‘Rodin’: Materia (nada) creativa

Aunque nadie dude de que las mejores intenciones presiden el enfoque narrativo y plástico de una propuesta como esta, su resultado es que, pretendiendo alejarse del biopic convencional, incurre paradójicamente en un academicismo pesado y solemne. Que, pretendiendo huir de clichés y lugares comunes, cae de lleno en ellos supuestamente revestidos de un cierto empaque y dignidad.

Que, pretendiendo plasmar el proceso creativo de un genio, le convierte en un trabajador exhaustivo, pero exento de pasión. Que pretendiendo acercarnos al hombre, lo reduce a un esquema, pese al excelente trabajo del excelente Vincent Lindon que lo encarna. Que pretendiendo tener una voluntad de estilo, consigue que la puesta en escena se oponga a la propia coherencia del relato con elipsis, fundidos en negro y saltos temporales desconcertantes mientras que, por el contrario, no elimina escenas innecesarias y reiterativas. Que…

Producción francesa, fechada en 2017, dirigida y (mal) escrita por Jacques Doillon, cosecha del 44 – del que quien esto firma no olvida la conmovedora ‘Ponette’ (1996) – correcta, aunque fríamente fotografiada por Christophe Beaucarne y con una bella banda sonora del maestro Philippe Sarde.

La historia sigue al escultor desde su primer encargo oficial, La puerta del infierno, hasta su peculiar y única versión del monumento a Balzac, pasando por su tempestuosa relación con Camille Claudel – que aquí es retratada más bien como una joven inestable y caprichosa… – frente a las compuestas por Isabelle Adjani en ‘La pasión de Camille Claudel’ (Bruno Nuytten, 1988) o por Juliette Binoche en ‘Camille Claudel 1915’ (Bruno Dumont, 2013)  – y con otras modelos y amantes, especialmente con la que se convertiría en su esposa Rose Beuret. Pero también en su choque frontal con el mundo académico y entre amistades tan ilustres como Mirbeau, Monet o Rilke.

Lenta, pretenciosa y pesada,  apenas si deja entrever – por momentos, muy pocos – algunos fogonazos de pasión y de lo que podía haber sido. Apenas si deja entrever la personalidad conflictiva, egocéntrica, oscura y sexualmente machista y perversa de un hombre dotado. Apenas permite que afloren las desventuras de una artista de talento, Claudel – una desvaída Izia Higelin, que tampoco puede hacer más…- atrapada en un vínculo conflictivo y en mundo, una época y un entorno masculinos y patriarcales que no la reconocían ni a ella, ni a su trabajo.

En fin. Ustedes mism@s.

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