‘Mis días felices’: La joven del pelo blanco

El subtítulo de esta entrada corresponde a la novela homónima de Fanny Chesnel, en la que se basa esta película francesa de Marion Vernoux. Ambas son asimismo responsables del guión. La historia sigue a una dentista recién jubilada, de sesenta años, quien ha sufrido el duro golpe de perder a su mejor amiga. Casada, con dos hijas y nietos, se encuentra con un gran vacío en su vida y no sabe bien cómo emplear su tiempo libre, pues su marido, y colega, sigue ejerciendo. Decide entonces intentar integrarse en algún curso de los que oferta un centro de la tercera edad y allí conoce a un monitor veinte años más joven…

Por partes. Ni el relato, ni su tratamiento, son especialmente novedosos. Aunque esta desigualdad cronológica en una pareja solía ser protagonizada por un hombre maduro. Y pocas veces, como aquí, se ha mostrado a la inversa y con dos miradas de mujer en la escritura y en la realización. Lo que le añade a la cinta más de un toque de sutileza y elegancia en la puesta en escena y en ciertas situaciones y diálogos. Así como en los retratos de los personajes, sobre todo de los femeninos. Entre ellas existe el humor, la complicidad y una auténtica camaradería, sin sombra de agravio o de competitividad. Ni juzgan, ni condenan, ni añoran, ni envidian y viven gozosa y libremente su edad. Y esto se agradece mucho.

Lo mismo cabe decir del romance adúltero de la protagonista al que se le ha despojado de transcendencia y dramatismo, y también, prácticamente, de conflictos. La realizadora sabe resolverlo muy bien, así como la relación conyugal y esa conclusión plena de vitalidad. El marido es visto con dignidad, muy bien encarnado además por Patrick Chesnais.

Pero… en esa aparente ligereza reside su debilidad. Todo es demasiado fluido, demasiado fácil. Sus protagonistas pertenecen a una clase privilegiada, con una economía más que boyante y apenas si se muestran afectados por los estragos del tiempo. Sobre todo, en lo que respecta a la maravillosa Fanny Ardant. Seamos claros, una sexagenaria atractiva, refinada, elegante y llena de glamour. Y aún así, pese a las escenas de sexo, su cuerpo apenas nos es mostrado, poco más que sus brazos, piernas y una mínima parte de su escote.

En este y en otros aspectos, la película es pudorosa y más que convencional, aunque aparentemente osada. Una comedia burguesa, que se deja ver bien y poco más. Con sus bondades, ya señaladas,  pero también con sus trampas, oquedades y limitaciones.

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