‘Hermosa juventud’: Vidas robadas

Decir que ‘Hermosa juventud’ es la cinta más asequible de Jaime Rosales – Barcelona, cosecha del 70, ‘Las horas del día’, ‘La soledad’, Goyas 2007 a la Mejor Película y al Mejor Director, ‘Tiro en la cabeza’ y ‘Sueño y silencio’ – no es desmerecer a este realizador, rara avis de un cine tan adocenado y previsible como el nuestro. No es desmerecer a un autor radical y transgresor en su puesta en escena, guión y contenidos. Antes al contrario, se trata de apreciar aún más su voluntad de cercanía sin que ello implique renunciar a sus señas de identidad.

Una mirada como la suya que ha registrado la banalidad del mal y el terror en estado puro desde los verdugos y desde las víctimas. Una mirada como la suya que ha retratado la pérdida, el duelo, la transcendencia y la desintegración de lo cotidiano, cuando irrumpe una tragedia inesperada. Una mirada como la suya, tan personal e intransferible, no podía dejar de detenerse en el inhóspito paisaje de un país en la ruina política, económica y moral que hace pagar a l@s más vulnerables la codicia de los poderosos.

Una mirada como la suya registra, en esta su última propuesta, la historia de dos jóvenes desheredados de la fortuna. De una pareja de veinteañeros que ni saben, ni pueden darle respuesta a una situación perversa que bloquea todas sus posibilidades de futuro y que se complica aún más cuando ella se queda embarazada y opta por tener a su hija. No sin verse abocados antes a una ‘salida de emergencia’ nada deseable.

El cineasta da cuenta de este proceso en 100 intensos minutos de metraje en los que la evolución de acontecimientos y personajes nos es mostrada en todos sus contrastes y coherencia. Desde las madres de la pareja. Una trabajadora, fuerte, realista, generosa y consecuente, tirando de todo el carro familiar, con un ex marido que no está a la altura, espléndida Inma Nieto. Otra, enferma y egoísta, incapacitada física y emocionalmente. El hermano de ella, un adolescente enfrentado a toda autoridad y yendo a su aire, pero dependiente.

L@s colegas, las amistades, los lugares de ‘esparcimiento’, el peregrinaje de entrega de currículums, el impúdico interrogatorio, disfrazado de buenrollismo, del ‘empresario’ porno. El embarazo. La decisión. La maternidad y la paternidad, los cambios personales que opera en el y en la protagonista, la manera de asumirla de uno y de otra, sus dificultades y miserias en este paupérrimo contexto. Los entornos familiares. Las estrecheces. El progresivo e implacable oscurecimiento de los horizontes vitales. La imposibilidad de acceder a un trabajo digno y estable. El verse abocad@s a trapichear con lo que no tienen y con sus cuerpos, a salir de un país que devora a sus hij@s…

Un guión solvente, coescrito con su habitual Enric Rufas. Un reparto más que sólido y unos protagonistas transmitiendo credibilidad y buen hacer, sobre todo ella, Ingrid García Jonsson. Una puesta en escena más clásica, pero que no renuncia a planos y enfoques marca de la casa. Unas elipsis muy certeras utilizando los lenguajes virtuales de la generación retratada. Un buenos diálogos, sin olvidar los silencios. Un título tan irónico y cínico para describir la devastación y la indignidad de “esta España nuestra”, a la que cantara Cecilia. Una crónica amarga e inmisericorde de unas vidas robadas, de visión obligatoria.

 

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