SEFF, 16 Edición. Sección Oficial. Toma 9. ‘Martin Eden’: Clase y cultura

Quien esto firma no ha leido ‘Martin Eden’, la novela autobiográfica de Jack London. Lo que no le ha impedido disfrutar – y también irritarse, todo sea dicho – con su adaptación cinematográfica firmada y escrita, junto a Maurizio Braucci, por Pietro Marcello – cosecha del 76, documentalista hasta que debutó en la ficción con ‘Lost and Beautiful’ (2015) – de la que, por esta razón, ignora su fidelidad a la letra profunda de su homónima literaria.

Coproducción entre Italia, Alemania y Francia de 129 minutos de metraje. A la autoría de su guión ya nos hemos referido. Su excelente fotografía la firman Alessandro Abate y Francesco di Giacomo y la banda sonora, que no le va a la zaga, Marco Messina y Sacha Rizzi. Sus factura y producción son impecables. La historia sigue a un joven marinero muy pobre que accidentalmente salva la vida de un chico rico, quien, no solo le introduce en su ambiente, y de cuya hermana se enamora y es iniciado por ella en los placeres del conocimiento que le descubrirán su vocación literaria y asentarán sus ideas filosóficas y políticas, en plena ebullición de las socialistas entre un proletariado luchador y pujante.

Estamos ante una película-río, deslumbrante, poderosa, magnética y febrilmente narrada. Estamos ante una película brillante, tan moderna como producto de su época, tan clásica como atemporal y tan vibrante como reflexiva. Especialmente sensible en lo que respecta a su toma de posición de clase en un siglo en el que la educación era privilegio exclusivo de las más privilegiadas. Estamos ante un homenaje a la lectura y a la escritura, a las inquietudes más intelectuales, así como a la solidaridad obrera frente a la esclavitud de unos trabajos explotados y de unas condiciones de vida infames.

Pero también ante una escritura demasiado enfática, que pasa de puntillas sobre los personajes, cuyas protagonistas femeninas son esquemáticas hasta decir basta y que es efectista y epatante en ocasiones. En cuanto al personaje central, con el que quien esto firma empatizó a duras penas, por su feroz individualismo, prepotencia y desclasamiento, también está dividida en cuanto a su intérprete – Luca Marinelli – Mejor Actor en Venecia – que le resulta tan magnético y solvente, como sobreactuado.

En cualquier caso, ha concitado entusiasmos generalizados y debe verse.

SEFF, 16 Edición. Sección Oficial. Toma 8. ‘Longa noite’: Nos queda la palabra

Eloy Enciso, cosecha del 75, es una de las voces más singulares del cine gallego. Lo demostró sobradamente en ‘Arraianos’ (2012) y lo confirma en esta su última propuesta. Sus señas de identidad fílmicas, centradas en comunidades cerradas y claustrofóbicas en bellísimos entornos rurales de su tierra, están también en ‘Longa noite’, aunque su temática sea muy diferente.

La historia, ambientada en la primera parte de la posguerra, sigue a un hombre que vuelve a su aldea para concitar el odio y la sospecha tanto en vencedores como vencidos. Esta es una sinopsis muy esquemática, que no da la medida de un tratamiento narrativo y estilístico muy pausado, deliberadamente no naturalista, poético, en el que se hace un tributo a la Memoria Histórica, de una forma valiosa, necesaria y nada convencional, con textos de Max Aub o Alfonso Sastre con cartas de presos del franquismo.

Para captar en toda su profunda complejidad la esencia de este filme hipnótico y poliédrico, hay que dejarse llevar por su ritmo pausado y por la sugerencia de sus palabras e imágenes, tanto más interesantes cuanto más avanzan sus 93 minutos de metraje. Hay que dejarse envolver por sus imágenes debidas a la prodigiosa fotografía del gran Mauro Herre y por los meandros de un guión que firma el propio Enciso.

Pues eso. Háganlo.

 

SEFF, 16 Edición. Selección EFA. Toma 7 ‘Sons of Denmark’: Fascismos

El danés Ulaa Salim, cosecha del 87, concibió este thriller político – su debut en el largometraje – tan poderoso como efectista, tan estremecedor como reduccionista, tan contundente como un puñetazo en el estómago, localizándolo en el futuro. Aunque en muchos países, como el nuestro, se ha hecho realidad el arrollador ascenso de una fuerza totalitaria de derechas. El arrollador ascenso de un fascismo neofranquista que se ha impuesto como el tercero en el ranking parlamentario. Para nuestro miedo y nuestra vergüenza…

Pueden ustedes figurarse el impacto que esta historia – en la que el ascenso imbatible de los radicales de extrema derecha, los Hijos de Dinamarca del título, y su feroz y sucia lucha contra una inmigración, a la que criminalizan como terroristas, mientras unos jóvenes van radicalizándose en respuesta y en sentido contrario y en medio está un policía en conflicto entre sus lealtades profesionales y su identidad –  en una sala llena, a una hora en la que se cerraban los colegios electorales y ya corría el run run de que los innombrables habían arrasado.

Pueden ustedes imaginarse tal conmoción, el silencio sepulcral con que fue seguida su proyección, el estremecimiento que nos recorrió al pensar que tal horror del ascenso al poder de esos malvados también podría hacerse realidad aquí. Para quien esto firma, tuvo, además de todo lo citado, el efecto secundario añadido de nublarle el entendimiento y la necesaria capacidad de análisis crítico que ya, elaborando y pensando la película, cree haber recuperado.

Porque esta ópera prima tiene tantas cualidades como defectos. Tanta fuerza como debilidades argumentales. Tantos aciertos y giros inesperados, como fallos garrafales. Tanta lúcida rabia como tramposas concesiones. Tanta verdad como fuegos de artificio. Tanta contundencia en su condena como maniqueismo. Pero aún así, desde luego que hay que verla.

120 minutos de metraje. Su guión, para lo mejor y para lo peor, lo firma el propio director. Su factura es impecable. Su espléndida fotografía se debe a Eddie Klint. Y su banda sonora, que subraya y potencia lo narrado, a Lewand Othman. Su reparto es sólido e impecable, pese a algunos trazos de brocha gorda en el retrato de los personajes.

Pues eso, teníamos que verla precisamente esta noche. Oportuna la programación. VÉANLA.

SEFF, 16 Edición. Sección EFA.Toma 6. ‘Dirty God’: Retrato de una mujer en llamas…

Quien esto firma, cuando entra y sale del metro sevillano, – cosa que hace continuamente en este Festival – mira con dolor y rabia las fotos de la campaña institucional de la Junta de Andalucia con esas mujeres sonrientes y exultantes – modelos publicitarias en realidad de una clínica dental – con el lema: «Ella ha sufrido malos tratos, pero la vida siempre es más fuerte». Lema con el que se responsabiliza insidiosamente a las víctimas de sus propios sufrimientos y con el que se pretende banalizar y falsear los devastadores daños colaterales del terror machista.

Esto viene al caso al respecto de la película que nos ocupa – coproducción entre Holanda, Reino Unido, Bélgica e Irlanda, de 104 minutos de metraje, dirigida por la joven y prestigiosa guionista y directora holandesa Sacha Polak, cosecha del 82, quien también la ha escrito junto a Susie Farrell. La excelente fotografía la firma Ruben Impens y la vibrante banda sonora, en la que suenan temas musicales muy potentes, Rutgers Reinders – en la que se nos cuenta la historia de una joven soltera, con una niña pequeña, que vive bajo los terribles efectos del, inesperado por ella y premeditado por él, alevoso ataque con ácido de su ex pareja.

Un terrible ataque con demoledoras consecuencias físicas, mentales, vitales, laborales y emocionales que se nos van desgranando a lo largo de este drama tan profundo como poco convencional de fondo y de forma. Varias operaciones a sus espaldas, una hija a quien asusta su aspecto; una abuela paterna que – insensiblemente y con la complicidad de su propia madre se empeña en verla como si nada hubiera pasado, llevándole recados del odioso progenitor. Una autoestima dañada en lo más profundo. Unas curas muy dolorosas. Unas operaciones aún pendientes. Una cirugía soñada, pero económicamente inalcanzable…

…Un cuerpo y una cara en los que no se reconoce. Una máscara que cura y que esconde. Una progenitora muy joven que quiere proteger a su nieta y propiciarle un ambiente estable. Una autoestima herida en lo más hondo. Una sexualidad imposible como no sea vía internet. Unas imágenes traidoras y humillantes. Unas cicatrices que se repudian. Unas pesadillas que acechan en la noche. Unas llamas que no son de pasión. Un Dios sucio, como el título, a quien culpar además de al responsable.

Unas noches en blanco, de música, de alcohol,  de aturdimiento y de sustancias ilegales con colegas, pero no amig@s de verdad. Un deseo que se concreta y se pierde. Un trabajo que ordena, en el que encuentra a una buena compañera, pero en el que también es insultada. Una estafa, tras un hurto. Una clínica que nunca fue en otro país. Un juicio, un retomar la propia vida y aceptarse. Un…

Y todo ello contado con un ritmo trepidante. Con una puesta en escena lisérgica pero en la que se profundizan situaciones y personajes. Unas canciones que registran sentimientos. Unas emociones, y nunca mejor dicho…, a flor de piel.

Una protagonista excepcional – Vicky Knight, no profesional – cuyas cara, cuerpo y quemaduras son reales, ya que su familia sufrió, siendo ella pequeña, los ataques de un pirómano en su casa mientras dormían en el que fueron asesinados sus dos primos y el hombre que la salvó – que trabaja en la Unidad de Quemados del Hospital de Essex, donde fue tratada y que vivió experiencias muy parecidas. Una intérprete de excelencia a la que todos los reconocimientos le son debidos.

VÉANLA, NI SE LES OCURRA PERDÉRSELA.

 

 

SEFF, 16 Edición. Sección Oficial. Toma 5. ‘Gloria mundi’: La clase obrera NO va al paraíso

Quien esto firma se ha sentido profundamente decepcionada, cuando no irritada, con esta última propuesta de uno de sus referentes cinematográficos, el actor, productor, guionista y director francés Robert Guédiguian, cosecha del 53. Un ciudadano de izquierdas y muy comprometido socialmente en títulos como ‘Marius y Jeannette’ (1997), ‘Marie-Jo y sus dos amores’ (2002) y ‘Las nieves del Kilimanjaro’ (2011), entre una extensa filmografía casi toda ella ambientada en su querida Marsella natal y con un equipo técnico-artístico al que es fiel desde sus comienzos, comenzando por su mujer, la excelente Ariane Ascaride, Gérard Meylan, Jean-Pierre Darroussin o Anaïs Demoustier, entre otr@s.

‘Gloria Mundi’ tiene un comienzo vibrante y emotivo, con el nacimiento de una niña en el seno de una familia trabajadora. Su abuelo adoptivo es conductor de autobuses; su abuela, limpiadora; su madre, dependienta; su padre, chófer por encargo y su abuelo biológico, muy aficionado a los haikus, acaba de salir de la cárcel. Tod@s ell@s atraviesan graves problemas laborales y económicos, salvo su tía y su tío a quienes les resulta muy rentable su tienda de compraventa y arreglo de todo tipo de artículos en un barrio deprimido. Pero a tod@s les alegra muchísimo esta llegada, hasta que las circunstancias les asfixian…

…A ellos y a nosotr@s, l@s espectadores, también. Porque esta familia va de desgracia en desgracia sin solución de continuidad, sin apenas verosimilitud en las situaciones, sin gradación del tempo y del ritmo, sin evolución de los personajes que están muy esquemáticamente tratados y retratados. Especialmente chirriantes, odiosos y maniqueos los de las dos hermanas y el cuñado…

El que también existan lazos de afecto y solidaridad en este grupo humano, especialmente por parte de los dos hombres maduros, y el que haya una mínima reflexión – aunque desaforada y llena de clichés – sobre los devastadores efectos del capitalismo salvaje en una clase obrera sin conciencia y cada vez más desarmada, tales valores no compensan los llamativos fallos citados.

107 minutos de metraje. Escrita por el propio realizador y Serge Valletti, con una digna fotografía de Pierre Milon. El reparto está impecable, Ascaride fue justamente premiada en Venecia y poco más hay que añadir.

Escrito queda. La pelota en sus tejados.

SEFF, 16 Edición. Sección Oficial. Toma 4. ‘La Gomera’: Si me necesitas, silba

El premiado y prestigioso guionista y director rumano Cornelio Porumboiu, cosecha del 75, está considerado uno de los representantes más paradigmáticos de la llamada Nueva Ola de la cinematografía de su país. En esta singular película nos muestra algunas de sus señas de identidad en el mejor y en el peor sentido. Ahora se entrará en ello.

Coproducción entre Rumanía, Francia y Alemania, de 97 minutos de metraje. Escrita por su realizador, con una fotografía que no destaca especialmente por su calidad, excepto en la traca final, de Tudor Mircea. Su factura, todo hay que decirlo, es bastante tosca aunque quien esto firma sospeche que es intencionado. La historia es un relato coral de policías, policías corruptos y mafiosos en la que uno de los servidores del orden, un doble agente, va a la isla del título para aprender el silbo, lenguaje no articulado pero muy preciso, y así descubrir dónde esconde uno de los delincuentes 30 millones de euros.

Articulada en epígrafes que hacen referencia a l@s protagonistas, es una mezcla algo indigesta entre thriller, políciaco, neo-noir y con numerosos guiños al cine negro norteamericano de los años 40 y 50. De hecho, una de las tres mujeres – todas muy listas, hay que decirlo – se llama Gilda y a fe que la cámara se recrea, incluso demasiado y objetalmente, en sus voluptuosidades. También aparece una secuencia de una película de Ford con John Wayne.

Por lo demás, la trama se complica innecesariamente sin ser compleja y el guión, especialmente en su tramo final, tiene vacíos creando situaciones tan inverosímiles como enrevesadas. Pero, eso sí, particular lo es un rato…

Escrito queda.

 

 

SEFF, 16 Edición. Sección EFA. Toma 3. ‘El joven Ahmed’: Fanatismo, misoginia y… especismo

Quien esto firma, lamenta mucho dejar constancia en estas páginas de su deserción de esta película de sus admirados y comprometidos política y socialmente hermanos Dardenne. O lo que es lo mismo, de los guionistas, productores y cineastas belgas Jean Pierre, cosecha del 51 y Luc, cosecha del 54, Dardenne. Ambos con títulos mayores en su haber como ‘Rosetta’ (1999), ‘El hijo’ (2002), ‘El niño’ (2005) o ‘El niño de la bicicleta’ (2011).

Y ello pese a que tenía mucho interés en verla, puesto que el tema de la radicalización religiosa de un adolescente musulmán, europeo de segunda generación, con una madre viuda y unas hermanas aperturistas, presa fácil de un imán sin escrúpulos, le parecía de la más palpitante actualidad y del máximo interés.

Lo cierto es que la historia discurría como una inteligente crítica a tal fanatismo, con un profundo respeto a otras interpretaciones coránicas, y a la feroz misoginia que conlleva, como una de sus señas de identidad. Hasta que, sin hacer spoiler, y como consecuencia de un delito cometido por el protagonista, recala en un reformatorio que colabora con una granja…

A la animalista que esto firma le pareció indignante que se diera por bueno y rehabilitador que el chico trabajara en tal centro de torturas y explotación de animales. Porque se nos muestran a las vacas encadenadas y en batería; porque se nos muestra a los terneros apartados de sus madres desde el mismo momento en el que nacen; porque se nos muestra el ordeño industrial a destajo para sacarle la máxima rentabilidad a una leche que no debería ser destinada a la especie llamada humana; porque se nos muestran a estos animales inocentes tan cariñosos con sus opresores quienes, a su vez, nos son mostrados como personas amables y compasivas… No pudo seguir y se marchó.

Lástima que la conciencia de izquierdas no incluya, en el caso de sus autores y en el de una gran mayoría de personas, la conciencia antiespecista, que también es política. La conciencia de y por los derechos animales.

Para que conste, escrito queda.

SEFF, 16 Edición. Sección Oficial. Toma 2. ‘De repente, el paraíso’: Extranjero de sí mismo

La proyección de esta película ha tenido un retraso de casi media hora cuando a una  parte del público presente – pues estaba la sala 11 del Nervión abarrotada con gente de pie, sentada en las escaleras y mucha aún esperando para entrar… – se le ha trasladado a otra para que hubiera dos proyecciones simultáneas pero, al no tener opción de subtitulado en ambas, tod@s hemos ido a parar a la misma, la mucho más amplia número 1. Un fallo que la organización deberá subsanar para no repetir el retraso y las incomodidades. Y ello en el primer día del Festival.

Volviendo a esta singular propuesta fílmica que nos ocupa, se trata de una libérrima versión autobiográfica de la peripecia vital y cinematográfica de su firmante – el actor, guionista, productor y cineasta palestino, con nacionalidad israelí, Elia Suleiman, cosecha del 60, con títulos como ‘Intervención divina’ (2002), Mención Especial del Jurado y Premio FIPRESCI de la crítica de ese año en Cannes – en clave tan delirante como surrealista y metafórica.

En efecto, con ecos de  Jacques Tati, Roy Andersson y Aki Kaurismaki, el realizador – una suerte de Buster Keaton silencioso, impasible e hierático – va trenzando retratos humanos y personajes, entre absurdos y ferozmente críticos, situándose él mismo como protagonista y alter ego de l@s espectadores-as a quienes nos es dado contemplar la  disparatada, cáustica e irreverente tragicomedia humana que se representa tanto en Nazareth, París o Nueva York ante sus y nuestros ojos.

Un relato fílmico que rompe cualquier cliché con respecto al cine comprometido y militante de su país secuestrado, pero que contiene notables cargas de profundidad. El arranque y el final son apabullantes, pero tiene desajustes de ritmo y una cierta arbitrariedad en su contenido, capaz de altas cotas pero también de toscas metáforas y clichés. Carne de Festival al ciento por ciento.

Y, desde luego, debe verse.

SEFF, 16 Edición. Sección Oficial y de Apertura. Toma 1. ‘Madre’: La memoria del agua

Este intenso, elegante, sutil, por momentos desaforado, inquietante, y a veces tan errático como su protagonista, largometraje del guionista y realizador Rodrigo Sorogoyen – cosecha del 81, con títulos tan a tener en cuenta en su filmografía como ‘Stockholm’ (2013), ‘Que Dios nos perdone’ (2016) y ‘El reino’ 82018) – parte de un excelente corto homónimo, fechado en 2017 y rodado prácticamente en un plano secuencia, que fue nominado al Oscar y que ganó el Goya en su categoría.

En él, a través de una conversación telefónica aparentemente banal, entre una mujer, a la que acompaña en su casa su progenitora, con su hijo de seis – que está de vacaciones con su padre y ex de ella – va desvelándose la terrible situación en la que se encuentra el niño aislado y con un hombre que le acecha en una playa francesa… Esta película retoma la historia y a su personaje central – una eminente Marta Nieto, en una compleja y díficil composición, por la que todos los reconocimientos le son debidos –  en ambos casos 10 años después. Y lo hace usando, en una inteligente solución narrativa y de recordatorio, el corto completo como flashback,

Una década en la que Elena, de 39, está instalada en tales país y localización, regentando un bar, habiendo rehecho su vida sentimental pero muerta en vida: aún más delgada, exangüe, apática, aunque de alguna manera integrada en una normalidad aparente. Con una pareja, excelente también Álex Brendemühl, que la sobreprotege, la presiona y la controla, de modo condescendiente y paternalista, si bien volcado en ella, aunque no compartan casa por decisión de la mujer.

Tal modus vivendi en un microcosmos en la que la historia de esta madre es conocida pero respetada, con alguna excepción y un alias despectivo, continúa con sus tonalidades grises de hastío y desesperanza. Hasta que un día un veraneante adolescente le trae recuerdos del pasado y remueve un interés perdido. Comienza a seguirle y a establecer una suerte de amistad sentimental con él vivida por cada uno con diferentes expectativas. Un vínculo que afectará a su compañero, a las amistades, a la familia del chico y …

Mientras que el corto condensaba este drama con un climax cada vez más aterrador y exasperado, aquí el tiempo y el ritmo son otros, aunque los inevitables estallidos estén presentes. Con el tempo de ese mar y esa playa, bellísimos e infinitos, tan serenos como airados, filmados con la estilización marca de la casa, en su profundo azul y en su arena tan clara. Filmados, como los interiores, con tanto minimalismo y austeridad como profundidad de campo y expansión.

Pero sobre todas las cosas, Sorogoyen filma el duelo. Un duelo devastador por la pérdida irreparable, que hubiera debido o podido evitarse, de la que nadie puede salir indemne. De ahí, como eje del relato, seguimos los pasos, la negación, el silencio, los desvaríos, la resignación, la sumisión, la rebeldía y la desesperación de una criatura atormentada que sobrevive valientemente como puede pero a la que el destino le brinda la oportunidad, aunque sea cruzando ciertas líneas rojas, de redefinirse y afirmarse como mujer, como persona y como progenitora. Un final, tras ciertos balbuceos y bajones de ritmo que también corresponden a los del sufrimiento del personaje, esperanzador entre tanta oscuridad.

129 minutos de metraje. Escrita por el propio director y por Isabel Peña. Con una preciosa y matizada fotografía de Álex de Pablo y una banda sonora, que se integra muy bien en el relato, de Olivier Arson, ambos habituales del equipo del realizador, como la guionista, a la que quien esto firma le agradece enormemente su mirada de mujer. Del reparto, impecable, destacamos también la frescura y naturalidad de Jules Porier.

Emotiva, desgarradora, oscura, compleja, valiente, transgresora y a la postre, luminosa. Ni se les ocurra perdérsela.

Tertulia de cine Luis Casal Pereyra en Casa del Libro Viapol. Temporada 8: Películas para una Guerra

A quien esto firma siempre le sorprenden, aunque les parezca increíble, las diferentes tonalidades de las sesiones de la tertulia. Ningún encuentro es igual, pero las señas de identidad de informalidad, complicidad, rigor, buen nivel cinéfilo, integración de todas las miradas, calidez, sentido del humor, participación, coincidencias matizadas y discrepancias respetuosas, además de la asistencia masiva y el ser estimulante y enriquecedora, esas señas de identidad persisten en todas nuestras veladas.

Este martes, pese al cambio de día excepcional, la actividad registró un llenazo de antología. Y un nivel de profundización y de intercambio de visiones de mucho calado. Tanto es así que debatimos tan solo dos y hemos dejado la tercera prevista para la sesión de diciembre. Luego se entrará en ello…

Por supuesto la invitada, Araceli Carrero Rimada, productora y localizadora con un extenso y apabullante currículum que pueden consultar en google, contribuyó muy mucho al éxito de esta tarde-noche. Integrante y activista, como ella misma se define, de la Asociación Andaluza de Mujeres de Medios Audiovisuales, AAMMA, con quien tenemos una deuda de gratitud permanente. Por su sencillez, buena química con l@s asistentes, porque aportó y reivindicó su trabajo en la producción acercándonos aún más a un oficio cinematográfico tan imprescindible como ingrato. Y por sus opiniones, experiencias y lecturas sobre las películas y realizadores a debate que nos aportaron tantos datos.

‘Mientras dure la guerra’, de Alejandro Amenábar, concitó división de opiniones. Desde su factura, para algun@s impecable y valiosa; para otr@s convencional y algo pacata, hasta sus postulados ideológicos. Para algun@s, objetivos y serenos; para otr@s, conservadores e imposiblemente equidistantes. Su retrato de Unamuno también cosechó división de opiniones, entre quienes pensaron que era complejo y quienes lo vieron esquemático. ¿Fascista o crítico pensante hasta el punto de cuestionar y cuestionarse con todas las consecuencias?

Lo mismo que su visión de Franco: más humana y matizada que la imagen que el cine ha reflejado de él como dictador o como figura grotesca o demasiado complaciente, blanda y generosa. Y la ausencia de mujeres como sujetos políticos e individuales en su historia. Se discutieron las licencias de ficción que ha insertado entre los hechos históricos, acertadas en unos casos y erróneas en otros y se apuntó como un acierto ese paralelismo entre la posición del intelectual y la de los militares. Unánimes elogios a su reparto, con Karra Elejalde a la cabeza, y se le auguraron varias candidaturas a los Goya.

Aplauso unánime para ‘La trinchera infinita’, de Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga, considerada desde ya como la película del año a la que le van a seguir lloviendo premios, cabezones citados incluídos. Se valoraron su puesta en escena, su factura impecable, su trabajo de producción, su calidad técnica y su visión, tan elíptica y fuera de campo las más de las veces, de tres décadas de un país a través de un hombre oculto, a través de un topo que lo fue, pues está basada en hechos reales.

Se le consideró un relato más de factor humano que ideológico. Una historia sobre el miedo, sobre el terror. Y un perfecto tándem vasco andaluz que ha rescatado un lenguaje rico y nada impostado, todo lo contrario, sino que transmite credibilidad pese a los modismos de la época. Chapeau por La Trinchera Film y por La Claqueta PC. Otros intérpretes en estado de gracia como Antonio de la Torre y, sobre todo, Belén Cuesta. Un personaje que, en realidad, es la verdadera protagonista: la fuerte, la cabeza de familia, la racional y, a la postre, la víctima de un militar, pero también del machismo de un marido que de una víctima se convierte en verdugo obligándola, como a su hijo, a enclaustrarse con él. Y ese final…

El miércoles, 4 de diciembre, más. Debatiremos, porque no nos dió tiempo, ‘Sorry, we missed you’, de Ken Loach. Y recuperaremos dos pesos pesados de calidad de la cartelera, QUE HAY QUE VER INMEDIATAMENTE. A saber: ‘Retrato de una mujer en llamas’, de Céline Sciamma y ‘Parásitos’, de Bong Joon-ho. Consulten horarios y sesiones y, se repite, VÉANLAS CUANTO ANTES. También háganlo, como posible reserva, con ‘La hija de un ladrón’, la muy celebrada ópera prima de Belén Funes, que entra el 29 de este mes, a cuatro días de nuestro encuentro.

Gracias a Casa del Libro Viapol, a su magnífico equipo, a Daniel López, a Marina Alonso Espejo, a los críticos y amigos Enrique Colmena y Álvaro de Luna y a l@s mejores tertulian@s del mundo mundial por otra velada inolvidable. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.