Dos miradas de mujer. Ficciones y testimonios. ‘La adopción’: Primera parte.

Entre la oferta de estrenos de la pasada semana se incluían dos miradas de realizadoras españolas. Una, con un bagaje a sus espaldas y la otra, debutante. Las dos escriben los guiones, además. La primera, junto a Alejo Flah y la segunda, en solitario. Son, por este orden, Daniela Fejerman – cosecha del 64, argentina afincada en nuestro país, quien ha codirigido varias cintas con Inés Paris – con ‘La adopción’ y Lara Izagirre, cosecha del 85, con ‘Un otoño sin Berlín’.

Partiendo de historias intimistas, una ofrece un testimonio personal, pero de proyección colectiva, de una experiencia autobiográfica. La otra hace ficción, pero de ella pueden extraerse también algunas reflexiones interesantes y que nos afectan en nuestras vidas.

‘La adopción’, de la que nos ocuparemos en esta entrada, narra la desoladora y frustrante tesitura a la que se enfrenta una pareja en un país de la Europa Oriental, tras haber viajado hasta allí, como última etapa en su proceso de adopción de un hijo. Una crisis sobrevenida en el contexto socio-institucional-político de un ambiente de corrupción generalizado, en el que las personas – las criaturas inocentes y quienes pretenden ofrecerles una vida mejor que la que arrastran en orfanatos y hospitales más bien siniestros – son objeto de viles y ruines tráficos, sobornos y chantajes.

Y lo hace muy bien, con gran solvencia, talento y oficio. Desde lo particular a lo general. Y viceversa. Desde todos y cada uno de los pasos, a cual más desalentador, luego de todo lo que han pagado y lo que han pasado, como si cada vez partieran de cero. Desde los chantajes, presiones, mentiras, extorsiones y personajes cada vez más perversos a los que deben afrontar. Pero también desde los demonios internos que acechan a su relación y que salen a la superficie en esta situación límite.

96 minutos de metraje. Muy bien fotografiada por Juan Carlos Gómez. Su buena partitura se debe a Xavier Capellas. Es una coproducción hispano-lituana, con una excelente factura y una puesta en escena sólida y eficaz, al servicio de la historia. Con dos intérpretes excepcionales como Nora Navas, muy especialmente, y Francesc Garrido, a quienes deberían hacer justicia los Goya. Pero también transmite credibilidad el resto de un reparto muy eficiente, con tipos que, pese a su catadura moral, no chirrían.

Como suele ocurrir con estas cintas pequeñas y valiosas, se le están dando pocas oportunidades de permanencia en cartelera. Por esto, la abajo firmante les recomienda encarecidamente verla lo antes posible.

 

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