‘Dos vidas’: Suplantaciones…

 

Esta película ha sido candidata a los Oscar por su país, Alemania. La codirigen George Maas y Judith Kaufmann y está basada en hechos reales, en los que describe una serie de acontecimientos que tienen lugar entre las décadas de los 60 y de los 90. Entre Noruega y Alemania, con la caída del Muro de Berlín, la ocupación nazi con sus secuelas, especialmente en lo tocante a las mujeres, con la temible Stasi de la República Democrática de por medio.

La cinta comienza con la caída del muro de Berlín, a finales del 89 y luego los años 90, ese es su tiempo presente. Pero va narrando, en flash back, el destino de las mujeres noruegas que tuvieron relaciones con oficiales nazis durante la ocupación de su país. Y de como el Tercer Reich se ‘apropiaba’ de los frutos de estas uniones, preservándolos como raza aria. Pero también, décadas después, la R.D.A ejerció prácticas parecidas aunque en sentido aparentemente contrario, como de espionaje desenmascarando a las víctimas de estos lavados de cerebro y utilizándolas, a su vez, para sus propios fines.

Todo ello ejemplificado en una familia media a la que esperan descubrimientos perturbadores que darán al traste con su estabilidad. Descubrimientos que socavarán la confianza en el verdadero pilar de un núcleo humano, en el que ya nada será lo mismo para nadie. O la insidiosa incursión de la Historia en dos historias individuales, en el mismo centro de la intimidad y de los lazos biológicos y afectivos de las personas. Este estado de cosas está expuesto en abstracto para no desvelarles la trama en cuestión.

‘Dos vidas’ ha sido comparada a ‘La vida de los otros’ pero, aunque haya ciertas concomitancias entre ellas, el modelo es notablemente superior. La que nos ocupa, sin embargo, no es en absoluto desdeñable. Un thriller político y de espionaje, que documenta unos hechos vergonzosos. Filmada con sobriedad, sabe crear un clima y una atmósfera en la que la cotidianidad más banal se tiñe de sospecha. Pero su guión, y a veces también su ritmo, son irregulares y confusos.

El pasado, lo esencial que desemboca y determina el presente, se enmaraña y mixtifica, y los árboles no dejan ver el bosque. Por otra parte, la STASI, odiosa según parece…, tampoco era equiparable al nazismo. Las contradicciones ideológicas se añaden a las narrativas, hacen decaer el interés y perder el rumbo en aras de un esquematismo lineal y embarullado. El reparto, asimismo irregular, porque tiene que vérselas con caracteres de una sola pieza. Resulta especialmente penosa la no composición de Liv Ullmann en un personaje fantasma. Con todo, con todas sus luces y sombras, es recomendable verla.

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