Archivo diario: abril 20, 2016

seff365: Recordatorio de urgencia e imprescindible

Esta entrada es para recordarles que mañana, jueves, 21 de abril, a las 20.30, en el Teatro Alameda de Sevilla, calle Crédito, 13, y por el módico precio de 3 euros, tendrán ocasión de ser espectadores-as de otro extraordinario acontecimiento cinematográfico.

Se trata de la proyección – como nos informan desde Prensa del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que la organiza, a través de su ciclo seff365, del que ya nos hemos hecho eco en dos entradas anteriores – de la película ‘Sayat Nova. El color de la granada’, de Sergei Parajanov. En copia restaurada, con su montaje original que fue alterado en su momento por la censura soviética,  gracias a la colaboración de The Film Foundation, de Martin Scorsese y de la Cineteca de Bolonia.

Producción rusa, de 79 minutos de metraje, fechada en 1967. Su guión se debe al propio realizador. Su fotografía, a Suren Shakhbazian. Su banda sonora, a Tigran Mansurian. Su montaje, a Maria Ponomarenko. Es una biografía muy singular – en base a una serie de cuadros vivientes, que representan episodios importantes en clave simbólica como la infancia, la juventud, la entrada en un monasterio… – del poeta y trovador armenio, del siglo XVIII, Sayat Nova.

Sus críticas son excepcionales. A su puesta en escena, a su tratamiento, a su estética y a su deslumbrante belleza plástica, entre un largo etcétera. Jordi Costa de El País la describió como “una de las películas más hermosas de la Historia”

Así que ya lo saben y avisados-as quedan. Nadie en su sano juicio debería perdérsela.

 

‘The lady in the van’: ¡¡¡Arsénico, por compasión!!!

Viendo esta película británica – de 104 minutos de metraje, dirigida por Nicholas Hytner, escrita por el protagonista real de la historia, Alan Bennett, fotografiada por Andrew Dun, con la banda sonora de George Fenton, en la que suenan excelentes piezas clásicas, con la buena, e impersonal, en este caso, factura marca de la BBC, fechada en 2015 – quien esto firma ha añorado enormemente a las dulces, compasivas y encantadoras ancianitas, tías de Cary Grant, de la magistral ‘Arsénico por compasión’, de Frank Capra.

Narra una peculiar situación sobrevenida al autor mencionado y que se prolongó durante quince años. Una mendiga octogenaria y senil aparcó con su furgoneta – el lógico título castellano sería ‘La dama de la furgoneta’ – tras varios intentos fallidos en un vecindario tan reticente como bienintencionado, en el acceso a su casa londinense. Esta circunstancia le cambiaría la vida y también ciertos esquemas.

El realizador, a juicio de quien esto suscribe, ha desaprovechado penosamente la oportunidad de transmitir una mirada crítica sobre una sociedad clasista, hostil al-la diferente, llena de prejuicios especialmente frente al trinomio pobreza-senilidad-marginación. Sobre todo si se encarnan, como en este caso, en una mujer. Lo mismo puede decirse respecto a las culpa y represión sufridas por la protagonista. Por cierto,  excelsa, como es habitual en ella, Maggie Smith, aunque muy superior al personaje, plano y lineal.

Tan plano y lineal como el tratamiento de la historia  Como la realización y la propia escritura, a las que le sobran metraje y reiteraciones. Solo a veces, muy pocas, se intuye la película que podría haber llegado a ser. Si en lugar de poner el énfasis en lo pintoresco, lo excéntrico,  lo sentimental y hasta lo escatológico, lo hubiera hecho en un retrato en negro habitado por el cinismo y la ironía, todos-as los-as espectadores-as habríamos salido ganando.

Tampoco el desdoblamiento del actor principal -un correcto Alex Jennings, paciente hasta lo inenarrable – funciona, porque no crece, ni se desarrolla, sino que se repite. De hecho, Jim Broadbent se lo merienda sin problemas en su breve aparición. Su pretendida sutileza no es tal, sino obviedad, aunque en ocasiones tenga destellos del mejor humor británico.

En resumen, si se conforman – lo que es muy legítimo…- con un producto de factura cuidada, buenas fotografía y música, pinceladas sociales críticas, divertido a veces, lleno de buenos sentimientos, y que no les ofenda la inteligencia, no se la pierdan. Si son más exigentes, quien esto firma se atiene a lo escrito. La pelota, en sus tejados.