‘El pacto’: Perdónanos nuestras deudas

Quien esto firma ya ha escrito varias veces que no es una experta en el género de terror. También que tiene claras algunas de las características que le han interesado mucho en algunas de las películas englobadas en él, cuyas reseñas tienen en este blog, y que no va a enumerar para no alargarse demasiado. A saber, historias interesantes, cuidado y desarrollo de los personajes que, a su vez, tengan una entidad propia – sean positivos, negativos, villan@s, espectros o entidades – ritmo, coherencia interna, buenos guiones e incluso que transmitan verosimilitud dentro de la propia estructura y convenciones del relato.

Escrito esto, lamenta mucho dejar constancia que la tan publicitada ‘El pacto’ – producción española de 90 minutos de metraje, realizada y coescrita, junto a Jordi Vallejo, por David Victori, cosecha del 82. Su excelente fotografía la firma Elías M. Félix y la banda sonora, machacona y efectista, Miquel Coll – de factura impecable y puesta en escena elegante y sugerente, muy por encima de su enfoque y narrativa, no responde ni a tales señas de identidad, ni a las expectativas que la ópera prima de su director había despertado.

Se dice esto porque David Victori ganó el Festival Internacional de YouTube con su corto ‘La culpa’ (2010), lo que le permitió – tal era el premio… –  hacer otro ‘Zero’ (2015), coproducido por Ridley Scott y Michael Fassbender. Por si esto no fuera poco, publicaciones especializadas norteamericanas le han seleccionado como uno de los directores a seguir.

Con esos mimbres, este debut fílmico era más que esperado. Narrando, además,  la historia de una mujer que salva a su hija de la muerte comprometiéndose a un pacto terrible e insidioso, que exige una vida por otra, y en el que está implicada una extraña organización con una araña albina como símbolo. A la alegría de recuperarla, se le contrapondrá la exigencia del cumplimiento de la deuda, materializada en un reloj de arena como cuenta atrás. Ello la hará afrontar situaciones límites en las que la ayuda de su ex marido será importante.

Un material narrativo, no por recurrente en el cine, menos prometedor de entrada. Y, sin embargo, es lastimosamente desaprovechado aquí. Para tratarse de un director y una protagonista que tuvieron que afrontar en sus vidas reales dos pérdidas devastadoras como las de una hermana y una hija respectivamente, la película tendría que haber sido mucho más intensa, sugerente, profunda y compleja.

Pero no. Atenta más a los sobresaltos, no graduados y alguno que otro vacío de contenido, que al verdadero meollo del relato , con un guión muy deficiente, pobre, reiterativo y lineal que no incide más que muy superficialmente en los personajes, sus contradicciones, motivaciones e interrelaciones. También el Mal, valga la redundancia, está mal retratado aquí. Y eso redunda en las interpretaciones, con una más inexpresiva que otras veces Belén Rueda – musa del género en español por derecho propio – al frente, con un Darío Grandinetti al que no se le permite mostrar su talento, ni hablar su idioma y una Mireia Oriol que resulta esquemática, incomprensible y a veces caricaturesca.

En fin, pese a estas impresiones personales e intransferibles, es un director a tener en cuenta. Ustedes deciden.

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