‘Lore’: El crepúsculo de los dioses

Cate Shortland – australiana, cosecha del 68 – realiza y escribe, junto a Robin Mukherjee, este su segundo largometraje basado en la novela de Rachel Seiffert, ‘La habitación oscura’. Ha sido distinguido en los Festivales de Locarno, Sydney y Estocolmo y preseleccionado para representar a su país en los Oscar, pero finalmente no fue elegido. Se trata de una coproducción entre Australia, Alemania y Reino Unido, de 109 minutos de metraje.

Sigue a una adolescente, la mayor de cinco hermanos, que debe afrontar la huida de sus padres – miembros de las SS- ante el riesgo de ser capturados por las tropas aliadas vencedoras. La acción transcurre en la Alemania de 1945 y ella deberá conducirlos 900 kms hacia el norte, para reunirse con su abuela, afrontando toda clase de penalidades y las consecuencias de las acciones de sus padres. Irónicamente, un misterioso joven superviviente judío será su mayor apoyo…

La mirada de la realizadora muestra un momento histórico no suficientemente tratado en el cine, aunque parezca paradójico, desde la perspectiva de los siniestros perdedores y desde la óptica de una adolescente. Desde la óptica de dos miembros de la tristemente célebre SS, matrimonio por más señas,  que se ven obligados a huir, a morder el polvo, a quemar las pruebas de sus delitos, a dejar su casa, enseres y a sus propios hijos – uno, el menor, de pecho – cobarde y alevosamente. Sin el menor indicio de arrepentimiento, convencidos ambos – él y ella – de lo justo de su proceder.

Desde la mirada de la protagonista, guía de sus cuatro hermanos, a través de un territorio hostil a los principios del Tercer Reich en los que creen y en los que han sido educados. A través del corazón de un paisaje y ciudades, que ya no les pertenecen y están ocupadas por el enemigo. Bajo unas circunstancias extremas en las que  el personaje central sienta la ambivalencia de la atracción y el odio hacia un ‘inferior’. Y que tampoco se retracte, sino que se apegue empecinadamente a la ideología de sus progenitores…

Así, la realizadora muestra, con un talento visual que ha sido comparado al de Malick, con una puesta en escena tan estilizada como densa, tan luminosa como oscura, este estado de cosas. Muestra esa inversión de perspectiva en las vivencias de quienes se tenían por amos del mundo y dueños de la verdad absoluta y en las de sus descendientes. Pero no redime, ni subraya. No se permite la complacencia en la justicia de una causa. Ni castiga, ni moraliza. Sólo muestra un itinerario duro y descarnado, que contrasta con la hermosura de los escenarios que transitan, plagado de peligros y asechanzas, externas e internas. Marcado por el objetivo de sobrevivir y llegar a su destino, a toda costa.

Un equipo técnico notable sirve al clima y a la atmósfera de este relato. Destacamos la fotografía de Adam Arkapaw y la excelente composición de Saskia Rosendahl de un personaje más que ingrato, cuya vulnerabilidad corre pareja con su soberbia. Esta historia nada épica, ni heroica, del fin de una era, del crepúsculo de quienes se tomaban por seres superiores, es una historia que no deben perderse.

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