marido se niega. Así que lucha en un proceso duro e interminable por este derecho. Sus reseñas son espléndidas y se impone verla.

‘Maps to the stars’: Cautiv@s del mal

David Cronenberg, canadiense de la cosecha del 43 , es una rara avis en la cinematografía mundial. Guionista y realizador, la imprescindible página Wikipedia le describe como «uno de los principales exponentes de lo que se ha denominado horror corporal, que explora los miedos humanos ante la transformación física y la infección… En sus películas usualmente se mezcla lo psicológico con lo físico, en las primeras mezcló el horror con el fantástico y la ciencia ficción, aunque su trabajo hace tiempo que se ha extendido más allá de esos géneros».

Nada más cierto. En su extensa y notable filmografía se cuentan títulos de tanto interés como ‘El almuerzo desnudo’, ‘M. Butterfly’, ‘Una historia de violencia’ o ‘Promesas del Este’, entre otros.  Títulos en los que ha volcado sus singulares señas de identidad y su talento creativo, en una revisión de los géneros clásicos más que estimulante. Como es el caso de esta historia coral de un famoso terapeuta alternativo, su más que problemática familia, su clienta más famosa en espera de encarnar a su propia madre en el cine y el  turbio microcosmos que les rodea, en las colinas más famosas del llamado Séptimo Arte.

Con la deliberada factura de una sitcom, o comedia de situación, y la complicidad de Bruce Wagner en el guión, Peter Suschitzky en la fotografía y Howard Shore en la banda sonora, Cronenberg realiza una implacable radiografía del estilo de vida hollywoodense. En clave de sátira despiadada, provista de un humor salvaje y negrísimo, analiza en este cuento cruel los estragos de la fama en mentes inestables. No deja títere con cabeza… Deliberadamente desprovista de glamour, da cuenta- incluso con nombres y apellidos reales – de las miserias de una fauna sin ética, ni principios, ni empatía, ni consistencia. Entre los horrores que la pueblan,  se asoma la carcajada. Un hecho perfectamente compatible con el inquietante desasosiego que la recorre hasta el climax final. No hay pretensiones transcendentes en ella en el retrato de unos personajes a los que, pese a su vacuidad, les dota de identidades tan oscuras como sus actos y los medios que justifican sus fines.

Unos personajes maravillosamente encarnados por un reparto de lujo en el que destacan John Cusack, Olivia Williams, Robert Pattinson, Mia Wasikowska y una excelsa Julianne Moore. Irónica, irreverente, impía, turbia, divertida, mórbida e implacable radiografía de la Meca del Cine y de algunas de sus desequilibradas criaturas, es una de las cintas que comentaremos – junto con ‘Selma’ de Ava DuVernay – en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’. El jueves, 9 de abril, a las 19.30, en La Casa del Libro de Sevilla, calle Velázquez. Si están en su sano juicio, no deben perdérsela. Si en el insano, tampoco.

‘El año más violento’: Un hombre de honor

El ciudadano de Nueva Jersey, J. C. Chandor, cosecha del 73, es – con tres películas en su haber, incluyendo la que nos ocupa – uno de los guionistas y cineastas más prometedores de su país. Debutó bajo el respaldo del Festival de Sundance, en el que estrenó su ópera prima, la notable ‘Margin call’ (2011), que más tarde competiría también en la Berlinale por el Oso de Oro. Y en 2013 honró a su mentor Robert Redford con su segunda cinta en el que era protagonista exclusivo, ‘Cuando todo está perdido’.

‘El año más violento’ tiene 124 minutos de metraje. Cuenta con una espléndida fotografía de Bradford Young y con una excelente partitura de Alex Ebert. Su historia, cuyo guión se debe asimismo a su firmante, remite a lo que se dio en llamar, con el mismo título, a 1981 en los anales de Nueva York, donde está ambientada la acción. Allí, un inmigrante de origen latino y su mujer intentan sacar a flote su negocio de combustible en un entorno inmoral, corrompido, carente de escrúpulos y, desde luego, capaz de todo para conseguir sus fines. Pero tampoco la fiscalía le pondrá fáciles las cosas investigando su contabilidad…
Su factura, su temática y su puesta en escena recuerdan – la mayor parte de la crítica así lo ha señalado – al estilo de Sidney  Lumet. Se ha mencionado también a David Mamet, como otra posible influencia. Lo cierto es que Chandor, pese a ello y a ser inmejorables comparaciones, tiene un estilo personal e intransferible. Con unas señas de identidad autorales muy marcadas pero, afortunadamente, nada enfáticas.
Lo demuestra en una planificación elegante, clásica, sobria y mesurada en la que, pese al tema que está tratando, no se hace concesión alguna a las pautas del thriller de acción al uso, ni siquiera a las del cine negro. Hasta el punto en el que puede resultar desconcertantemente fría, por decirlo así, en los primeros minutos de metraje. Porque lo que realmente le interesa es desvelar la profundidad del dilema moral en el que se debate el protagonista, dentro del contexto político-social de la Tierra Prometida o del Sueño Americano, como prefieran llamarlo.
J. C. Chandor sabe narrar muy bien el conflicto de este hombre – un magnífico Oscar Isaac- entre la lealtad a sus principios, y la defensa de los suyos y de un objetivo profesional en el que lo ha apostado todo, frente a la violencia y corrupción generalizadas en las que está inmerso y cuyas pautas se niega a asumir. Y lo hace sin eludir la brutalidad ambiental, pero de ninguna manera recreándose en ella.
Con un personaje femenino – excelente Jessica Chastain – que, pese a sus antecedentes familiares y a estar integrada en un rol tradicional de esposa y madre, sabe transcenderlo, como mujer y compañera, con inteligencia y determinación. Con personajes secundarios, en un reparto impecable, más que ajustados y verosímiles.  Con el añadido de las magníficas composiciones de Albert Brooks y de David Oyelowo, el Luther King de ‘Selma’. Es un consejo, no se la pierdan.

 

 

‘La Palabra y la Imagen’: Un recordatorio y una advertencia

 

Esta breve entrada es para advertir que la próxima sesión de nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’, será el jueves, 9 de abril, a las 19.30, en La Casa del Libro de Sevilla, calle Velázquez, como excepción, en lugar del miércoles previsto. Las películas a debatir serán ‘Selma’, de Ava DuVernay y ‘Maps to the stars’, de David Cronenberg. La crítica invitada, todo un lujo y un honor, será la periodista Amalia Bulnes Castillo. Os esperamos y, desde estas mismas líneas, volveremos a recordar este cambio. Gracias.

‘Selma’: ¡¡¡Grita libertad!!!

La realizadora y guionista afroamericana Ava DuVernay, cosecha del 72, ha escrito y dirigido este largometraje de 123 minutos, que recoge uno de los más importantes pasajes de la biografía del reverendo y luchador por los derechos civiles, Martin Luther King. Es decir, las marchas sobre la ciudad sureña de Selma y, desde ella, hasta el capitolio de Montgomery. El 7 y el 21 de marzo de 1965, respectivamente.  Dos eventos cruciales para que se garantizara el voto a la ciudadanía estadounidense de color – algo que ocurrió pocos meses después – porque aún siendo teóricamente legal, las cortapisas en los Registros eran insalvables para ell@s.

‘Selma’ comienza con la entrega del Nobel de la Paz al protagonista en octubre del 1964. Un año antes, se produjo la explosión de una iglesia baptista, que provocó un miembro del siniestro Ku-Klux-Klan, y que mató a cuatro niñas negras, de entre 11 y 14 años de edad. En este contexto histórico, inscribe DuVernay la compleja y tupida red de acontecimientos y relaciones en torno al líder y su entorno. Desde el presidente citado, hasta el FBI – con el turbio J. Edgar Hoover al frente – que intervino sus teléfonos y  le mantuvo continuamente vigilado, registrando sus actividades y movimientos. Dichas comunicaciones telegráficas literales son incisivamente mostradas en la cinta.

Pero también las relaciones con otros activistas, con quienes compartía ciertos objetivos, pero no estrategias. Tales como Malcolm X, por ejemplo, asesinado un mes antes de las marchas, en febrero del 65. O el Black Power. O movimientos estudiantiles mucho más radicales. O miembros de otras confesiones religiosas y partidos de izquierdas. O con su mujer, Coretta Scott King, una figura clave en su vida personal y política.

Todas estas imbricaciones están muy bien resueltas, desde el punto de vista narrativo. Incluso a nivel de las altas esferas del poder. Nada chirría, nada resulta gratuito, ni esquemático, ni farisaico. Los villanos de la función están, además, revelados en toda su tosca e inconmensurable brutalidad y transmiten una enorme verosimilitud en sus composiciones. Lo mismo cabe decir de las escenas de masas de los racistas jaleando las actuaciones policiales.

Una vez dicho esto, hay que resaltar que la realizadora se supera a sí misma filmando las dos marchas citadas, de una manera tan poderosa como emotiva. Ambas tuvieron lugar en domingo. En la primera, calificada como domingo sangriento, tras cruzar el tristemente famoso puente de Edmund Pettus en protesta por el asesinato de un activista no violento, seiscientas personas desarmadas fueron ferozmente agredidas por los llamados agentes del orden.

DuVernay retrata a esos hombres y mujeres de su raza como lo que eran. Personas con una enorme dignidad. Con una valentía a toda prueba. Decidid@s a llegar hasta las últimas consecuencias, por conseguir la plena ciudadanía y los derechos más elementales. No solo al líder. A tod@s ell@s. Y a su gesta desgarradora de mantenerse firmes en su no violencia, frente a la barbarie de sus enemigos.

Por contra, la segunda – dos semanas después – vibrante y con sabor a victoria. Absolutamente multitudinaria, con las imágenes reales de la época, en paralelo a las de la ficción, en las que reconocemos a, por ejemplo, Sammy Davis Jr o a Harry Belafonte y, por supuesto, a Mahalia Jackson, la voz favorita de Luther King.

Bradford Young la ha fotografiado. La música se debe a Jason Moran y Morgan Rhodes. Su tema, ‘Glory’ se hizo con el Oscar 2015 a la Mejor Canción. Tom Wilkinson, especialmente,  Giovani Ribisi, Dylan Baker, entre un largo etcétera, le prestan su talento. Carmen Ejogo y, sobre todo, David Oyelowo, bordan a los protagonistas, con los que guardan un pasmoso parecido físico. Los acontecimientos descritos en ella solo tuvieron lugar hace 50 años.

Una pertinente, necesaria, intensa y entregada epopeya de la lucha de un hombre visionario, de una etnia oprimida, que debatiremos el próximo jueves – esta vez, como excepción, será el jueves – 9 de abril, junto a ‘Maps of the stars’, de David Cronenberg en nuestra próxima tertulia de cine. Una mirada de mujer sobre la memoria histórica de l@s suy@s, que merece ser vista.

‘Refugiado’: Con la muerte en los talones

Diego Lerman, el firmante de esta cinta, es un director de cine y teatro, guionista, productor y dramaturgo argentino, de la cosecha del 76, considerado como uno de los más sólidos nuevos valores de la escena artística de su país. Esta que nos ocupa, es la cuarta de su filmografía. Se proyectó en San Sebastián y en Cannes y obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Chicago.

La historia, escrita por él mismo y por María Meira, da cuenta – en 95 densos e intensos minutos de metraje, con la hermosa fotografía de Wojciech Staron y la potente partitura de José Villalobos – de la huida precipitada de una mujer, víctima de una violencia machista persistente, junto con su hijo de 7 años de su casa y del alcance del marido y agresor. Esto se produce cuando el niño la encuentra inconsciente y con graves heridas, en su propia casa, tras volver de una fiesta infantil en la que ninguno de sus progenitores ha ido a recogerle. Ella está embarazada de pocas semanas.

El desarrollo de los acontecimientos, que desemboca en la huida a la desesperada de los personajes centrales – espléndidos Julieta Díaz y Sebastián Molinaro – está contado desde una mirada que abarca los protocolos al uso en estos casos. Es decir, los pasos previos de actuación policial y médica in situ, estancia en la casa de acogida, procedimiento judicial, que elude la protagonista para no confrontarse con su verdugo y el tenso peregrinaje sin rumbo fijo hasta el destino de un final abierto.

Pero… nada hay al uso en esta película notable. Ni en su fondo, ni en su forma. Con una puesta en escena inquietante y sugerente – a la que únicamente cabría reprocharle un cierto preciosismo estilístico en detrimento de una mayor concreción del relato -, sombría y desasosegante nos revela todo el horror de una siniestra lacra que se cobra tantas vidas. Y esto sin mostrar un solo golpe, ni siquiera directamente al enemigo. Sin dramatismos, ni excesos, ni subrayados innecesarios.

Revelando las carencias de un sistema que no protege a las víctimas, las de las medidas cautelares que no se cumplen de oficio. Las insuficiencias en la protección de esas refugiadas y refugiados con la muerte en sus talones. La impunidad de los agresores libres para seguir, a distancia, convirtiendo sus vidas en un infierno. El forzoso abandono de sus hogares, de sus formas de vida, de sus estatus, de sus trabajos, de sus profesiones, de una mujer y un niño, de tantas mujeres y tant@s niñ@s. Los vínculos que ellas y ellos, pese al terror, siguen manteniendo con sus parejas y padres.

La negrura, el suspense, la radiografía política y social de este deplorable estado de cosas, están narrados en clave de un thriller que no da tregua. Pero que se detiene, creando un clima incluso poético, en momentos como la atmósfera de esa casa de acogida, con es@s menores, que han experimentado tanta dureza, son capaces de reir y jugar. O en la solidaridad de las compañeras de trabajo. O en el sonido de un móvil, como instrumento de control y de tortura. O en la protesta de un niño, que se niega a dejar su espacio y su juguetes, pero que une su suerte a la de la madre, en gravísimo peligro.

Valiente, conmovedora, honesta, atípica, transgresora, atroz y absorbente mirada masculina sobre la iniquidad de ciertos compañeros de sexo. Bajo ningún concepto deberían perdérsela.