‘La jaula dorada’: Excesos y mixtificaciones…

Esta ópera prima del actor, guionista y realizador francés, de ascendencia lusa,  Ruben Alves – cosecha del 80 –  obtuvo el Premio del Público del Cine Europeo y un consenso entre los espectadores y la crítica en el país vecino. Aquí también está funcionando muy bien y se proyecta asimismo en versión original. Dedicada a sus padres, todo el reparto tiene o nacionalidad, o ascendencia, portuguesa y el mismo director reconoce que es muy autobiográfica.

La historia, que han escrito el propio Alves, Hugo Gélin y Jean-André Yerles, describe la vida en un elegante inmueble de un barrio parisino de una portera y su marido, nacidos en Portugal pero residentes en la capital francesa, en la que han nacido sus hijos, desde hace más de treinta años. Ambos, él como albañil y a cargo del mantenimiento del inmueble y ella al servicio permanente de l@s inquilin@s, incluso en días no laborables y  a horarios intempestivos, se desviven por tod@s y son generos@s hasta decir basta.  Pero un día… una inesperada herencia y su claúsula va a transformarlo todo.

Como la mayoría de los debuts cinematográficos, y aún más en este caso, tratando temas tan personales, hay una sobreabundancia de hilos narrativos no siempre bien resueltos y una dispersión considerable. Pero, sobre todas las cosas, la cinta no sabe, o no puede, encontrar su tono. Y así se debate entre la crítica social, la saudade, la comedia con algún toque irónico e inteligente y otros, los más, rozando lo esperpéntico y la astracanada. El que el cineasta haya declarado que su familia es aún mucho más excesiva que la retratada aquí, no justifica el tratamiento tan burdo de ciertos personajes, femeninos especialmente, secundarios.

Este es uno de los pies de barro de los que cojea esta jaula no tan dorada. Porque, además, ha perdido una oportunidad, nunca mejor dicho en este caso, de oro, para dinamitar, en clave impía, a una determinada clase social que explota hasta la indecencia a quienes la sirve, más si son inmigrantes. Lo apunta, sí, pero lo malogra en aras de un buenrollismo impostado que compromete la credibilidad del propio relato.

O para reflexionar sobre la pertenencia a dos países, sobre el debatirse entre dos lealtades y dos formas de vida  tan antagónicas, urbana y rural. O… Una pena porque había material para retratarlo y porque Joaquim de Almeida y Rita Blanco le aportan talento y buen hacer a los protagonistas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s