‘Bajo la misma estrella’: Tiempo de amar, tiempo de morir…

Para M. I. S. M. , siempre en la memoria y en el corazón.

Se necesita osadía para abordar una historia como esta, que proviene de un best-seller norteamericano, cuyo autor, John Green, especialista en temáticas juveniles, ‘aupó’ al libro a la primera posición de la lista de éxitos del New York Times, cuando se publicó hace dos años (fuente: Europa Press). Se necesita osadía para abordar una historia como esta, en clave pretendidamente indie, no convencional, con aspiraciones de ingenio, sutileza y humor, enfrentándose al drama lacrimógeno que la habita. Se necesita osadía para intentar, con estos mimbres, y casi conseguir, un producto diferente y sensible que no insulta a la inteligencia.

El osado firmante, que se ha hecho de oro contentando tanto al público natural de esta propuesta y a parte de otro, más cinéfilo y exigente, como encandilando a un amplio sector de la crítica, se llama Josh Boone, norteamericano de la cosecha del 79. La novela mencionada, que ha adaptado aquí, narra la historia de amor entre dos jóvenes enfermos terminales de cáncer que se conocen en una terapia de apoyo. Nada menos…

La abajo firmante se enfrentó a esta cinta con toda una parafernalia de prejuicios previos. Con una predisposición crítica nada receptiva, sino todo lo contrario. Para empezar, una impostura, bien que de ficción. No se puede estar viviendo con ese mal en las entrañas, en los pulmones, en las extremidades, en los órganos vitales y tener ese aspecto tan fresco, radiante y saludable. Aunque se esté permanentemente conectada a un pesado respirador de oxígeno y se tenga una pierna artificial en uno y otro caso. Y, aunque tengamos ejemplos que lo contradicen, deberían ser inevitables las secuelas emocionales – especialmente, en edades tan tempranas – por la tremenda injusticia de ‘El defecto en nuestras estrellas’, título más ajustado al  original.

Pese a todo ello, la abajo firmante no pudo sustraerse a su encanto, que lo tiene. A su humor, que lo tiene. A sus chispeantes diálogos, que los tiene. A su lirismo, que lo tiene. Al magnetismo de un romance bien contado, que lo es. A sus conmovedores esfuerzos por ser inteligente y distinta y por no ser tópica y llena de clichés. A su retrato de unas criaturas condenadas, un retrato generacional nada al uso en circuitos comerciales, que luchan por arrancarle al tiempo que les queda amor, placer y libertad. Al extraordinario carisma y talento de la gran Shailene Woodley y a su química con un partner casi a su altura, Ansel Elgort. A la siempre estimulante presencia de Laura Dern. Y a la de Willem Dafoe, el personaje peor tratado y retratado.

Quien esto firma les advierte que es de mucho llorar. Que la muerte la sobrevuela, aunque se intente pactar con ella, distanciándola, y se consiga sólo a medias. Que no ha querido, ni ha podido, despacharla con latiguillos críticos ad hoc. Que le ha parecido más honesto reseñarla con sus luces y sus sombras. Con todas las consecuencias. La pelota está en sus tejados…

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