‘Thérèse D.’: El discreto encanto de la burguesía

El parisino Claude Miller rodó y escribió el guión, junto a Natalie Carter, de  esta su última película, basada en la novela homónima de François Mauriac – en la que el apellido de la protagonista, como en el título original, es Desqueyroux – en 2012, gravemente enfermo de un cáncer, que acabaría con su vida el 4 de abril de ese mismo año. A título póstumo, el filme fue presentado un mes después en el Festival de Cannes. Existe otra versión cinematográfica de la obra, titulada en castellano, ‘Relato íntimo’, firmada por Georges Franju en 1962 y protagonizada por Emmanuelle Riva y Philippe Noiret.

Con 110 minutos de metraje, transcurre en los años veinte, en el suroeste francés. En esa época, eran frecuentes las bodas concertadas entre quienes poseían las tierras. Y así una joven independiente y de ideas propias, con un padre más bien librepensador, se casa con un terrateniente conservador. Aunque intente adaptarse a una existencia y a un matrimonio sin alicientes, la situación se le irá de las manos.

Es posible que la proximidad de la muerte, y el saberse su firmante en fase terminal, influyera en el tono del relato tan abúlico y exangüe. Tan carente de intensidad. Tan distante y casi abstracto. Con esos saltos temporales, a veces vertiginosos, en los que la premura por condensar la narración pasa factura al desarrollo de la historia y de los personajes. El tratamiento de estos últimos es tan paradójico y contradictorio como la propia puesta en escena. Junto a escenas muy conseguidas – esa que da cuenta del horror de la protagonista ante la crueldad de su cuñada cazadora, la intimidad entre ellas… – otras que, siendo sustanciales, pasan desapercibidas.

Otro tanto puede decirse del reparto. Muy bien las composiciones de Gilles Lellouche y, sobre todo, de Anaïs Demoustier  y muy insuficiente la de Audrey Tautou. Cierto que rompe en mil pedazos la sombra de Amelie y eso se agradece. Pero apenas si deja traslucir su atormentado mundo interior, sus terribles contradicciones, su mutilada rebeldía… Su inexpresividad es total, porque así se lo han marcado. Un gran error porque se ha perdido una magnífica posibilidad de plasmar en imágenes un demoledor retrato en negro  de una clase social y de la alienación de una mujer en ella y en una unión equivocada, que la conduce al límite.

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