‘El hijo del otro’: De tales padres y…de tales madres

 

Sostiene Lorraine Levy, actriz de teatro y realizadora francesa, responsable de ‘El hijo del otro’, en una reciente entrevista en Público que: “Un país debe ser laico para ser libre”. Se refería, en este caso, al conflicto palestino – israelí, telón de fondo de la historia en la que se basa, de Noam Fitoussi, y cuyo guión ha coescrito. Es su tercera cinta y ganó los Premios a la Mejor Dirección – por primera vez se lo conceden a una mujer en sus 27 años de existencia…(Fuente del periódico citado)- y a la Mejor Película.

La historia – muy similar y, al tiempo, muy distinta a la que nos narró Hirokazu Koreeda en la excelente, ‘De tal padre, tal hijo’ – da cuenta del trauma surgido cuando, a raíz de unos exámenes de rutina de cara a su alistamiento, los padres de un adolescente israelí – militar de rango, él; psicóloga francesa, ella -, residentes en Tel-Aviv,  descubren, por el grupo sanguíneo, que no es su hijo biológico.

Nacido durante un ataque, en el refugio fue involuntariamente intercambiado con otro bebé. Este último, a su vez, se ha criado como propio en una humilde familia palestina que vive en Cisjordania. Esta revelación provocará  un cataclismo entre las partes afectadas. Los padres, las madres, los protagonistas del lamentable equívoco, sus herman@s y entorno familiar y social se retratarán, a todos los niveles, en este proceso.

Lo que en el filme de Koreeda afectaba a un modus vivendi oriental y a diferencias de clase y carácter entre los personajes, aquí estamos hablando de una guerra colonialista, de enemigos encarnizados, también de clases, de religión, de señas de identidad y sentido de pertenencia. Las edades de los chicos, todos varones, marcan también profundas diferencias.

Pese a su origen israelí, la directora maneja con exquisito tacto el espinoso tema que confronta a ambos bandos. Mejor aún, aunque muy crítica con las posiciones sectarias e irreconciliables de las dos partes, – y esto se refiere, sobre todo y fundamentalmente, a los hombres. Las mujeres, por el contrario son las más receptivas y conciliadoras – sabe mostrar quienes son l@s oprimid@s en su visión de los territorios ocupados. Y da cuenta de ello describiendo la cotidianidad del miedo, de la humillación, de la privación absoluta y de la total indefensión de quienes son marginad@s y maldit@s en su propia tierra. De quienes son parias en su propia patria.

Por todo ello. Por sus posiciones comprometidas, progresistas, anticolonialistas y promujeres. Por la empatía, la comprensión, la sensibilidad y el humor de que hace gala en su mirada a estos dos grupos humanos, en sus micro y macro cosmos y a sus circunstancias. Por el buen hacer de su reparto. Estupenda Emmanuelle Devos – presente por partida doble en el Avenida – pero también Pascal Elbé, Kalifha Natour, Jules Sitruk, y un largo etcétera.

Por la ironía con la que contempla, no las convicciones auténticas, sino la relativa a la religión como seña excluyente de identidad y los conflictos que provoca en los adolescentes, en sus familias y en ambas comunidades. Por la descripción de las personalidades de ambos personajes centrales y su complicidad. Por su final, tan abierto e integrador…

Por todo ello, es una película valiosa, aunque imperfecta, con sus defectos de fondo y forma, con cierta dispersión y bajones de ritmo, con secundari@s perfectamente prescindibles…, que merece ser vista.

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