Archivo mensual: mayo 2016

La Palabra y la Imagen y Linterna Mágica: Recordatorios urgentísimos

Mañana, miércoles, 1 de junio, a las 19.30, en la cuarta planta de La Casa del Libro, en la calle Velázquez, tendrá lugar la próxima sesión de nuestra tertulia de cine La Palabra y la Imagen. Debatiremos en ella sobre las películas ‘La punta del iceberg’, de David Cánovas, ‘La bruja’, de Robert Eggers y ‘Corazón gigante’, de Dagur Kári. El crítico invitado, un lujo y un honor, será José Luis Ordóñez, conductor del programa ‘La calle de Enmedio’, de Canal Sur Radio.

Esta sesión, además, cerrará la temporada y el curso. Si nos confirmaran, como confiamos, que habrá una quinta, volveríamos en octubre. Así que es importante que no falten, pues luego – en el mejor de los casos – estaremos tres meses, los de verano, sin vernos. Además, nos gustaría que nos tomáramos algo después para poner el broche de oro a este ‘hasta pronto’.

La entrada es libre. Aunque lleguen tarde, siempre hay sillas disponibles dentro. Promete muchísimo. NO SE LA PIERDAN. LES ESPERAMOS.

Pero los eventos no acaban aquí. El día siguiente – jueves, 2 de junio, a las 18.30 de la tarde, en el salón de actos de Emasesa, calle Escuelas Pías, 1 – la Asociación Linterna Mágica – a la que, quien esto firma, se honra en pertenecer – ha invitado a la titular de este blog a formar parte de una mesa redonda, con tres críticos más, los muy cualificados expertos y amigos Miguel Olid Suero, José Miguel Moreno y Juan José Roldán.

Debatiremos sobre tres cortometrajes del mayor interés, en las modalidades de documental, animación y ficción, que serán presentados y se proyectarán previamente y que vienen precedidos de grandes reconocimientos.

Reconocimientos tales, respectivamente, como el Goya y el Oscar pasados en su especialidad y el del Premio al de la Salud Mental. O lo que es lo mismo, y por este orden, ‘Hijos de la tierra’, de Axel O´Mill Tubau y Patxi Uriz Domezáin, Goya Mejor Cortometraje Documental; ‘Historia de un oso’ del chileno Gabriel Osorio, Oscar Mejor Cortometraje de Animación y el de ficción,  Premio Corto y Salud Mental, ‘Pita’, del italiano Gabriel Sheepard.

Otro evento, por tanto, de asistencia obligatoria. Antes de que llegue el desierto cultural del verano, NO SE LOS PIERDAN.

‘Alcaldesa’: Ser y estar

“No olvidemos nunca quienes somos y por qué estamos aquí” es el lema de un cartel que puede leerse en la puerta de un despacho del Ayuntamiento de Barcelona, tras la que el nuevo equipo municipal comienza su trabajo. Un lema de ese nuevo equipo, que capitanea Ada Colau, la primera mujer en ostentar tal cargo en la historia de la ciudad y en el que acaba de cumplir un año.

Este documental, dirigido por Pau Faus, un activista de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca – conocida por sus siglas PAH, a la que le dedicó otro, que puede verse en abierto en la red –  sigue a la protagonista durante ese mismo periodo de tiempo. Desde la gestación de la candidatura de Barcelona en Comú, hasta que es investida alcaldesa.

Su metraje es de 85 minutos. Su guión lo firman el propio realizador y Ventura Durall. La música es de Diego Pedregosa y la fotografía también del propio Faus. Se proyecta en su versión original catalana subtitulada al castellano en el Avenida, pero hay que verlo pronto, pues solo ha tenido dos sesiones el fin de semana. Hoy mismo, a las 16.15 y a las 22.30. A partir de mañana, y hasta el jueves, solo en este último horario. Y como los viernes son días de estreno, veremos si no desaparece de la cartelera. Avisados-as quedan…

Quien esto firma, que siente tantas afinidades como reservas hacia Colau, ha encontrado que este filme es un retrato sincero, cercano, poderoso, vibrante y emotivo de una activista convertida en política, de su equipo, de su familia y de su entorno. Y el que lo filme uno de los suyos, un compañero, no le parece un error, sino un acierto. Porque ante la mirada de una cámara amiga, ella y los-as demás se manifiestan sin reservas, sin tics defensivos, relajada y accesiblemente.

Así, en su opinión, el documento es más vivo, más potente, más complejo, más honesto y, desde luego, mucho más emocionante. La carga crítica, si la hay, la pone el espectador-a. Porque nos es dado contemplar el paso del activismo a lo institucional, con sus luces y sus sombras, con sus retos y limitaciones.

Porque se nos ofrece el retrato de una campaña diferente. De un equipo diferente. De una candidata nada al uso. De una mujer que se emociona hasta las lágrimas con los ánimos y el calor afectivo de sus antiguas compañeras de lucha en la calle. O añorando a su pequeño, al que ve poco, integrándolo en su vida pública cuando puede, con naturalidad.  Con la misma que su pareja asume un papel secundario y de soporte.

Que tiene profundas convicciones y sabe transmitirlas, pero que se siente ajena y extraña a ciertas servidumbres de la imagen, de los debates y del modus operandi de sus rivales. Que supone un cambio y una enorme esperanza para tantas personas desheredadas que la siguen fervorosamente.

Todo eso y mucho más está ahí y hace de ella, para quien esto firma, una película interesante y valiosa que no deberían perderse.

 

‘Más allá de las montañas’: ¡¡¡Go East!!!

El título de esta crítica hace referencia a uno de los temas estrella de este filme. De hecho, su hilo conductor musical, junto a una preciosa canción cantonesa. Una suerte de himno, que abre y cierra la película. El archiconocido ‘Go West’, de Village People, en su versión más popular, la de los Pet Shop Boys. Pero lo que ‘Más allá de las montañas’, de Jia Zhangke, en realidad nos propone es una inmersión en su país, China. Vamos, pues, al Este.¡¡¡ Go East !!!.

Estructurada en tres partes – que corresponden a otros tantos años y décadas, entre los principios de este siglo y un futuro no muy lejano – narra la historia de dos amigos muy diferentes, enamorados de la misma joven. Los tres mantienen una  sólida camaradería, que se altera bruscamente  con la presión del triunfador – empresario prepotente y chulesco, con un gran futuro por delante – sobre la chica para obligarla a decantarse y el respetuoso silencio del perdedor, obrero en una mina. Tal decisión cambiará sus vidas para siempre.

131 minutos de metraje. Escrita por el propio director. Su bellísima fotografía está firmada por Yu Lik-wai. La música, por Yoshihiro Hanno. Fechada en 2015. A quien esto firma, le ha suscitado una intensa división de impresiones que intentará trasladarles lo más ajustadamente posible.

En primer lugar,  no pudo sustraerse a su interés por su narrativa no convencional. Por el retrato que hace de una China tan contradictoria entre el nuevo modelo capitalista y la República popular . Entre sus señas de identidad comunistas y su feroz clasismo. Entre la modernidad y la tradición. Entre sus avances tecnológicos y sus carencias en servicios públicos fundamentales. Entre las nuevas jerarquías y valores y las seculares injusticias y discriminaciones como las de las mujeres. Por el plano final.

Quien esto firma también ha sido sensible a la hermosura de sus imágenes, a su belleza plástica, a la singularidad de su puesta en escena. Y ya hemos mencionado su vibrante banda sonora. Pero… ha encontrado importantes inconsistencias en el guión. Escaso, o nulo,  interés por el desarrollo y evolución de los personajes y sus interrelaciones mutuas. Un alargamiento de situaciones, combinada con bruscas elipsis temporales, en las que se elude cualquier referencia a hechos que hubieran debido ser mostrados.

Un triángulo que no es tal. Uno de sus vértices del que, en sí mismo y como representante más castigado de su clase social,  nos hubiera gustado saber mucho más. Un joven del que, tal como está inserto en su época y en el relato,  nos hubiera gustado saber mucho menos.  Una tercera parte – que ciertos sectores de la crítica han apreciado especialmente  – directamente prescindible y con momentos, a cargo del odioso progenitor, sonrojantes.

Una película cuyo interés desciende cuando no aparece la excelente y magnética Tao Zhao , que la salva de muchos naufragios y cuyo talento y sensibilidad están muy por encima de ella y del esquemático retrato que se hace de su protagonista. Puestas así las cosas desde quien esto firma, con sus luces y sus sombras, debe verse.

‘El hombre perfecto’: La realidad y el deseo

El guionista y realizador francés Yann Gozlan, firmante de la película que nos ocupa, la segunda de su filmografía, ha declarado a Europa Press – con motivo de su visita a nuestro país para presentarla – que narra en ella “el peligroso abismo que existe entre las expectativas y la realidad” y que uno de sus objetivos “era conseguir que el espectador sintiera hacia el protagonista la mayor empatía posible, a pesar de lo que es capaz de cometer, más allá de sus límites morales, porque hay una ambigüedad en todo”

Y a fe que, en ambos casos, lo consigue sobradamente. Porque logra toda la comprensión hacia un joven que trabaja en una empresa de mudanzas y lleva una vida más bien deprimente, de la que quiere salir por la vía de la escritura. Pero no tiene, al menos para las editoriales a las que les envía el manuscrito, el suficiente talento. Hasta que un día…

Con referencias confesadas a Polanski y al Mr Ripley de Patricia Highsmith, este thriller posee, no obstante, una poderosa personalidad propia. Unas señas de identidad plasmadas en una puesta en escena tan elegante como crispada, tan luminosa como turbia, tan intensa como calculada. Todo ello narrado al compás de las vicisitudes dramáticas in crescendo de un personaje tan inocente como perverso, tan conmovedor como insidioso, tan desvalido como inquietante.

Un personaje, excelente Pierre Niney, y una historia a los que nos enfrentamos como encubridores y cómplices. Un personaje a quien le acechan, a partir de una apropiación indebida, toda una serie de infaustas y encadenadas casualidades. O causalidades, según se mire…

Un personaje que acaricia una existencia dorada,  de amor, lujo y alta cultura, pero que arrastra la condena de su insuficiente o nula educación y de su bloqueo creativo. Un personaje que se ve abocado a una conclusión tan perversa como irónica.

Un personaje al que rodean gentes entregadas, generosas, viles y también suspicaces, bajo los rasgos y el buen hacer de Ana Girardot, Ludovic Berthillot, Marc Barbé o Valeria Cavalli. Un personaje que nos recuerda la existencia de las clases sociales. Que nos hace conscientes de los privilegios que gozamos quienes partimos, al nacer, de las correctas casillas de salida. Que nos hace partícipes de las arbitrariedades e injusticias del talento y del éxito.

97 intensos minutos de metraje. La escriben el propio director, Guillaume Lemans y Grégoire Vigneron. La fotografía bella y contrastada se debe a Antoine Roch. La música, serena y crispada según toque, a Cyrille Aufort.

Yo que ustedes, no me la perdería.

 

 

Dos cineastas andaluzas: Recordatorio urgentísimo

Aunque Sevilla Cinéfila se dedica preferentemente a dar cuenta de las actividades relacionadas con largometrajes, hace una excepción en este caso. Y lo hace para recomendar sendas películas de dos realizadoras  – que, según reza el dossier de prensa, que nos ha remitido la amiga y compañera de la crítica, Lourdes Palacios – “cuyos trabajos plantean los conflictos de género y dan una visión femenina tratando de alcanzar desde el arte una sociedad más equitativa y una mayor igualdad”

Las proyecciones tendrán lugar esta misma tarde en el Centro de las Artes de Sevilla, CAS, sito en la calle Torneo, 18. Con entrada libre hasta completar aforo, un máximo de dos invitaciones por persona, que pueden ser recogidas desde las 18 horas. Con dos pases, uno a las 19 y el otro, a las 20.

Son dos cortos. Uno de ficción y el otro documental. El primero, ‘El marido era fumigador de campos’, de Ana M. Ruiz. La historia de una pareja, con sus glorias y miserias, en un clima tan sereno como desasosegante. 20′

El segundo, ‘Río abierto’, de Ana Rosa Diego, de 16′ de metraje. Un trabajo desarrollado con mujeres, víctimas y supervivientes de la violencia machista, que han encontrado en el baile una forma de terapia que las reconcilia y las recupera de sus heridas.

Ambos trabajos serán presentados por sus directoras y en el segundo intervendrá también una Asociación de Mujeres Supervivientes de la Violencia de Género.

Así que ya lo saben. Informados-as quedan y a no perderse esta sesión bajo ningún concepto.

 

 

 

 

En cartelera: Dios salve a las reinas…

Pues sí, aunque quien esto firma sea republicana. Porque, en estas dos últimas semanas, las películas de estreno de la cartelera han honrado y glosado a dos monarcas europeas. La una, Cristina de Suecia, de Mika Kaurismäki, cuya crítica acaba de publicarse en este blog .

La otra, actualmente reinante y con unos flamantes 80 años, Isabel II de Inglaterra, de la que se narra un episodio, al parecer verídico, de juventud en la británica ‘Noche real’, de Julian Jarrold, que tiene alguna sesión en versión original y por la que comenzamos nuestra crónica de los estrenos de hoy.

Fechada en 1945, da cuenta de la escapada de la entonces joven princesa heredera y de su hermana Margarita, de incógnito, para integrarse en las celebraciones nocturnas de la victoria aliada en la II Guerra Mundial. Ha gustado bastante, pese a los reproches a su guión previsible y tópico y se impone verla.

La segunda, también en vos, es la china ‘Más allá de las montañas’, de Zangke Jia. Una historia dramática, que transcurre en varias épocas, sobre una mujer, dos hombres enamorados de ella y un hijo. Sus referencias son irregulares, pero no hay que perdérsela.

La tercera es el documental francés ‘Las estaciones’, de dos Jacques, Perrin y Cluzaud. La epopeya de los otros habitantes europeos, los animales, y su relación con la especie llamada humana. Muy buenas críticas.

La cuarta es el thriller de terror sobrenatural australiano ‘Backtrack’, de Michael Petroni. Acerca de un psicólogo cuya vida cambia radicalmente al verse envuelto en fenómenos paranormales, que tienen mucho que ver con su pasado. División de opiniones, pero se le puede dar una oportunidad.

También la merece, a juzgar por sus reseñas, la española ‘Seis y medio’, de Julio Fraga. Un hombre y una mujer y las variaciones sobre su relación comparadas con las que mantuvieron él y ella en el pasado.

‘Reina Cristina’: El peso de la púrpura

El finlandés Mika Kaurismäki, cosecha del 55, es el hermano mayor del prestigioso, entre la crítica y la cinefilia universal, Aki. Ambos comenzaron sus carreras siendo transgresores de fondo y forma, pero el que nos ocupa, realizador de esta nueva adaptación al cine – tras la de Rouben Mamoulian (1933) -, de la vida de la fascinante monarca sueca, ha derivado hacia un cine más convencional.

Y, en efecto, lo demuestra en esta película tan académica, preciosista, documentada y elaborada, como carente de intensidad y pasión, pese a los hechos relatados e históricamente contrastados. Un producto lujoso pero sin identidad propia. Impersonal hasta decir basta.

Lejos de la visión idealista de su predecesora, centrada en un inexistente romance, mixtificadora y falseada, pero llena de glamour y talento, esta Cristina tiene de positivo, ese es su mayor mérito, su reivindicación de una mujer singular, cultivada, inquieta, sensible, intelectual y adelantada a su tiempo, incluso en sus preferencias afectivo-eróticas. Incluso en su renuncia y autoexilio. Y, pese a todo ello, a quien esto firma la ha dejado bastante indiferente, cuando no directamente ajena a los, por otra parte, más que interesantes acontecimientos narrados.

Quizás sea así porque el manierismo casi pictórico de su puesta en escena, o un tratamiento erróneo del apasionante material biográfico, le resten interés y ritmo a un guión, por otra parte, algo deficiente y aturrullado.

O porque el reparto tampoco puede hacer gran cosa, especialmente en lo que se refiere a los-as secundarios-as, con sus personajes tan aparentemente intensos como vacíos de contenido. Y ello alcanza también a la protagonista, una esforzada pero insatisfactoria Malin Buska. Los mejores, para quien esto suscribe, son Sarah Gadon e Hippolyte Girardot. Patrick Bauchau lo intenta, pero compone a un más que improbable Descartes.

106 minutos de metraje. Su guión lo firma Michel Marc Bouchard. Su lujosa fotografía, Guy Dufaux. Su música, Anssi Tikanmäki. Es una coproducción entre Finlandia, Alemania, Canadá, Francia y Suecia, fechada en 2015.

Ustedes mismos-as. Con todos sus defectos, respeta la Historia, reivindica a una monarca excepcional y no ofende la inteligencia.

‘Corazón gigante’: En el buen sentido de la palabra, bueno

La firmante de esta entrada ignora si Don Antonio Machado calificaría así, como se describió a sí mismo en aquel inolvidable poema, al protagonista de esta película, un enorme – en todos los aspectos, Gunnar Jónsson – pero sí que sabe que ella no pudo verlo de otra manera. No pudo verlo más que como un gigante de corazón bueno, en el mejor sentido de la palabra.

Estamos ante una película nada convencional ni en su fondo, ni en su forma, pese a contener elementos, en uno y en otra, que podrían haber hecho de ella un producto temible. Estamos ante una película profundamente sensible, compleja y conmovedora, pero no sentimental, ni ternurista, ni emocionalmente chantajista.

Estamos ante una película con una historia muy dura, pero que está tratada con la suficiente distancia, para permitirnos sacar conclusiones. Así es, porque muestra ciertos hechos en toda su extensión, pero sin subrayados efectistas o lacrimógenos.

Estamos ante una película que desvela el lado menos ‘fotogénico’ del  presunto paraíso islandés. Estamos ante una película que retrata a cierta clase obrera del país – y ya van quedando muy pocas que lo hagan… – sin épica, ni lírica, ni poética alguna.

Estamos ante una película con un protagonista diferente, de físico y peso descomunales, inadaptado y solitario, pero nada tópico. Con un único amigo y con una pasión hacia el heavy metal y las batallas de la II Guerra Mundial, con las que juega en una maqueta en el comedor de su casa.

Estamos ante una película que narra, entre otras muchas cosas, un incipiente romance entre dos seres marginados, sin autocomplacencias. Con un desarrollo y una conclusión que desafían los clichés. Estamos ante un trabajador al que acosan cruelmente ciertos compañeros matones y, en cambio, respetan e integran, como uno más, otros foráneos.

Estamos ante una película que describe a un hombre extremadamente generoso, sensible, compasivo y respetuoso. Sin habilidades sociales y encerrado en su microcosmos, pero nada estúpido. Por el contrario, eficiente, abierto y receptivo. Con su pequeña vecina, tan abandonada. Con su madre. Con los miserables que le acosan y a los que no denuncia. Con la mujer que despierta su corazón.

Estamos ante una película que muestra a otro tipo de mujeres, a otro modelo de madre, con sus afectos, pasiones, erotismo y vulnerabilidades. Estamos ante una de las películas seleccionadas para debatir en nuestra próxima tertulia del miércoles,  1 de junio.

94 minutos de metraje. Escrita y realizada por el islandés Dagur Kári. La fotografía, gris, desesperanzada y melancólica es de Rasmus Videbaek. La música solo suena cuando debe hacerlo. Su reparto, ya hemos aludido al personaje central, es tan verosímil como excelente.

¿Se ha escrito ya que estamos ante una película que nadie, nadie, debería perderse?

‘La bruja’: Malleus maleficarum

Estados Unidos, 2015. 92 minutos de metraje. Escrita y dirigida por Robert Eggers. Con una prodigiosa fotografía de Jarin Blaschke y una partitura ad hoc de Mark Korven. Mejor Dirección en Sundance. Ha sido considerada una de las óperas primas más deslumbrantes del año y es una de las elegidas para debatir en nuestra próxima tertulia del miércoles, 1 de junio.

Combina el drama, el terror y el thriller psicológico, con las formas del cine independiente, para narrar las desventuras de una familia de colonos, en la Nueva Inglaterra de 1630. Una familia, expulsada de su comunidad por la intolerancia religiosa del patriarca, que achaca los infortunios que les van sucediendo, a partir de ese momento, a las cercanías de un bosque más que inquietante.

Quien esto firma, se ha sentido fascinada por su puesta en escena tan estilizada, sugerente y desasosegante. Por su factura tan peculiar. Por su manera de abordar el terror para que penetre, insidiosamente, en cada plano, en cada secuencia, en cada imagen, sin hacer casi ninguna concesión a los clichés del género y del sobresalto. Por su belleza formal, por su hermosura turbia, como… paradójicamente fría ante su historia.

Pese a todo, prefiere registrar en esta entrada esta aparente contradicción y tratar de desentrañar por qué un filme precedido de unas críticas tan superlativas como unánimes, con todos sus valores reconocidos, la ha dejado tan indiferente a un nivel emotivo, a un nivel sensorial.

Algo posiblemente achacable a  la falta de gradación de la tensión dramática; a ciertas inconsistencias y reiteraciones del guión; al esquematismo y nulo desarrollo de los personajes, a pesar de sus conflictos y turbulencias tan incandescentes. Con la excepción de los dos femeninos y pese al excelente trabajo de un reparto entregado. Otra contradicción…

A su carencia de espíritu, con todos los que la pueblan… Y de intensidad.  A estar habitada por una belleza sin alma, en la que el estilo le gana ampliamente la partida al contenido, desde la experiencia como espectadora de quien esto firma. A ser, por cierto, más conservadora de lo que debería, pese – o precisamente por ello – a su aparente neutralidad con los hechos relatados.

Pero, desde luego, esta es una impresión más que minoritaria. Hay que verla y experimentarla.

 

 

 

‘Trumbo’: La Primera Enmienda

El ciudadano estadounidense Dalton Trumbo (1905-1976), uno de los guionistas más ilustres, de mayor talento y mejor pagados de Hollywood, se acogió a la Primera Enmienda de la Constitución de su país – la que garantiza la libertad de expresión – para no declarar ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas.

Tal actitud, tan legal como legítima, le costó un año de cárcel y una persecución sin tregua – la tristemente célebre Caza de Brujas – que duró hasta bien entrado los años 70 y que, entre otras tantas cosas, les deparó a él y a sus colegas escritores  – los conocidos como ‘Diez de Hollywood’, además de a muchos-as otros-as profesionales de la industria del cine – el ostracismo, el paro, la ruina económica, la pérdida de identidad, de la salud, de las relaciones amistosas, sociales, profesionales, familiares y, en algunos casos, de la propia vida.

Esta película, de 124 minutos de metraje, está basada en la biografía del personaje escrita por Bruce Alexander Cook y realizada por Jay Roach. Su guión adaptado se debe a John McNamara. Su excelente fotografía a Jim Denault y su no menos notable música a Theodore Shapiro.

Fue una de las elegidas para debatir el pasado miércoles, día 4, en nuestra tertulia ‘La Palabra y la Imagen’, como pueden leer en la crónica de dicha sesión. Cosechó una intensa división de opiniones y sus detractores-as le reprocharon, entre otras cosas, ser un biopic convencional, plano y sentimental, que pone demasiado énfasis en la familia, en lo privado. Le atribuyeron bajones de ritmo y se mostraron también en desacuerdo con su puesta en escena.

Quien esto firma, discrepa radicalmente. Con todos sus respetos por tan autorizadas y valiosas opiniones. Piensa, por el contrario, que es una apuesta comercial y más que digna. Dirigida a un público mayoritario y ecléctico, sin ofender la inteligencia. Porque no es banal, sino rigurosa y consecuente, con la Memoria Histórica de un país que se cubrió de infamia destrozando a las gentes y a las mentes más brillantes y de mayor talento de su generación, en función de sus ideas.

Frente a quienes sostuvieron que les resultó desangelada, quien esto firma la consideró, por el contrario, profundamente emotiva. Y con dos aciertos, que le fueron reprochados como defectos. El primero -, las feministas lo venimos sosteniendo desde hace varias décadas –  ‘lo personal es lo político’.

Así que, el detenerse en la descripción de los radicales cambios del modus vivendi del grupo familiar del protagonista, en su ‘vida privada, da la idea más cabal de que el daño causado por este fascismo totalitario extendía sus tentáculos devastadores hasta la intimidad de sus víctimas. Y ‘Trumbo’ lo muestra muy bien.

El segundo, es la puesta en escena, con la textura de la época, unida al sabio manejo de las escenas documentales con los-as actores y actrices integrados-as en ellas. Un lúcido ejercicio que combina realidad y ficción, tanto como el hecho de que no se preocupe tanto de los parecidos físicos de quienes interpretan a personajes reales como de sus responsabilidades, traiciones y lealtades.

Todo ello servido por un reparto en estado de gracia, con un excelso Bryan Cranston a la cabeza. Pero también Diane Lane, Elle Fanning, John Goodman y la odiosa, y magnífica, villana Helen Mirren.

Dalton Trumbo ganó dos Oscar bajo nombres supuestos. Por ‘Vacaciones en Roma’, de William Wyler, en 1953 y por ‘El bravo’, de Irving Rapper, en 1958. La Academia de Hollywood le reconoció como legítimo ganador de la estatuilla, en la segunda película, en 1975, un año antes de su muerte. El de la primera solo se hizo oficial en 1993. Póstumamente…

Ríndanle un homenaje a este, a estos-as luchadores-as por la libertad de pensamiento, de expresión y de conciencia y no se la pierdan. Y háganlo, es un consejo, hasta el último de sus títulos de crédito.